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viernes, 25 abril 2014
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La Razón

Europa

Duelo presidencial en París

  • Sarkozy y Hollande miden sus fuerzas con dos grandes mítines a escasa distancia. Ambos apostaron por construir la «nueva Francia»

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Sarkozy reunió ayer a sus simpatizantes en la emblemática Plaza de la Concordia. Los seguidores de Hollande acudieron a la explanada del Castillo de Vicennes
Sarkozy reunió ayer a sus simpatizantes en la emblemática Plaza de la Concordia. Los seguidores de Hollande acudieron a la explanada del Castillo de Vicennes

PARÍS- Un duelo a distancia. Nicolas Sarkozy y François Hollande se enfrentaron ayer en París, a sólo unas estaciones de metro de diferencia y a la misma hora. Dos mítines-test para pulsar el estado de las respectivas tropas a una semana de una primera vuelta algo incierta. De fondo, una misma pretensión. Ambos quieren ser los constructores de una «nueva Francia», a la que consideran en peligro. Uno, el socialista, se ve artífice de la alternancia: «No llamo sólo a rechazar al candidato saliente. Mi responsabilidad es abrir un nuevo tiempo», dijo.  El otro, Sarkozy, en artesano del modelo francés del siglo XXI que aspira a ser, en esta nueva era, el promotor de los futuros «30 gloriosos años», en referencia a las tres décadas de esplendor económico (1945-1973) que experimentaron los países desarrollados.  Hollande recordó a los suyos los diez años que llevan en la oposición y lo lejos que queda la victoria presidencial de François Mitterrand en 1988, la última en el palmarés. También previno a quienes en su entorno se reparten ya los puestos y pecan de triunfalismo antes de acusar al presidente saliente de «agitar el miedo a falta de suscitar la adhesión».

Por su parte, el presidente saliente mostró ayer que, pese a tener que luchar contra todos los elementos, confía en su determinación para desmentir las encuestas y darle la vuelta al marcador.  Más allá de la confrontación de ideas, ayer lo que se jugaba era la capacidad de uno y otro de movilizar a sus respectivos electorados. Una batalla de cifras en la que empataron ante la imposibilidad de constatar la veracidad de lo anunciado por sus organizadores. Más de 150.000 en la plaza de la Concordia para el candidato de la UMP. Los socialistas reivindicaron, por su parte, más de 100.000 asistentes en la explanada del Castillo de Vincennes.  En el plano simbólico, los dos favoritos libraron también su particular duelo. En la Concordia, Sarkozy eligió el lugar en donde, hace 5 años, celebró su aplastante victoria frente a Ségolène Royal. También un escenario revolucionario, donde Luis XVI fue guillotinado, pero emblema de los triunfos patrios que cuenta el  Obelisco de Luxor. Ante el palaciego Castillo de Vincennes, en el este de París, Hollande orquestó un encuentro festivo y campestre,  en contraste con el tono más solemne y dramático de su adversario. El candidato conservador, que se dirigió a la «mayoría silenciosa», «la que sufre y nunca se queja», la que forman indecisos y abstencionistas, hizo de las citas del 22 de abril y 6 de mayo una «elección histórica». La más importante desde la II Guerra Mundial y tras una sucesión de crisis de las que «hay que extraer las consecuencias», recalcó. «Somos los herederos de la Francia de Napoleón, Victor Hugo y De Gaulle», prosiguió ufano, acusando –sin nombrarlo– a su contrincante socialista de ceder a la «facilidad» y la «renuncia» y dilapidar ese legado de la «Francia eterna».

El nuevo modelo francés versión Sarkozy «no estará sometido a las finanzas», y recompensará el mérito, el esfuerzo y el trabajo antes de prometer el mismo voluntarismo para reformar Schengen y obtener la reciprocidad con los socios comerciales de Europa que el demostrado en el rescate del euro. Además se comprometió a abrir un debate en la Unión sobre el papel del Banco Central Europeo y su apoyo al crecimiento económico.

Las referencias históricas, aunque de otra índole, tampoco faltaron en el discurso del candidato del Partido Socialista, que aludió a la Francia de Léon Blum y el Frente Popular, a la Resistencia y a la figura de Mitterrand, en una clara llamada a la movilización de electorado de izquierdas, al que subliminalmente apeló al voto útil. Es decir, a no dejarse tentar por los candidatos radicales y evitar la dispersión del voto. Acorralado por los sondeos, Sarkozy concluyó con un casi desesperado «¡Ayudadme!», un grito de auxilio que contrastaba con la     –¿falsa?– modestia del socialista: «No pido ayuda para mí, sino que ayudéis a Francia».


El sondeo
A seis días de la primera vuelta de las presidenciales, la diferencia entre los dos principales aspirantes es muy ajustada.
Hollande: 28%
Sarkozy: 27%

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