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sábado, 23 agosto 2014
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La Razón

historico

Bajo la sombra de Le Pen

  • Los candidatos franceses hacen suyas  las preocupaciones de los frentistas. Sarkozy aborda la inmigración y Hollande dice entender el voto protesta

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El presidente Sarkozy ayer en un acto de campaña en Longiumeau
El presidente Sarkozy ayer en un acto de campaña en Longiumeau

PARÍS- Sin complejos, los dos candidatos finalistas en la carrera por el Elíseo han salido a la caza de los seis millones y medio de votos de la ultraderechista Marine Le Pen que son imperativos en ambos casos para vencer en la segunda vuelta, el próximo 6 de mayo. Rezagado, a un punto y medio de distancia de su rival socialista, Nicolas Sarkozy, que se juega el todo por el todo, no pone límites a su operación de seducción. «No es un voto reprochable», dijo el candidato conservador en un mitin en Longjumeau (región de París) en alusión a los millones de votantes de Le Pen y que, según él, lo que han manifestado es un voto de crisis. «Ni tampoco incompatible con la República», añadió.

Una caricia más después de la benevolencia con la que por la mañana se expresaba el ministro del Interior, y mano derecha del presidente francés, en relación al partido de ultraderecha. «El Frente Nacional (FN) suele plantear las buenas preguntas aunque siempre da malas respuestas», dijo Claude Gueánt. A esas preguntas, Sarkozy trató ayer de dar respuesta con un nuevo giro a la derecha. Pese a que la radicalización de su discurso no ha sido del todo fructífera en términos de votos en la primera vuelta, sus estrategas consideran que no queda otra alternativa para tratar de recuperar a ese porcentaje de votantes desertores.

«Los he escuchado», repitió ayer asegurando haber «entendido» el mensaje de unos electores a los que dice «no juzgar» como hacen otros. Un ataque apenas velado a su adversario, que a su vez se refirió al 18% de franceses que optaron por la extrema derecha: «Debemos comprenderlos sin justificarlos por lo tanto», concedió Hollande con ciertas precauciones. El socialista busca en esa masa electoral rescatar a los desencantados de la izquierda, que refugiados en el partido de Le Pen por desesperanza social y no por adhesión a sus postulados extremos. «Mi responsabilidad es dirigirme a todos los electores que no se identifican forzosamente con el Frente Nacional pero que expresan ante todo una ira social», exclamó ayer en un mitin. Y es que a diferencia de la izquierda que, según Sarkozy, «se tapa la nariz» para dirigirse al electorado lepenista, el candidato-presidente asegura no hacer distinciones entre «malos y buenos votantes del FN».

A ellos, «los que sufren» y sufren la «inseguridad», y que a través del voto extremista manifiestan su preocupación ante la inmigración o los efectos de la globalización, trató de convencer ayer. En una entrevista televisiva, el candidato-presidente dijo que «Francia no puede seguir recibiendo tantos extranjeros».

Coto a la  nacionalización
La inmigración es una de las principales preocupaciones del electorado lepenista. «No queremos más una Europa colador», recalcó el líder conservador, que pretende reformar el Tratado de Schengen si renueva mandato. Una postura en la que cuenta con el apoyo de Alemania, con quien han elaborado una propuesta que será debatida esta semana en consejo de Ministros de Interior de la Unión Europea.

También reiteró su voluntad de reducir a la mitad la inmigración legal (de 180.000 a 100.000) admitiendo que la «máquina de integración está averiada». «No podemos acoger más gente cuando no somos capaces de integrar a los que ya tenemos», dijo, oponiéndose abiertamente contra la inmigración que viene a Francia «atraída por las prestaciones sociales». Por eso, prevé endurecer las condiciones para acceder a ellas: diez años de presencia en Francia y cinco de cotización.

No faltaron en su discurso la reivindicación identitaria de las «raíces cristianas de Europa» a la que tan sensible son los votantes del Frente Nacional, ni las críticas al voto de los extranjeros no comunitarios en las elecciones locales que ayer volvió a prometer François Hollande.

«Un voto comunitarista», según Nicolas Sarkozy que arremetió contra el uso del burka, los menús «halal» en los comedores escolares o la separación de hombres y mujeres –musulmanes– en las piscinas, que «no forman parte de nuestra cultura».

BRUSELAS DEBATE SUS FRONTERAS
Tras la propuesta de Francia y Alemania de retomar el control de sus propias fronteras en contra de los acuerdos de Schengen, los ministros del Interior de la UE discutirán mañana en Luxemburgo la revisión del tratado sobre la libre circulación en Europa. La discusión no estaba prevista en un principio en la agenda del Consejo, pero tras la polémica de la semana pasada se aceptó realizar una  «presentación breve sobre la situación de la toma de decisiones de Schengen», informó Efe.  La Comisión Europea trabaja desde septiembre en una nueva propuesta de gobernanza de Schengen. La urgencia de París, respaldada por Berlín, se ha interpretado en Bruselas como un movimiento electoralista.
 

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