Uso de cookies

[x]
Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el anáisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies
Ofrecido por:
Iberdrola
domingo, 20 abril 2014
00:14
Actualizado a las 

La Razón

Columnistas

Mariano Rajoy por Martín Prieto

Arrastre los portlets debajo de este mensaje para anidarlos.
Arrastre los portlets debajo de este mensaje para anidarlos.

Anatole  France escribía que gobernar significa descontentar, aunque son una insignificancia los gobernantes que se atreven a dar las malas noticias a sus pueblos. Los médicos norteamericanos tienen una deontología bárbara porque te dicen que tienes una enfermedad terminal y dos meses de vida y se quedan tan serenos. La medicina europea te dice la verdad, pero introduciendo en el diagnóstico una cuña de esperanza. Tras el optimismo antropológico y patológico de Rodríguez Zapatero que nos mentía para hacernos felices, el Presidente Mariano Rajoy ha dado una vuelta de tuerca, es parco en declaraciones y cuando dice algo tiembla el misterio. Nos ha dicho que estamos muy mal, pero que no nos preocupemos porque vamos a estar peor, y su última proclama no puede ser más escueta y definitoria: «No tenemos dinero». No recuerdo en los años que llevamos en democracia a un presidente tan explícito  y que ni se engañe a sí mismo ni entorpezca la mente de los demás. Como reflexionaba Göethe en sus «Máximas», el mejor gobierno es el que nos enseña a gobernarnos a nosotros mismos, y no hay nada menos didáctico que la ocultación de la verdad, el maquillaje estadístico y la paparrucha para conseguir un favorable titular de periódico. Lo del Presidente Rajoy no sé si le viene de lo estricto de un registrador de la propiedad o de su naturaleza, pero le agradezco como ciudadano que me diga la verdad de lo que nos está pasando porque si me hablara de los campos del Edén y los brotes verdes sabría que me estaba toreando el voto, y ya hemos tenido demasiados maestros con la capa. Para Coleridge los fines de un estadista son la seguridad de los poseedores, la facilidad para los adquirientes y la esperanza para todos. Por encima de su programa electoral me parece que éste es el propósito básico del Presidente. El más transparente que hemos conocido.
 

Vídeos

  • 1