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lunes, 01 septiembre 2014
23:02
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La Razón

Cine

Misterios sin resolver

  • Dirección y guión: Sean Durkin. Fotografía: Jody Lee Lipes. Intérpretes: Elizabeth Olsen, Sarah Paulson, John Hawkes, Hugh Dancy. EE UU, 2011. Duración: 102 minutos. Drama

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lo mejor:  cualquiera de las tensas comidas familiares o la escena del allanamiento de morada
lo mejor: cualquiera de las tensas comidas familiares o la escena del allanamiento de morada

«Martha Marcy May Marlene» es una película sobre las sectas en las que todos vivimos. Dos niveles narrativos (presente y pasado) nos sugieren que la protagonista, una chica que se refugia en casa de su hermana tras escapar de las garras de una comunidad hippie de corte mansoniano está condenada a sentirse atrapada en mundos que no acaba de entender. Mientras está en la secta, Sean Durkin filma a Martha como si fuera otra (tiene otro nombre, Marcy May) y estuviera a punto de desvanecerse, levitando entre los cuerpos de los súbditos de un gurú perturbador que viole con la misma paz tambaleante que canta canciones folk. Mientras está con su hermana, a la que no ve hace varios años y que vive una existencia plácidamente pequeñoburguesa con su quisquilloso marido británico, da la impresión de que ha cruzado un espejo, que quien ha vuelto del infierno aún no se ha despojado de su aire superior de maldad.

Ocurre poca cosa, pero toda la cinta está teñida de una sensible sensación de amenaza, como si todo pudiera ocurrir de golpe. Los dos tiempos narrativos dialogan en susurros, explicando sólo en parte el comportamiento de Martha (excelente Elizabeth Olsen), cristal opaco a través del cual es imposible ver más allá de un gesto de ansiedad, un ataque de ira, un perpetuo sentimiento de incomodidad. Y ese sentimiento se contagia a la cinta, que respira como un niño que acaba de tener una pesadilla. Durkin prefiere sugerir a mostrar, y en esa operación, de una extraña elegancia para tratarse de una ópera prima, genera  expectativas que pueden resultar frustrantes para el espectador adicto a los clímax. La ambigüedad se filtra en el punto de vista de Durkin, que salta constantemente de la confusión de Martha a la confusión de su hermana, que lucha minuto a minuto por reconocer a alguien que está borroso, desdibujado. Es curioso que la nitidez de la fotografía del filme no impida que parezca sumida en un día de niebla. Puro misterio encriptado.
 

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