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jueves, 23 octubre 2014
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La Razón

Destinos

Tokio: torbellino de luces de neón

  • Los templos tradicionales, los rascacielos, su gente
    y la gastronomía japonesa se unen en las calles de Tokio para ofrecer un espectáculo que no deja indiferente a nadie. La magia del lejano oriente resulta hechizante para los ojos atónicos del viajero de occidente. La experiencia es, simplemente, única
     

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Tokio: torbellino de luces de neón
Tokio: torbellino de luces de neón

Rascacielos que casi pueden tocar las nubes y grupos de gente moviéndose a toda prisa y en todas direcciones son la espina dorsal y el latido de Tokio, una ciudad con personalidad propia que nos deja atónitos. Tras un largo, pero muy cómodo vuelo en el Boeing 787 de la aerolínea ANA, considerado el mejor avión del mundo, aterrizamos en el aeropuerto de Haneda. La primera imagen no defrauda. Todo lo que antes de salir de casa habíamos imaginado se magnifica conforme el taxi nos adentra en la urbe. Tras dejar el equipaje en el Conrad Hotel, las calles de Ginza llaman nuestra atención. Almacenes con larga historia y tradición y boutiques de prestigio llegan hasta donde no nos alcanza la vista.
Desde el Wall Trade Center recibimos un aperitivo visual de la ciudad antes de embarcarnos en el viaje a pie de calle. Y es que este edificio ofrece a los viajeros una vista panorámica de la capital. La urbe desde lo más alto recuerda a un escalextric, ya que trenes, autobuses, coches y personas se cruzan entre los edificios a distintas alturas. Desde cualquier punto de la ciudad se puede ver la nueva Tokio Sky Tree. Esta torre de radiodifusión, restaurante y mirador alcanza los 634 metros de alto.
Akihabara es el lugar de peregrinaje obligatorio de los amantes del manga. Rodeados de japoneses disfrazados de héroes de cómics manga, nos encontramos en un barrio en el que las generaciones de jóvenes avanzan a velocidad de vértigo. Escaleritas de caracol nos sumergen al mundo de los video-juegos. Las últimas novedades en el mercado junto con verdaderas muestras de coleccionista, como la primera Nintendo que salió al mercado, recubren las estanterías de los comercios de la zona. Del paraíso de la electrónica a un hormiguero gigante. Así es como podríamos calificar la zona de Shibuya. Aquellos pasos de cebra zigzagueantes en los que todo el mundo se cruza en todas direcciones dejaron de ser una cosa de película. Esta zona comercial es conocida por el buen precio de sus productos. Luces centelleantes, vídeos e imágenes recubren las paredes de los edificios del distrito.
 Cuando Tokio estaba cerrado al comercio internacional construyeron una isla artificial. En ella colocaron los cañones para protegerse de los enemigos que se acercaran a la ciudad, de ahí su nombre: Odaiba. Tras su apertura al comercio exterior, este distrito se convirtió en uno de los más bellos de la metrópoli. Su playa artificial y la zona de entretenimiento que hay en los alrededores lo convierten en el lugar perfecto en el que pasar los fines de semana. El principal acceso a esta isla es el puente de Rainbow, cuya imagen iluminada por las noches es una de las vistas más emblemáticas de Tokio. Además, en Odaiba se puede encontrar una miniatura de la Estatua de la Libertad.

Ceremonias ancestrales
Tras empaparnos de la arquitectura moderna, nos dirigimos a Asakusa. En esta zona los kimonos acompañan el paisaje. Un farolillo gigante con letras japonesas y dos dioses nos reciben a la entrada del templo. Tras un largo pasillo de tiendas típicas de souvenirs y dulces japoneses, encontramos el templo budista de Asakusa. La tradición manda purificarse antes de entrar. Sumergir la cabeza en humo de incienso o lavarse las manos y la boca en una fuente son algunos de los rituales llevados a cabo por los seguidores de Buda.
Junto con el budismo, el sinoísmo es otra de las religiones japonesas. En el distrito de Harajuku encontramos el santuario sinoista de Meiji. Los paraguas japoneses y los kimonos vuelven a ser los protagonistas en las cercanías del santuario. Tras toparnos con varias bodas, observamos cómo todavía las novias lucen los tapacueros, sombreros tradicionales para esta ceremonia.
El sabor indiscutible de Tokio es el sushi y es que las subastas que se realizan cada mañana en el mercado Tsukiji Fish Market ponen a disposición de restaurantes y comercios el mejor pescado fresco de la zona.
 

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