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    OPINIÓN

    Alfonso Ussía

    RDyO

Ofrecido por:
Iberdrola
lunes, 22 diciembre 2014
18:48
Actualizado a las 

La Razón

Objeto de real seducción

  • Director: Benoît Jacquot. Guión: G. Taurand y B. Jacquot, según la obra de C.l Thomas. Intérpretes: Léa Seydoux, Diane Krüger. Francia/España, 2012. Duración: 100 min. Drama histórico.

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«Adiós a la reina» empieza donde terminaba «La toma del poder de Luis XIV». Si Roberto Rossellini quería retratar los mecanismos de representación de un poder que se concibe a sí mismo desde la celebración de la apariencia, Benoît Jacquot pretende analizar lo que el poder tiene de sublimación del deseo, de faraónica, ambiciosa estrategia de seducción. A la frialdad ritualista y divulgativa de Rossellini le corresponde la inmersión documental de Jacquot, que es muy consciente de que se enfrenta a la crónica de los días previos a la Revolución Francesa en la era de las cámaras ligeras. Sabia decisión la de Jacquot: pesan más los rostros que los miriñaques, y en esa difuminación de lo decorativo se consigue contemporaneizar las denuncias del filme, que no son otras que las de una clase dirigente (¿les suena?) que ha perdido el contacto con los ciudadanos. La película, que registra el nervio y la urgencia de un momento de cambio, está contada desde los ojos de un testimonio privilegiado, alguien que tiene un pie en el pueblo y otro, el que le importa, en los aposentos de la reina. Contamos con la información con que cuenta la lectora que interpreta modélicamente Léa Seydoux, y es su mirada –primero fascinada, más tarde horrorizada– la que nos acerca a los caprichos de María Antonieta (magnífica Diane Krüger), pero también a su astucia manipuladora y a su capacidad para perder la cabeza por amor a una mujer que no le conviene.
   Podría parecer que Jacquot quiere escandalizarnos, pero queda claro que lo que pretende es hacer estallar la Revolución en el terreno del deseo femenino. «Adiós a la reina» saca provecho modélico de su punto de vista: narra la metamorfosis del tiempo histórico desde los abismos de la atracción, allí donde el instinto y la razón mantienen una lucha cuerpo a cuerpo.

 

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