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miércoles, 01 octubre 2014
14:12
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La Razón

Columnistas

Fifty-fifty por César Vidal

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Cuando España iba bien, por utilizar la expresión archiconocida de Aznar, nadie en el exterior reparó en los posibles errores y disfunciones de nuestro sistema.  A decir verdad, dado que cuatro de cada cinco puestos de trabajo se creaban en España, se habría pensado que vivíamos inmersos en uno modélico. Pero entonces llegó ZP y con él y su alianza con los nacionalistas apareció la crisis. Semejante cambio radical llevó a analizar los entresijos de la política española a los responsables de las finanzas internacionales con mucha mayor diligencia que hasta entonces. Fue entonces saltando a la vista que nuestra legislación laboral era intolerablemente rígida y que nuestro sistema bancario, gracias a las cajas, era más frágil de lo deseable.  Pero aquellas circunstancias no explicaban todo. Tardar en descubrir que la raíz de la crisis estaba en un sistema institucional disparatado como es el estado de las autonomías llevó a los especialistas financieros apenas unos meses.  Y entonces se fueron sumando las sorpresas que en el exterior nunca hubieran imaginado. De entrada, se encontraron con que había regiones españolas –como las Vascongadas o Navarra– que contaban con un sistema fiscal privilegiado que, a juicio de todos los analistas extranjeros, debe desaparecer. Luego descubrieron que las CCAA no tenían freno en su gasto y que Cataluña, por ejemplo, acumulaba una tercera parte de la deuda total, locura sin paralelos en el planeta. Finalmente, concluyeron que, con semejante panorama, ningún gobierno puede ser considerado digno de confianza a menos que embride a los que lo mismo te abren embajadas en el extranjero que te instalan heliopuertos o estaciones del AVE absolutamente innecesarias. Con ese panorama que ahora comparten todos los economistas desde Lituania hasta Los Ángeles, los presupuestos de Montoro sólo podían tener una acogida fría en los mercados por la sencilla razón de que no recortaban un solo euro de los dispendios de las CCAA.  En estos momentos, gracias a ese sistema disparatado creado para satisfacer a nacionalistas catalanes y vascos y que sólo se ha atrevido a contemplar con sensatez Esperanza Aguirre, nos encontramos con unas probabilidades del cincuenta por ciento de entrar en bancarrota en mayo. Sólo hay una salida y es que la ley de estabilidad que el Gobierno del PP va a presentar en el Congreso impida, por ejemplo, que el Gobierno vasco multiplique por nueve el gasto como ha hecho durante la crisis o que el catalán continúe manteniendo fantasmales chiringuitos en el extranjero. Si del texto de esa ley, los mercados coligen que el Gobierno de Rajoy va a frenar un dispendio que nunca debiera haber existido, habremos sorteado uno de los momentos más graves de la crisis y quizá, para disgusto del PSOE, estaremos a punto de tocar fondo tras un lustro de caída.  De lo contrario, nuestras posibilidades de quebrar son… fifty-fifty.

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