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miércoles, 23 abril 2014
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La Razón

Investigación

El síndrome del curandero

  • Los santones detectan el llamado «aura» porque sufren sinestesia, un fenómeno neuropsicológico sin origen paranormal

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Un santero celebra un ritual de curación, que, a juicio del estudio, tan sólo tiene un efecto placebo
Un santero celebra un ritual de curación, que, a juicio del estudio, tan sólo tiene un efecto placebo

MADRID-Que algunas personas sean capaces de ver el aura de otras, invisible para la gran mayoría de los humanos, no es nada paranormal. Y además, el aura no es propia de cada individuo, sino una percepción subjetiva de los que la ven. Es la conclusión de un estudio de investigadores de la Universidad de Granada, que dan por primera una explicación científica a este fenómeno. Resulta que entre las personas que aseguran percibir el aura –los curanderos o santones, popularmente– hay una mayor incidencia de la sinestesia, un fenómeno neuropsicológico que «mezcla» los cinco sentidos, al poseer «un cruzamiento entre áreas cerebrales que habitualmente no están conectadas», explica a LA RAZÓN Emilio Gómez Milán, uno de los autores del estudio.

Percepción subjetiva
De esta forma, «dos sinéstetas que miren a la misma persona verán colores del aura distintos y cada uno lo interpretará según el valor emocional que ese color tiene para él», explicó Gómez. Es decir, el aura es «una percepción subjetiva y no universal, pues no dice nada de una persona, sino de si ésta le gusta o no a quien la percibe». Esto no significa que sea una alucinación, pues las conexiones son «automáticas e independientes». Por ejemplo, si un sinésteta ve a un persona verde, lo va a ver verde de manera sistemática y le gustará si le agrada el color.

Por ello, los investigadores advierten del «enorme efecto placebo que provocan los curanderos en las personas». Gómez consideró la sinestesia un «pequeño don, pues se acompaña de más inteligencia intuitiva y emocional y de mayor claridad perceptiva». Estas personas son capaces de ver un sonido, sentir un sabor o paladear el tacto. Esto los dota de una alta capacidad para que las personas se sientan comprendidas y de habilidades de lectura emocional y de sufrimiento. Esto se traduce en una mayor empatía, lo que, sumado al efecto placebo de la fe de sus clientes, hace que sean capaces de ayudar a los demás. Eso sí, no todos los curanderos son sinéstetas, es sólo un colectivo en el que este síndrome es más habitual, algo que ocurre también entre pintores y artistas.

Según el estudio, algunos santones con este «pequeño don» creen en su capacidad para curar, pero «se autoengañan». «Creer que la sinestesia es un poder es como creer que un héroe es un superhéroe. Es sólo una exageración de una facultad para ser empáticos e intuitivos, al tener un sistema de valoración emocional rápido», aclaró Gómez. Así, los expertos inciden en que no se trata de un poder extrasensorial, sino de una percepción subjetiva de la realidad, «aunque sean capaces de sentir el dolor ajeno».

 

«Santón de Baza», sinésteta de manual
Para hacer este estudio, los investigadores se pusieron en contacto con santones de la zona. Uno de los que colaboró fue Esteban Sánchez Casas, el «Santón de Baza». Este curandero presenta diferentes tipos de sinestesia en niveles elevados:
-Caras-color (asocia cada persona a un color)
-Tacto-espejo (cuando observa a una persona que está experimentando dolor, él lo siente también)
- Una alta empatía (capacidad de sentir lo que otra persona)
- Esquizotipia (rasgos de la personalidad con tendencia a formas atenuadas de paranoia y de alucinación).

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