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miércoles, 22 octubre 2014
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La Razón

Columnistas

Tenencia de armas por José Luis Alvite

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A  pesar de haber transcurrido más de dos siglos desde que fue redactada, nadie se atreve a suprimir de la Constitución de los Estados Unidos el derecho de los ciudadanos a disponer de armas de fuego. Hay en aquel país un debate permanente sobre el asunto y sin embargo prevalece el espíritu de los fundadores de la Unión al consagrar en el siglo XVIII la tenencia de armas como el recurso del que se dotaban a sí mismos los individuos para defenderse del Estado en el caso de que sus gobernantes sucumbiesen a la tentación de atentar contra los derechos y las libertades de los ciudadanos. Lo cierto es que los Estados Unidos deben buena parte de su éxito como nación a la rusticidad de sus principios morales, incluida la reserva explícita de que el pueblo llano pueda alzarse en armas contra sus gobernantes desleales si se temiese por la supervivencia de los valores irrenunciables volcados por los fundadores de la nación en el texto constitucional. Es en ese primitivismo moral  donde podemos rastrear la esencia de una democracia en la que ni siquiera los militares han intentado jamás conculcar el orden constitucional. Miremos a nuestro alrededor y preguntémonos cuál es aquí la situación. Intentemos respirar metiendo las narices en el entramado falsamente democrático del sistema electoral y la organización de los partidos y veremos que nos hemos dotado de un sistema engañoso en el que se consagra con descaro la ventaja electoral de quienes detentan el poder. No nos engañemos. Aquí nadie ignora que la gente corriente lleva las de perder en una carrera en la que los privilegiados toman siempre la salida con un pie en la meta.

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