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jueves, 24 abril 2014
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La Razón

Columnistas

Abyecto por Alfonso Ussía

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Me puedo equivocar concediendo importancia a una perversidad inconcebible. La ha protagonizado un segundón, un don nadie inmerso en su propia nada, pero creo que por esta vez, y sin que sirva de precedente, un sujeto insignificante merece el derroche de mi tiempo.
La herencia del resentimiento es pésima. El odio no ayuda a crecer ni intelectual ni moralmente a las personas. Tenemos en España una Izquierda que no es comparable a las del resto de Europa, por su rencor acumulado y sus contradicciones permanentes. Si lo que paso a comentar lo dice o manifiesta un político conservador, estaríamos –y con razón–, participando en un debate agrio, violento y escabroso. El Defensor del Menor habría ya intervenido, y con seguridad, el Fiscal actuado de oficio. Sucede que los comunistas siempre han tenido bula. Bula para todo.

En el Ayuntamiento de Badajoz se sienta en su salón de plenos, elegido democráticamente, un concejal comunista llamado Manuel Sosa. Su aspecto responde a lo que se espera de él. El concejal Sosa será, sin duda alguna, ecologista sandía, partidario del aborto sin límites legales, enemigo del libre mercado, republicano con añoranzas frentepopulistas y muy probablemente –éste es un juicio de valor–, partidario de un régimen dictatorial con partido único. Y un gran defensor de los elefantes, que hay que ver la cantidad de defensores que hay en España de los elefantes y qué pocos comunistas defienden a los ciervos que mataba Garzón.

Ser concejal comunista de Badajoz está muy bien, pero ello no garantiza un minuto de gloria. Y Sosa lo ha vivido echando mano de la peor canallesca, con lo cual la gloria pierde su valor.
«Lamento que el nieto del Rey se haya pegado un tiro en el pie, con la cantidad de sitios que hay en el cuerpo para pegarse un tiro». Son palabras textuales recogidas en «Alerta Digital» bajo el titular «Los comunistas deploran que el nieto del Rey sobreviviera al accidente».

Ignoro si hay posible delito en su vómito. Pero resulta muy difícil hallar más maldad, perversidad, villanía y malnacimiento en una sola frase. Se desprende de las palabras de Sosa que le habría satisfecho sobremanera que un niño, por el solo hecho de ser nieto del Rey, en lugar de recibir un disparo en el pie lo hubiera recibido en la cabeza. Lo siente y lo dice. No les oculto que aún no me he liberado del estupor. Y esa monumental vileza ha pasado desapercibida, porque aquí en España no importa que un concejal indigno deplore la poca eficacia de un disparo accidental en el cuepo de un niño, sino que muera un elefante en Botswana. Niño por elefante. Los valores del comunismo español.

No puedo meterme en los sentimientos –afortunadamente– de Cayo Lara o Llamazares. Es posible que las palabras de su concejal en Badajoz les hayan parecido graciosas. No lo creería. Si Cayo Lara no expedienta inmediatamente al concejal Sosa, puede darnos a entender que coincide con su lamento. Es decir, que lamenta que un niño se haya pegado un tiro en el pie y no en la cabeza. Un individuo como Manuel Sosa no puede estar en la Política, por razones de infección. Sus palabras abyectas tienen que ser contestadas con contundencia en su propio partido o coalición. No obstante, no espero esa reacción. Ello significaría que los comunistas españoles se han modernizado y han evolucionado hacia la sensibilidad y el sentido común. Le deseo a Manuel Sosa que nadie, en ninguna circunstancia, humille y machaque a sus hijos como él ha hecho con el nieto del Rey. Somos diferentes, a Dios gracias.
 

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