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domingo, 20 abril 2014
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La Razón

Arte

ANÁLISIS: Cúspide de su producción por Vanessa García Osuna

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l ¿Qué lectura tiene que «El grito» de Munch se sitúe a la cabeza del mercado del arte?
–Es, junto con «La Gioconda», la obra más reconocible de la historia del arte y la cultura popular. En 1895, además, Munch creó una litografía de ella poniendo en marcha su proceso de reproducción masiva. Pintó cuatro versiones de la misma que forman parte de colecciones públicas (el Museo Munch de Oslo y la Galería Nacional de Noruega). La versión que poseía el naviero Olsen –mecenas y amigo del artista– era, de las cuatro, la única aún en manos privadas. Se distinguía de las demás por ser la más colorista y vibrante; la única cuyo marco original contenía un poema manuscrito en rojo del pintor en el que éste habla de la inspiración de la obra, y la única en la que una de las dos figuras del fondo se vuelve para mirar hacia la ciudad. 

l ¿Qué representa el cuadro de Munch en la historia del arte?
–Es una de las contadas obras reconocibles al instante y que trasciende los límites de la historia del arte para convertirse en un icono global. Pintada en 1893, esta témpera y pastel sobre cartón, representa la crisis de la conciencia moderna, en consonancia con la atmósfera pesimista de la época. «La naturaleza gritaba en mi sangre», escribió Munch sobre esta pintura. Y ese grito aún se escucha.

l ¿Qué representa en la producción del artista?
–Es la cúspide de su producción. En Munch hay un antes y un después. Las obras de su primera época, hasta 1908, en las que plasma a muchachas desesperadas, hombres con el pánico dibujado en la cara, niños muertos y paisajes amenazadores dejaron paso, después de que el doctor danés Daniel Jacobson le curara en una clínica de Copenhague de la obsesiones que le habían llevado a una crisis nerviosa, a apacibles escenas de la vida campestre. 

l ¿Era previsible que se hiciera con el trono?
–Pocas veces los coleccionistas e instituciones tienen la oportunidad de adquirir una leyenda del arte moderno. Dado lo inusual que supone la salida a pujas de un genuino icono de la historia del arte, era previsible que pulverizara los récords. Es una obra que suscita tanta conmoción como pavor.

 

Vanessa García Osuna 
Directora de «Tendencias del Mercado del Arte»

 

 

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