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jueves, 18 diciembre 2014
17:16
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La Razón

Vacunas: El rechazo a la inmunización reaviva las infecciones

  • Pese al brote de sarampión que existe en España, algunos padres no administran vacunas a sus hijos por considerarlas tóxicas o por las dudas que les genera la desigualdad de cobertura del calendario de inyecciones
     

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Si la enfermedad ya no existe... ¿Para qué vacunar a mi hijo?, exponen algunos padres que no ven necesario la inmunización «extra» para sus pequeños de las patologías recogidas (y recomendadas) en el calendario del Ministerio de Sanidad. «Es comprensible que lo cuestionen, pero lo que deben pensar es en por qué ya no existe esa enfermedad en cuestión. Y la respuesta es, precisamente, porque se vacuna», explica José María Bayas, presidente de la Asociación Española de Vacunología.

A modo de ejemplo, «mueren casi medio millón de niños al año por sarampión en países donde no se vacunan. Y en 30 años, de 400.000 casos de muerte o parálisis causadas por la polio, hemos pasado a entre 1.000 y 2.000 casos en el mundo gracias a la vacunación», añade Bayas. Unos datos que hacen que la población se «relaje» al considerar que, si los pequeños que les rodean ya están vacunados, éstos no podrán contagiar a los suyos, por lo que no es necesario que pasen por los «pinchazos». Es lo que se denomina inmunidad de grupo. «Si el 90 por ciento está inmunizado, el riesgo para sus hijos será remoto, claro, pero no es un muro de contención para ciertos microorganismos. De ahí los rebrotes de sarampión que se han dado en los dos últimos años».

Bautizados como «antivacunas» (término que les incomoda), este colectivo de ciudadanos explica sus argumentos. Xavier Uriarte, representante de la Liga para la Libertad de Vacunaciones, considera que «existe una falta de información de la Administración y las farmacéuticas. En cada epidemia que ha habido, la implantación de la vacuna no ha tenido que ver con el cambio del comportamiento de la enfermedad. Aumenta y empeora y crea más efectos adversos».

Algunas familias a lo que temen es a las consecuencias o a las reacciones que la inmunización pueda tener. Un miedo que lleva a consultar en grupos y foros en la red. «¿Es mejor que muera por la vacunación que por una enfermedad no mortal?» Se preguntan en algunas páginas web. Y todo debido a la polémica mediática gestada hace una década por un estudio del doctor Andrew Wakefield (publicado en la prestigiosa revista médica «The Lancet») en el que sugería que existía cierta relación entre la vacuna triple vírica (sarampión, rubeola y paperas) y el desarrollo de autismo en niños a los que se les había administrado.

Pese a que la comunidad científica desmintió la noticia y la revista retiró el trabajo, todavía lo emplean como argumento. Por ello, los expertos hacen hincapié en que no son un peligro.
«Estimulan la inmunidad de la persona. No hay nada más natural. No son un fármaco que lucha contra, sino que buscan un aliado», dice el jefe del Servicio de Medicina Preventiva del Hospital Carlos III de Madrid, Juan Martínez Hernández. «Son los únicos capaces de eliminar enfermedades que han sido graves azotes para la Humanidad como el sarampión, la difteria o la hepatitis B. Si no las usamos, volverán, como ya está ocurriendo», añade.

Por su parte, José Ignacio Arana, profesor de Pediatría en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid y médico del Hospital Gregorio Marañón, aclara que «esas teorías que circulan sobre que favorecen los trastornos neurológicos por los aditivos o conservantes que contienen ha influido mucho en la población que ha dejado de vacunarse o vacunar a sus hijos, pero no es cierto». Lo que puede ocurrir es que «hay vacunas que dan una inmunidad muy elevada, pero no completa, como ocurre con el sarampión o las paperas, porque puede que no se haya producido en la persona la inmunidad permanente. Pero de ser así, la enfermedad podrá aparecer, aunque de una forma mucho más suave que hace 20 años», añade Arana.

Uriarte, sin embargo, cree que «son fármacos biológicos manipulados para desactivar la vida del microorganismo y se ayudan de tóxicos para su conservación. Y tiene mas efectos adversos graves».

Para ellos son un negocio de la industria farmacéutica. Pero los expertos lo desmienten. «Sólo representan sólo un 1,5 por ciento de todo el negocio farmacéutico, por lo que no es un gran negocio. Además, cuando les tienen que operar les administran anestesia y eso también es industria farmacéutica», explica Bayas.

Vacunar, mejor que pasarla
Hay gente que asegura haber sufrido terribles consecuencias por vacunas y documentales televisivos que lo han sacado a la luz. «Es cierto que, por ejemplo, en el caso de la polio, la vacuna producía parálisis en uno de cada dos millones de vacunados, pero no porque las vacunas estuvieran en malas condiciones o tuvieran elementos tóxicos, sino por las características individuales de la persona a la que se le administró. Hay que asumir ese riesgo», especifica Bayas. Porque los que entraña contraer la enfermedad pueden ser mucho peores. «En el sarampión, o se padece o se vacuna. No hay escapatoria». Y entre las complicaciones de la infección están la otitis, la neumonía, la encefalitis e incluso la muerte.

Por el contrario, Uriarte cree que «tienen razón, pero no está convenido en ninguna ficha amarilla de farmacovigilancia, donde no se abre ninguna variable sobre la constitución del individuo, por lo que todo fármaco puede abrir un efecto adverso». Pero si existe una razón de peso para la negativa a administrarla, ésta se la está dando la ruleta del sistema sanitario español. Porque a ver cómo explican a un asturiano que a su hijo no le cubren la de neumococo, pero al madrileño, sí (cubre siete serotipos). ¿Cuál el método para elegir las vacunas más necesarias? Si es tan importante, ¿por qué no se la cubren? ¿Por qué la de la varicela en Madrid y Navarra la ponen a los 15 meses y en Galicia a los 12 años, en Cataluña, a los 11 y en el País Vasco, a los 10? La solución del Gobierno: unificarlo. Aunque no será hasta 2013 cuando se determinen cuáles de ellas serán comunes para todas las CC AA. Y no convence a todos.

A la espera queda saber si aumentarán el número de inmunizaciones, como por ejemplo, la del neumococo, lo que implicaría un mayor gasto, o se la quitan a los madrileños, por ejemplo, que la tienen, para «ajustarse» al resto. Los expertos en este caso sí ven el problema. El pediatra de Atención Primaria en el País Vasco, Pedro Gorrotxategi, señala que «debería haber un único calendario porque la situación actual crea inseguridad. La unificación daría más confianza. Pero el primer paso, sería poner todas a la vez, es decir, a la misma edad. Y en cuanto a la diferencia de enfermedades cubiertas por cada comunidad autónoma, habrá que analizar el coste/beneficio y ver si se pueden implementar o no».

Porque aquello que no cubre la Seguridad Social no es precisamente barato. «Una dosis puede costar unos 80 euros, por lo que la terapia completa serían entre 200 y 300 euros», señala Gorrotxategi. Aunque, ¿qué sale más caro: poner la vacuna o el coste hospitalario, asistencial y de medicamentos que habrá que darle al niño si se ve afectado por un virus o bacteria? «Si el calendario se unificara probablemente bajarían los precios», matiza Arana. Tal vez de esta forma España recupere la «posición líder que durante años mantuvo en cuanto a cobertura de vacunación y buena prensa, porque hemos bajado algunos puntos desde hace unos tres o cuatro años», dice Bayas. «Lo que hace falta es que nos vacíen el calendario y permitan escoger y no nos mareen a los que no queremos», concluye Uriarte.

 

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