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miércoles, 01 octubre 2014
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La Razón

Cultura

Gô Nagai: «La moda de los robots gigantes volverá»

  • El ilustrador, una de las atracciones de la apertura del Salón del Cómic de Barcelona

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Una Imagen de Mazinger Z
Una Imagen de Mazinger Z

BARCELONA- Si la frase «¡puños fuera!» no les dice nada, ¿dónde estuvieron en los años 80? Pocas series de animación han tenido un público tan fiel entre la chiquillería española como «Mazinger Z». El padre del gigantesco robot que luchaba contra el mal, el dibujante japonés Gô Nagai, fue ayer una de las estrellas del 30º Salón del Cómic de Barcelona. Rodeado por un extenso séquito –además de la traductora, varios familiares y guardaespaldas–, Gô Nagai (Wajima, Japón, 1945) atendió a LA RAZÓN en una de las pocas entrevistas que ha concedido. Y pudimos comprobar que, debajo de la dura carcasa, los robots tienen su corazoncito.

-Con «Mazinger Z» consolidó un género, el de los gigantescos robots que luchan entre sí. Pero con los años se desinfló. ¿Qué ha pasado?
-En la historia, en general, las cosas, los fenómenos, se suceden, y las modas van y vienen. Siempre hay necesidad de buscar cosas nuevas. Cuando yo era pequeño, por ejemplo, dentro del mundo de los robots, «Astroboy» tenía una importancia capital. Luego, ese interés se perdió. Después apareció Mazinger y volvió a subir. La historia se va repitiendo y las modas vuelven. Estoy convencido de que en Japón volverá a haber un «boom» de robots.

-En su discurso hay una cierta nostalgia a la infancia. ¿Hay que ser un niño grande para crear un personaje como Mazinger Z?
-(Asintiendo divertido) Así es, en el corazón siempre queda un niño.

-Ha mencionado a Astroboy. ¿Qué importancia tiene Osamu Tezuka en su obra?
-Capital, fue una influencia enorme. De hecho, si no hubieran existido los mangas de Tezuka, yo no hubiera pensado jamás en ser dibujante de manga.

-¿Sigue la evolución de la robótica hoy en día?
-Recibo influencia de los jóvenes, de las personas que decidieron seguir el camino de la robótica gracias a «Mazinger Z». La robótica me interesa muchísimo: visito exposiciones y asisto a conferencias de investigadores.

-¿Llama la atención de los asistentes a las conferencias?
-Aunque mi campo es la ficción, a menudo me dicen que han llegado hasta ahí porque de pequeños vieron «Mazinger Z» y les despertó el entusiasmo por la robótica.

-Aquí hubo una generación, la mía en concreto, que crecimos con sus dibujos. Nos llamaba la atención aquello de «¡pechos fuera!» del robot Afrodita. El manga daba siempre la impresión de ser más desinhibido que el cómic europeo. ¿Por qué?
-(Entre risas) No conozco tanto Europa como para valorar si sería imaginable un personaje que atacara lanzando sus pechos, en todo caso yo creé a Afrodita desde el corazón de un niño que admira el cuerpo, la figura de la mujer, y desde una perspectiva «naïf», la mujer me parecía algo bonito y poderoso. Quizá eso en Europa no se muestre tan abiertamente y se ponga el freno antes. Esta fascinación por la mujer fue más fuerte en mi caso, porque éramos cinco hermanos, ¡así que en mi casa se veían pocas!

-¿De dónde nació la inspiración para crear «Mazinger Z»?
-Fue un compendio de cosas: por un lado, la influencia de Astroboy y otros robots parecidos, cuando yo era pequeño; por otro, mi fascinación en general por el manga de robots y mi deseo de crear el mío. Hubo un momento, estando en un atasco de tráfico, en que pensé que sería genial que mi robot pudiera ser conducido, que pudiera saltarse el atasco con un piloto. Me di cuenta de que esa era la idea clave.  

-Si volviera a crear el personaje hoy en día, ¿sería diferente?
-Es una pregunta difícil, seguramente sería necesario llegar a un nivel de detalle que no logré en su momento. Sería necesario un robot mucho más realista, más detallado.

-Da la sensación de que en el dibujo actual, ese nivel de detalle, no acaba de satisfacerle.
-No es eso, pero sí es cierto que la carcasa de Mazinger tiene una parte muy simple y si tuviera que detallarla ahora me gustaría introducir elementos más cercanos al ser humano, definir, por ejemplo, qué tipo de músculos tiene este robot, cómo se mueve, qué articulaciones...

-¿Reside en ese aspecto sencillo de los 70 el encanto que conquistó a dos generaciones?
-Tal vez, cuanto más detallado, cuanto más complejo es un diseño, más se acerca a los adultos. En cambio, la sencillez lo acerca a los niños. Mira a Doraemon... Dibujos muy sencillos tienen un «target» muy reducido, en cambio Mazinger lo tenía ya un poco mayor. El nivel de simplicidad está relacionado con la edad del lector o del espectador.

 

La huella de los clásicos
Cuando se le pregunta a Gô Nagai (en la imagen) por sus lecturas, no cita a jóvenes «mangakas» de moda, sino a un autor de novelas de ciencia-ficción como Sakyo Komatsu (1931-2011), un clásico que firmó obras como «Japan sinks» y «Adiós Júpiter». «Cuando era adolescente leí muchas historias suyas. También a todos los clásicos que todos conocemos, muchos de ellos autores de los años 50 que ya no están entre nosotros», cuenta el autor.

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