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miércoles, 01 octubre 2014
00:51
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La Razón

Columnistas

Peronismo por Alfonso Ussía

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No puedo considerarme una voz autorizada. Mis amigos argentinos no son peronistas ni descamisados ni ladrones. Son gente formidable. Me figuro que Valdano puede formar parte del peronismo, pero tampoco estoy muy seguro. Ha ganado bastante dinero. En mis viajes a Buenos Aires, esa ciudad prodigiosa, me reúno y disfruto con gente normal, culta y educada. Una tarde me enseñaron la biblioteca del «Jockey Club», riquísima, bellísima, viva y frecuentada. Cuando elogié aquel tesoro, su presidente me informó: «Lo que ves es la tercera parte de lo que fue. La quemaron los peronistas». Me sentí identificado. La biblioteca de mi abuelo Muñoz-Seca ardió en el bulevar de la calle de Velázquez, calcinada por la «cultura» republicana del Frente Popular. Quemaron primeras ediciones de Lorca, de Alberti, de Unamuno y de Valle Inclán. José Luis Martín Prieto, que vivió mucho tiempo en aquel pasmo austral y se trajo para España a su doctora, conoce muy bien a estos pájaros. De joven, vi de lejos a Perón, que se refugió en Madrid con parte de lo que había robado. Parecía un personaje respetable. Con él se instalaron en España algunos de sus secuaces. Un tipo listo, moreno, canoso y con muchos hijos, Jorge Antonio, que llegó a tener una gran yeguada de caballos de carreras. «Beltrán, tenemos que expulsar a ese ladrón del Hipódromo!» le dijo Villapadierna a Alburquerque una tarde en la que los caballos ganadores del peronista espumeaban en exceso por la boca camino de las cuadras. Y tenía una mujer, Isabelita, adosada a un brujo, que nada más enviudar del mangante, heredó su puesto en la política y alcanzó la presidencia de la República. Se decía de Isabelita que en su juventud fue de entrepernil generoso, y como estadista resultó un completo desastre. Su imagen a imitar era Evita, la santa difunta, y Argentina derivó a una durísima dictadura militar después de pasar por la descamisada y sangrienta época de los montoneros, que asesinaron también a su gusto y capricho. El argentino peronista necesita siempre una madre. Hay algo de inclusero airado en sus sentimientos. Precisa de una madre racial, ignorante y osada. Lo fue Eva, lo fue Isabel y ahora lo es Cristina, viuda del peronista Kirchner, gran acumulador de dineros perdidos, y comisionista de Repsol cuando era Gobernador. Porque la gran corrupción de Argentina se principia en los gobernadores, señores feudales de los bienes ajenos.

En España, el peronismo está muy bien visto por las izquierdas. El robo a mano armada que ha sufrido Repsol con la expropiación de YPF ha  satisfecho sobremanera a los comunistas españoles, y algún socialista. De siempre he dicho que el objetivo comunista de gobernar España no tiene otro fin que el de pulverizarla y acabar con ella. El gozo de los socialistas ha sido más bien de algunos idiotas recalcitrantes. España, la empresa española,y los accionistas españoles , muchos de ellos modestos, han sido saqueados por el peronismo ladrón de la nueva «mamá» de los descamisados, y los de Izquierda Unida se manifiestan abiertamente felices. Si España ha sido perjudicada, Izquierda Unida, y Batasuna, y «Esquerra» y demás grupos marginales festejan el perjuicio.

Es de esperar una respuesta legal y contundente por parte de nuestro Gobierno, de la Oposición y de la empresa saqueada por la mangona del bótox. Carne y soja brasileñas, más baratas y de la misma calidad. O uruguayas. Demanda de unión a las naciones europeas. No sirven los gestos duros si las consecuencias no se hacen notar. España ha sido robada por el peronismo, tan ladrón como siempre. Sacarán más de la mitad del dinero de Argentina. Y a disfrutar.

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