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miércoles, 23 julio 2014
17:42
Actualizado a las 

La Razón

Feria de abril

Tarde fría toros blandos y palco duro

  • - La Maestranza (Sevilla). Tercera de la Feria de Abril. Se lidiaron toros de San Mateo y San Pelayo, deslucidos por su falta de fuerza y raza. Más de tres cuartos de entrada.
    - Andy Cartagena, rejón de muerte (ovación); rejón caído (ovación tras petición).
    - Diego Ventura, rejón de muerte desprendido (gran ovación tras fuerte petición y bronca al presidente por no conceder la oreja); pinchazo, medio rejón (ovación).
    - Leonardo Hernández, rejón de muerte trasero (ovación tras petición con protestas a la presidencia); pinchazo, medio rejón (ovación).

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El centauro hispanoluso clava un garapuyo ayer en La Maestranza
El centauro hispanoluso clava un garapuyo ayer en La Maestranza

Entre que el presidente se puso duro y que los toros no tuvieron raza, la tarde se fue de rositas. Ello no quiere decir que, dado el nivel altísimo de la terna, no se vieran cosas interesantes, que se vieron. Por ejemplo, en Andy Cartagena, que reapareció de su lesión en Valencia frente a dos toros tan nobles como faltos de motor. Estuvo fácil en ambos, y lucido por momentos especialmente parando al toro que abrió plaza con «Cuco», y toreándolo despacio luego con «Magno»; y también, montando a «Pericalvo» en el cuarto, con el que fue capaz de calentar los tendidos gracias a sus balanceos y buenos palos arriba.

De Leonardo me extrañó una cuestión: anduvo impecable con el toro malo, y desacertado con el que se dejó más. Aquí no midió bien sus ataques y se quedó sin toro más de una vez. En cambio, puso banderillas de un mérito incuestionable frente a su primero, un toro reservón al que le pisó terrenos muy comprometidos, con pureza y valor, clavando arriba tres palos estupendos a lomos de «Verdi». Esto, y tres cortas al violín antes de un buen rejón de muerte hubiese merecido la oreja, pero el señor del palco tenía el día malo. Pero la noticia de la tarde fue que Diego Ventura no salió por la Puerta del Príncipe. Mucho más: no cortó tampoco una sola oreja. Le negaron la bien ganada de su primero y pinchó al quinto, con el que arriesgó hasta el límite con el caballo «Ordóñez» en piruetas inverosímiles. En realidad, Diego se la jugó durante toda la lidia porque con «Nazarí» galopó de costado a un palmo (o menos) de los pitones. Muy seguro al clavar las farpas, puso además un gran par a dos manos con «Remate», que es una belleza de animal.

Pero para belleza la de «Pegaso», con el que Diego cuajó un soberbio tercio de banderillas en su primero. Muy de frente siempre, clavó al estribo en todo momento y además intercaló más piruetas y galopes de costado evidenciando que este joven caballo de su cuadra puede ser una gran figura. El presidente le negó la oreja y marcó así el nivel de exigencia de un festejo de rejones insólito: ni un trofeo en seis toros.

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