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sábado, 25 octubre 2014
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La Razón

Columnistas

La España reformista por José María Marco

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En general, los congresos de los partidos políticos sólo tienen repercusión ante la opinión pública cuando los propios partidos entran en crisis. No ha sido este el caso del último congreso del Partido Popular en Madrid. Se ha celebrado en un momento en el que el PP no afronta problemas internos de trascendencia. Esperanza Aguirre, como subrayaban ayer las páginas de LA RAZÓN, se ha convertido en un líder de referencia en su partido, mientras que Mariano Rajoy cuenta con una mayoría absoluta y un apoyo territorial que le garantiza una posición interna indiscutible. Lo interesante del congreso no fue, por tanto, ninguna noticia dramática, sino la confluencia de dos argumentos que sostienen hoy por hoy todo el discurso y la acción política del Partido Popular. Mariano Rajoy volvió a exponer, afirmándolo con más firmeza, su programa reformista frente a la crisis. Rajoy y su equipo saben que en este aspecto no puede haber ninguna tegua. La exigencia viene de fuera, porque nadie, ni los inversores, ni la UE, ni nuestros socios volverán a confiar en España sin que se reduzca el déficit y empiece a cambiar el signo de la deuda pública. También es una exigencia interna. Sin control del gasto estatal, lo que llamamos Estado del Bienestar está abocado a la quiebra, y sin ese mismo control no valdrán las políticas de estímulo. Las reformas y la austeridad no son por tanto una especie de plaga que nos hubiera caído encima por nuestros pecados en los años de bonanza. Las reformas y la austeridad son las condiciones imprescindibles para volver a crecer y para que los empresarios y los autónomos innoven, inviertan y creen empleo en España, que es lo que nos hace falta.

Esperanza Aguirre, por su parte, aportó al congreso regional del Partido Popular una nota especial. Esperanza Aguirre podía haber insistido en el madrileñismo, legítimo siempre y más cuando la Comunidad de Madrid da ejemplo de reformismo y de apoyo electoral, lo que quiere decir que ha encontrado una vía para sacar adelante algunas de las reformas que preconiza el gobierno central sin padecer lo que parece un obligado desgaste. Aguirre, sin embargo, prefirió centrarse en otro motivo, como fue el patriotismo. En la acción política, el patriotismo requiere tener en cuenta siempre la dimensión nacional de los problemas y de las decisiones que se adoptan. Desde esta perspectiva, no hay ninguna decisión, ningún gesto, por pequeño que parezca o por local que sea su repercusión, ajeno a la dimensión española y nacional. Si el Partido Popular consigue mantener estos dos grandes argumentos y profundizar en sus consecuencias, es seguro que la crisis resultará más corta y el mundo que venga después, más amable y más próspero.

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