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domingo, 26 octubre 2014
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La Razón

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Los «Robinson Crusoe» del siglo XXI

  • En tiempos de «tablets», teléfonos «inteligentes» y redes sociales, un anciano británico y otro japonés viven en solitario en sus islas paradisíacas desde hace décadas.

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El británico Brendon Grimshaw tiene 86 años y, desde 1962, se despierta solo en su isla entre el susurro de las palmeras y el embate de las olas del Océano Índico. Similar destino eligió hace 20 años el japonés Masafumi Nagasakino, que se trasladó a la solitaria isla Sotobanari.

El 25 de abril se cumplían 293 años desde que viera la luz la primera parte de las aventuras de «Robinson Crusoe», novela escrita por Daniel Defoe. Si bien su título original no era el del nombre del protagonista, sino «La vida e increíbles aventuras de Robinson Crusoe, de York, marinero, quien vivió  veinte años completamente solo en una isla deshabitada en las Costas de América, cerca de la Desembocadura del Gran Río Orinoco; Habiendo sido arrastrado a la orilla tras un Naufragio, en el cual todos los Hombres murieron menos él. Con una explicación de cómo al final fue insólitamente liberado por Piratas. Escrito por él mismo».

El titular-sinópsis retrata el argumento de una de las novelas de aventuras más clásica de la historia. Un relato sobre la supervivencia en solitario del hombre en medio de la naturaleza que ha fascinado a generaciones, pero que pervive en la actualidad en personajes de carne y hueso.

Una isla por menos de 10.000 euros
Grimshaw vive en la isla de Moyenne (una de las 115 que componen las Seychelles) desde hace 50 años. Un destino aparentemente paradisíaco pero que encontró cubierto de matorrales que ha tenido que ir acondicionando durante décadas de duro trabajo hasta construirse una casa de madera. Tampoco han faltado tormentas tropicales, tiburones, un golpe de estado y la visita de una banda de mercenarios. Nada que ver con algunas de las islas vecinas, propiedad de multimillonarios.

Allí se ocupa, además del entorno, de 120 tortugas gigantes, señala el diario «The Daily Mail», que le visitó en su «parcela». Alguna con más de 180 años de vida: «Por favor, respeta a las tortugas, son probablemente mayores que tú», reza un letrero junto a su casa. Y es que a pesar de la vida en solitario, no reniega de las visitas, que pueden trasladarse allí desde la localidad de Mahe por 12 euros.

Su vida cambió completamente a finales de los años 50, cuando visitó la región después de haber trabajado como periodista en África. «Sabía que el momento en que puse un pie en la isla, que era el lugar correcto para mí», declaró en el rotativo británico. Compró aquél paraje angosto por menos de 10.000 euros.

Dice haber sentido la verdadera soledad viviendo en una habitación en Londres, pero nunca en la isla. Allí está enterrado su padre, que fue a visitarle con 88 años, y junto a su tumba ya tiene preparada su propia fosa.

Vida entre insectos

Masafumi Nagasaki mantiene una vida muy similar en la provincia japonesa de Okinawa, en el archipiélago japonés. Tras una carrera dedicada a la fotografía, se trasladó en solitario a Sotobanari. Los comienzos no fueron más fáciles que los de Grimshaw. Un tifón le arrebató su pequeña tienda y perdió sus escasas posesiones. «No hago lo que la sociedad me dice, sino que sigo las reglas de la naturaleza. No puedes vencer a la naturaleza, así que tienes que obedecerla por completo», relató a la agencia Reuters.

Se alimenta de insectos y vive desnudo, con la piel curtida al sol. Una vez a la semana, se traslada en un bote a comprar comida y agua con el dinero que le envía su familia. «No es la vida más sana, pero encontrar un lugar donde morir es importante, y yo he decidido que este es el lugar para mí», concluyó.

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