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martes, 23 septiembre 2014
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La Razón

Entrevistas

Curro Javier: «No podía imaginar que sería parte de una tarde así en Sevilla»

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Curro Javier, en imagen de archivo
Curro Javier, en imagen de archivo

Curro Javier forma parte importante de esa gran familia llamada cuadrilla que abandera José María Manzanares. Casi en paralelo, los éxitos del alicantino van de la mano con los que cada tarde cosecha en el segundo tercio Juan José Trujillo, Luis Blázquez y el propio Curro Javier, que reflexiona con el poso de un día después sobre una tarde que ya forma parte de la historia de La Maestranza.

-¿Se digiere 24 horas después un éxito para los Anales como el de ayer?

-Sigo conmocionado, en una nube. Si ya el año pasado se acababan los adjetivos al lograr algo inédito como un indulto, cortar cuatro orejas en una tarde al año posterior lo engrandece más. En especial, por cómo salió todo de macizo, tal como vino no tuvo nada que desmerecer con aquella tarde de «Arrojado». Ahí, estuvo el mérito de José Mari que, sin haber un «Arrojado», porque los toros fueron buenos pero no llegaron a romper, firmó una tarde de ensueño.

-En lo personal, tampoco se iría disgustado...
-No, muy satisfecho con la tarde. Creo que vivimos algo único, tan emocionante...

-Ya en el segundo se tuvo que desmonterar tras prender los garapuyos.
-Lo importante es que fue ligerito como le gusta al matador. En el primer par, pensé que se iba a arrancar pronto, porque había salido sueltecito, pero se cerró mucho y salí apretado. Demasiado apurado por echarle más valor de la cuenta. El segundo par también fue bueno, pero hubo mala suerte, porque el toro me perdió de vista justo en el momento del embroque. No fue, de todas maneras, un astado fácil de banderillear.

-Y en el quinto, la apoteósis...
-Sí, no me podía imaginar vivir en mis carnes algo así en Sevilla. Verla así y ser parte de ello. El año pasado ya sonó la música, pero fue menos intenso, sólo sucedió con dos capotazos. Sin embargo, por la forma en que sucedió, en el momento preciso, con Trujillo y Blázquez con los «palos», yo solo delante del toro con el capote... tuve la sensación de que nos estaban esperando, de que era algo que el público tenía ya en mente.

-¿Reconocimientos como el de ayer reivindican el papel de las cuadrillas?
-Por supuesto. Nosotros estamos para no restarle muletazos a Manzanares, para ayudar a que nuestro torero vea en los primeros tercios lo que tiene. Ayer le convencimos de que el quinto tenía posiblidades, que las orejas eran cortables, con cuatro capotazos el toro estaba lidiado. Pero la lidia es recíproca, porque mientras nosotros hacemos nuestra labor, también está él pendiente. Es un torero que habla mucho. Nos canta en cada momento lo que quiere o qué podemos hacer en beneficio siempre del toro. Que actúe así, ayuda mucho a los banderilleros y picadores, porque con confianza te sientes capaz de hacer todavía más cosas.

-Cinco orejas en dos tardes y todavía tienen que volver a cruzarse Manzanares y Núñez del Cuvillo...
-Tengo mucha fe en la corrida del jueves. Lo pienso fríamente ahora y, con lo que hemos logrado estas dos tardes, veo imposible, seguir elevando el listón. La exigencia de Sevilla siempre es máxima, han saltado esta feria pocos toros con opciones... No sé, el contexto da más valor a lo logrado y obliga a pensar que es irracional mejorarlo. Sin embargo, José Mari está en un momento muy dulce, ve toro por todos lados, así que confío en él. Estoy seguro de que, con que medio le embista un toro, va a formar un lío otra vez. Además, va a llegar menos presionado, cinco orejas en el esportón dan mucha tranquilidad.

-El invierno lo pasan juntos: Manzanares y sus tres banderilleros. Entrenan y viven juntos. ¿Es el secreto de sus éxitos?
-Tiene su influencia obviamente. En cuanto pasan las fiestas de Navidad, ya estamos al toro. En lugar de ir cada semana uno, nos lleva siempre a los tres con él. Quiere sentirse arropado y que nosotros disfrutemos al completo como él. El roce hace el cariño y es fundamental la compenetración en una profesión en la que te juegas la vida. Nosotros tenemos que conocer al diestro dentro de la plaza y fuera de ella: saber qué piensa, cómo actúa, sus preferencias... que con una mirada esté todo hablado.

-Una familia bien avenida.
-Esa es la mejor definición posible. Me siento como en casa con los míos. No hemos tenido ni un solo problema con él en estos años. Al revés, nos anima siempre. Tira de nosotros muchas veces y nosotros de él también. Para lo bueno y para lo malo, estamos unidos.

-¿Cómo es José María Manzanares en la distancia corta?
-Un chaval fenomenal. Muy amigo de sus amigos. Normal, nada endiosado. Si hay que ir a arreglar la plaza es el primero o si vamos a cazar es el primero en apuntarse. Es uno más de la cuadrilla, aunque la realidad diga que es una figura del toreo y nosotros sus trabajadores.

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