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martes, 30 septiembre 2014
07:43
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La Razón

El futuro de la Monarquía

La España de la crisis

  • El Príncipe será el motor de la renovación y su preparación nos ayudará a luchar por el país

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El Príncipe siempre tiene palabras de consuelo. En la imagen, con un familiar de un militar fallecido
El Príncipe siempre tiene palabras de consuelo. En la imagen, con un familiar de un militar fallecido

Su Alteza Real, los hombres y mujeres de nuestra generación, la de los 60, somos hijos de la democracia española. Hemos sido afortunados. En estos casi 40 años hemos visto florecer nuestro país en todos los ámbitos, políticos, económicos, sociales y culturales. Hemos conseguido una educación en libertad sin estereotipos, ni corsés ideológicos. Podemos ejercer nuestros derechos en un marco de respeto inigualable, donde nuestros más elementales derechos fundamentales como la libertad de expresión, la no discriminación, nuestra imagen y nuestro honor están protegidos y privilegiados constitucionalmente. Hemos conseguido ver cómo el bienestar social se ha instalado como algo natural en nuestras vidas, gracias al progreso económico que, entre todos, con nuestro esfuerzo y trabajo, hemos ido creando. Y, en fin, hemos visto a España en posiciones envidiables, hasta hace bien poco, en el panorama internacional. Lo hemos tenido más fácil, quizás sí, que nuestra generación anterior, pero ese es precisamente nuestro mayor reto.

«Una gran democracia debe progresar, o pronto dejará de ser o grande o democracia» (Roosvelt). Nosotros, los herederos de este régimen democrático que con tanto tesón, tanta valentía y tanta lucha han conseguido nuestros antepasados, tenemos el deber de perseverar en seguir progresando, en seguir por el buen camino emprendido. No son momentos fáciles. España está revuelta, muy revuelta. La crisis actual, no circunscrita sólo a aspectos económicos, es completa, abarca multitud de factores, sociales, políticos, educativos… No hay que comenzar de nuevo, pero hay que renovarse con firmeza. No basta con sólo actuar, sino actuar en la buena dirección y para ello, sin olvidarnos de lo que somos, debemos estar despiertos para conocer qué futuro queremos para nuestro país. Es ahora el momento de poner los cimientos para construir el legado que debemos transmitir a los siguientes herederos.

Su Alteza, los de mi generación confiamos en que, antes o después, cuando llegue su hora, sabrá tomar el testigo y afrontar esos retos que tenemos por delante. Aunque la situación actual es de incertidumbre, de grandes peligros e incomodidades, su preparación, su educación y su sentido de responsabilidad –que ya conocemos todos–podrán ayudar a devolvernos la ilusión que necesitamos para seguir avanzando, para seguir luchando por España. Aunque el temor y la esperanza son inseparables, ésta es la que debe guiarnos siempre y estoy convencido de que es la que Su Alteza vislumbra para nuestro país.  Todos tenemos la obligación de acompañarle en esta tarea. Muchos de nosotros confiamos en ella y creemos que también nos han formado para defender estos ideales. Insisto en que tenemos una empresa ambiciosa, de muchos años, pero ¿no hemos estado así en otros momentos de nuestra historia, y salimos airosos? El futuro, aunque sólo sea de forma egoísta, nos interesa mucho a todos porque conformará nuestras vidas en los próximos años. Y Su Alteza tiene una gran responsabilidad en ello. Ninguna institución española puede gozar del papel de referencia y de encuentro que tiene la Corona. Los gobiernos pasan, las modas sociales y culturales también. Pero la unión de los españoles ante esos cambios, se cimienta en nuestra Monarquía, y quien no lo quiera entender así está haciéndonos un flaco favor a nuestro país y a su fortaleza.

No es el momento de cambiar todo, es el momento de renovarse, valorando lo que tenemos, con nuevas actitudes y teniendo la firme confianza que, con el apoyo de todos, Su Alteza será motor de esa renovación. Como dijo el Principito al zorro, «lo esencial es invisible a los ojos». Dejémonos de centrarnos en las apariencias y vayamos a lo esencial, esto es, el fortalecimiento de nuestra institución monárquica que tiene un papel protagonista y que siempre lo tendrá. Suerte Alteza.

 

Iñigo Sagardoy
Pte. de la fundación Sagardoy y abogado

 

Una Familia Real 2.0
El compromiso de transparencia de la Casa Real se refleja en internet. Así, publicó en su página web las cuentas correspondientes al año 2011, además de las dotaciones que obtuvo en los cinco años anteriores. También han aprovechado la red para colgar sus imágenes más familiares. Un símbolo de la modernización de la Monarquía.

 

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