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miércoles, 16 abril 2014
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La Razón

Columnistas

El día de los que trabajan por José Clemente

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Quienes ayer tomaron las calles de España para celebrar el Día Internacional del Trabajo no son todos asalariados, ni tampoco están en el paro, ni sufren penurias de cualquier signo para llegar a fin de mes. Ni siquiera son todos los liberados sindicales de UGT y CC OO, ni llegan agotados por la noche a sus domicilios después de estar todo el día buscando trabajo de aquí para allá. Quienes ayer tomaron las calles de España, Murcia entre ellas, son una casta de privilegiados que vive lejos de la penuria, del azote del desempleo o, lo que es más, son quienes llevaron a seis millones de españoles a la desesperación, al hastío y, como empieza a ocurrir, al suicidio. Después vino el aperitivo, unas gambas por aquí y unos camarones a la otra mesa como preludio de la gran paella, mientras los dictadorzuelos latinoamericanos emulaban a la nueva señora Perón secuestrando «manu militari» nuestras empresas, como ayer, primero de mayo, hizo Evo Morales con la Red Eléctrica. Las manifestaciones de ayer, como las de días anteriores, se están desinflando como lo hacían las salas de cine bajo el mandato de Teddy Bautista, que sólo lograba llenos completos en las comuniones, bodas y despedidas de soltero. Pero dos mil millones en prebendas sindicales son un dinerillo por el que vale la pena echar un pulso. ¡Qué más da si resulta o no un anacronismo histórico! Como decía Góngora: «Ándeme yo caliente, ríase la gente», los sindicatos deben pensar eso de «dame pan y dime tonto», y a lo que un servidor debe añadir que los estómagos agradecidos, los llamados «pancistas» se conforman con bien poco, ni siquiera una pizca de dignidad o de decencia. Porque es indigno promover la destrucción de empleo y luego lavarse las manos como Poncio Pilatos, y porque es indecente hablar de los trabajadores en general cuando sólo se defienden los intereses en particular, los suyos, vayamos por orden, y los del PSOE, que para eso son lo mismo.

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