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jueves, 21 agosto 2014
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La Razón

Columnistas

Los han «dejao» solos por César Vidal

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Debía de ser el año 1977.  Yo era un sencillo estudiante de Derecho en la Complutense. Una mañana, cuando estaba esperando el autobús para llegar a la facultad, me encontré con un antiguo compañero de colegio.  Era algo más joven que yo y siempre me había parecido tímido e incluso asustadizo. Lo descubrí, sin embargo, trasmutado. En sus ojos, tantas veces atemorizados por los muchachos mayores, brillaba ahora una luz extraña.  En apenas unos segundos, con un gesto que rezumaba orgullo, me contó que se dedicaba a la lucha sindical.  «Le estamos apretando al patrón todo lo que podemos…», me dijo con satisfacción. «Es un cabrón, pero ya se va enterando de quién manda.  Vaya si se está enterando», remachó. En los minutos siguientes, me reveló no sólo el sindicato al que pertenecía sino también que había decidido abandonar los estudios porque le veía más futuro a la labor que desarrollaba.  Se despidió lanzándome una mirada de superioridad.  Yo era un estudiante; él, un defensor de la clase obrera.  No volví a verlo y no sé que habrá sido de él.  Sí me consta lo que otros como él han hecho durante estos años. Estrujaron a las empresas ya en la época de la Transición obligando al cierre de millares y catapultando al paro a millones de trabajadores. Luego fueron acumulando privilegios –muchos más que los que tenían aquellos a los que, despectivamente, llamaban patronos– que lo mismo los llevaron al consejo de administración de empresas importantes que a los de las cajas que ayudaron a quebrar colocando a nuestro sistema crediticio al borde del colapso.  De paso, se aferraron a una legislación surgida del socialismo de camisa azul de la Falange y que ha hecho más por destruir empleo que ninguna otra circunstancia. Nunca defendieron a los obreros.  En todo caso, defendieron su supuesto derecho al resentimiento, a la opresión y a vivir de nuestros impuestos. El resultado es que ahora mismo el número de parados se acerca peligrosamente a los seis millones mientras sus liberados saben que no serán despedidos y que incluso decidirán quién va a la calle y quién conserva la nómina un día más.  En aquel entonces no los conocíamos y, seguramente por eso, había gente que salía a la calle el Primero de Mayo. Ahora los conoce todo el mundo y UGT y CCOO no han logrado ni siquiera que se manifieste la totalidad de sus liberados. He visto en las fotografías al compañero Valeriano, que tanto hizo por destruir empleo con ZP; a Ricardo Martínez, que se llena los bolsillos en un consejo de administración y, por supuesto, a Toxo y Méndez.  No he visto a aquel muchacho.  Quizá, al fin y a la postre, decidió ser un hombre honrado.

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