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sábado, 25 octubre 2014
01:32
Actualizado a las 

La Razón

Europa

La España socialista el arma arrojadiza de Sarkozy

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Una imagen del debate
Una imagen del debate

PARÍS- Forma parte de la liturgia electoral entre las dos vueltas de las presidenciales francesas. Un clásico desde 1974 al que ayer no faltaron los aspirantes elíseos. No querían que el esperado cara a cara televisivo se tornase en «guerra» ni en «pelea callejera», pero desde los primeros minutos ambos púgiles saltaron a la arena, prestos a ajustar cuentas sobre la campaña que concluye y antes de entrar en la confrontación de programas. «Yo seré el presidente de la justicia porque atravesamos una crisis dura, grave, que afecta a los más modestos», arrancó Hollande, que se erigió en «presidente de la unión de los franceses». La réplica no tardó en llegar por parte de Sarkozy, mucho más ofensivo y que acusó al socialista de dirigirse sólo al electorado de izquierdas y los sindicatos, contestando las cifras de su rival.

La primera parte estuvo salpicada de constantes escaramuzas verbales entre ambos finalistas, antes de adentrarse en el debate de propuestas durante el que ambos no se dieron tregua alguna. Hollande, que advirtió a su adversario que le sería difícil «pasar por víctima» acusándolo de «no asumir las culpas», defendió sus medidas contraatacando regularmente la gestión de Sarkozy. En particular, la tasa de paro, que se ha duplicado desde 2007, la falta de competitividad o el déficit comercial de Francia.

Un debate de alto voltaje, en el que apenas rebajaron el tono y en el que no dejaron de interrumpirse, contestando mutuamente la veracidad de sus respectivas posiciones a la hora de hablar de impuestos, inmigración, educación o Europa, a la que Hollande dijo dará «una nueva orientación» si es elegido.

«Decir que hemos hecho regalos (fiscales) a lo los ricos es una calumnia, una mentira», asestó el presidente saliente a su contendiente que replicó, sarcástico: «Calumnia más mentira, usted es incapaz de mantener un razonamiento sin ser desagradable».

En cada tema abordado, ambos candidatos se adentraron en pormenores técnicos acreditando un dominio de las cifras y de las distintas políticas aunque sin coincidir en el análisis. También expusieron sus divergencias en materia de enderezamiento de las cuentas públicas, política fiscal, desempleo así como las diferentes vías de alcanzar el equilibrio presupuestario, al que se han comprometido. Sarkozy en 2016; un año más tarde Hollande.

Como ha sido costumbre en esta campaña, la situación de España dio nuevamente lugar a un encendido enfrentamiento en el que ambos blandieron los siete años de socialismo como arma arrojadiza. Sarkozy, que suele describir a José Luis Rodríguez Zapatero como un «inspirador» del socialista galo, señaló que el presidente español fue el único gobernante en haberle recibido. Hollande le repuso recordando los elogios que se intercambiaban el tiempo en que ambos estaban en el poder.

Desde el inicio, el debate tornó en pugilato y así se mantuvo alternando la ofensiva casi a partes iguales, aunque ninguno se dejó desmontar. Ambos esgrimieron argumentos, cifras y golpes bajos con la misma cadencia. Sarkozy aludió a los insultos recibidos por algunos miembros socialistas, reprochó a su rival que no condenara ciertas declaraciones agraviantes contra su persona. Hollande sacó a relucir nombres como el de la multimillonaria Liliane Bettencourt, a quien se investiga por financiación ilícita de la campaña de Sarkozy en 2007.

Si la historia muestra que ningún debate presidencial ha conseguido mover las curvas de los sondeos en más de un punto ni dar la vuelta a las tendencias, en el equipo de Sarkozy creen en el carácter decisivo del encuentro de ayer. A su juicio, hay una parte del electorado que estaría dispuesta a cambiar de opinión, pues estiman que «no hay adhesión a Hollande» y que sólo esperan «ser convencidos».

A tres días de la segunda y definitiva vuelta, los indecisos constituyen una bolsa importante de votos. De hecho, un 11% de los franceses aseguraban poder cambiar de opinión en función del transcurso del debate, según un sondeo realizado por BVA. Entre el electorado del centrista François Bayrou, que hoy dará a conocer su postura de cara a la final del domingo, la volatilidad es aún más importante: un 20%. Las últimas estadísticas, en las que Sarkozy acorta distancias con Hollande, muestran que en este final de campaña en el que el líder conservador ha rebajado el coqueteo con el Frente Nacional, aunque sin descuidarlo, cada vez son más numerosos los electores tanto de Marine Le Pen como de Bayrou, que se decantarían por su candidatura el día 6.

Principalmente, porque el presidente saliente, que espera una movilización masiva de su electorado tradicional y cuenta con que el debate le ayude a ampliar esa base, aparecería como el mejor preparado para seguir combatiendo la crisis.


LA LUPA
El «caso DSK»

En uno de los momentos más duro del debate, Sarkozy declaró que «no aceptaré lecciones de un partido político que quiso apoyar a Dominique Strauss-Kahn». Hollande asumió el golpe y replicó a su rival conservador que «no dudaba de que llegaría usted a este argumento, pero no fui yo quien nombró a DSK al frente del FMI. Debía usted conocerle bien para designarle para esas funciones».
 

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