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viernes, 19 septiembre 2014
17:50
Actualizado a las 

La Razón

historico

Lo que España se juega en Francia

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Política europea; por Manuel Coma
Sarkozy no nos quiere. Una Francia menguante siempre tratará de ponerle la bota encima a España. Pero lo que más nos concierne no son las relaciones bilaterales, sino Europa, simbolizada por Bruselas y a la que se llega por Berlín y París. Con un «Sarko II» habría que suponer que sería más de lo mismo, lo que implica una insatisfacción con las soluciones que se le pretenden dar a la crisis, la nuestra y la de todos, pero un poco peor, porque ahora tiene que hacer más concesiones populistas a la derecha, con una Francia tocada del ala. Sin embargo es el mal menor.

Hollande, la alternativa, es el mal mayor. Simplemente recuerden: reducir la edad de jubilación a 60, aumentar el número de funcionarios, el salario mínimo, facilitar la entrada de inmigrantes, el 70% de impuestos a los que pasen de un millón de renta, un Banco Central Europeo (BCE) que abandona su objetivo existencial de controlar la inflación y compre deuda estatal a gogo. Y ya puede uno imaginarse quiénes van a ser sus amigos en España. Habrá a quien le guste. La magia está de moda en cine y literatura juvenil.

Presidente del Grupo de Estudios Estratégicos (GEES)

 

Economía; por Carlos Rodríguez Braun
La victoria del arrogante Sarkozy consolidaría el llamado eje franco-alemán. Esto es interpretado como la defensa de la austeridad. Para España representaría un aval para el Gobierno de Rajoy y su combinación de menos gasto y más impuestos. No olvidemos que si Sarkozy prometió bajar los impuestos y los ha subido, otro tanto sucedió con el supuestamente liberal Rajoy, que también secunda al presidente galo en su propuesta de la «Tasa Tobin», otra disparatada bandera birlada a la izquierda.

La victoria del gris Hollande brindaría una gran alegría a los socialistas europeos. Como todos los políticos, pero especialmente los de izquierdas, Hollande es un enemigo de la libertad, y fortalecería el vacuo discurso de socialistas y comunistas, que sin razón alguna aseguran que para salir de la crisis el Estado debe gastar más. Lógicamente, también debe recaudar más, pero eso es algo que a los políticos, especialmente a los de izquierdas, les trae sin cuidado.

Catedrático de Historia del Pensamiento Económico

 

Política institucional; por Ignacio Molina
Una vieja chanza atribuye a los franceses la habilidad de «avoir le coeur à gauche et le portefeuille à droite». Un dicho que, en sentido opuesto, se puede aplicar hoy a las preferencias que quizás tenga Mariano Rajoy ante la segunda vuelta de las elecciones en el país vecino. Sin duda, el PP tiene el corazón más cerca de Sarkozy, con quien comparte familia en el Partido Popular Europeo y afinidades ideológicas en tantos temas como la inmigración, cuestiones morales, lucha contra el terrorismo, replanteamiento del Estado del Bienestar, etc.

El Gobierno popular está probablemente suspirando por una victoria de la izquierda. No sólo por las inmisericordes y reiteradas alusiones del actual presidente a la pésima situación económica española que, pese a presentarse como retórica electoral destinada a Zapatero, han causado mucho daño en el intento de ganar la confianza de los inversores. Sino también, y sobre todo, porque Hollande representa una de las pocas esperanzas de que se produzca un golpe de timón europeo que alivie el rígido rumbo y el ritmo inhumano que Berlín –con la complicidad subalterna de París en estos últimos años– ha dispuesto para la gestión de la crisis. Paradojas de la política supranacional.

Investigador del Real Instituto Elcano

 

Antiterrorismo; por J. M. Zuloaga
En el caso de que sea Sarkozy el que gane en la segunda vuelta, la política antiterrorista, definida por una absoluta colaboración con España, no sufrirá ningún cambio. El actual inquilino del Elíseo, que, no hay que olvidarlo, fue ministro del Interior, ha sabido siempre comprender el problema de ETA y la necesidad de combatir este terrorismo separatista. Entre sus pretensiones, está la de romper la unidad de Francia, con la creación de una gran «Euskal Herria», algo impensable e imposible para la República.

El margen de maniobra de Hollande es muy pequeño, precisamente por esas pretensiones separatistas de ETA, de unir parte del sur de Francia, con el País  Vasco y Navarra. Los franceses, conservadores o socialistas, valoran en extremo la unidad de la República y hay ejemplos no muy lejanos en el tiempo de la contundencia con la que responden a cualquier intento secesionista. Los socialistas del País Vasco francés han participado y firmado algún papel con los «batasunos» franceses, que tienen más de autonomistas, pero sin mayor relevancia.

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