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viernes, 24 octubre 2014
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La Razón

Noticias curiosas

La escuela de James Moiben una isla del español en Kenia

  • En una remota pedanía del oeste de Kenia, la escuela de James Moiben -un atleta keniano que fue a España en busca de gloria y terminó financiando una escuela en su pueblo natal- es la única del país africano en la que estudiar español es obligatorio.

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En vez del habitual "¡Mzungu, mzungu!" (vocablo que en el idioma swahili significa "persona blanca"), los niños de este centro, situado cerca de la localidad keniana de Ziwa, saludan al visitante de tez pálida con un "¡Hola!, ¿cómo estás?". El responsable de esa bienvenida en castellano es el keniano Kennedy Magio, titulado en Turismo y profesor de español en la escuela y en la Universidad de Moi, en la cercana ciudad de Eldoret.


Una vez por semana, Magio imparte clases de español, idioma que, según el fundador de la escuela, James Moiben, se estudia como agradecimiento a la acogida que le dieron cuando llegó a España para competir y "porque lo habla la gente por todo el mundo".


El profesor explica que los niños (que hablan la lengua nandi, propia de esa región de Kenia) encuentran dificultades "con la pronunciación de las palabras que tiene la ce, la jota y la eñe" debido a la ausencia de esos fonemas en su idioma materno. Para desatascar este problema, el trabalenguas que el profesor propone a sus alumnos es repetir en voz alta "arroz, judías y fríjoles", lo que provoca las carcajadas de los chavales, todos ellos uniformados en verde.


Una vez terminada la clase del profesor Magio, los estudiantes asaltan a preguntas al visitante, y muestran interés por el sistema educativo español, como Naomi, a quien le gustaría estudiar Derecho en España. Quien ya ha estado en España es Purity, una alumna de 13 años que, después de pasar unas semanas en el país europeo, volvió a la escuela con un nivel del idioma muy superior al de sus compañeros.


Ante la cámara, Purity -igual que el resto de sus compañeros-, sólo responde con tímidos monosílabos en español, pero una vez se termina de grabar el intento fallido de entrevista, le dice al periodista con total naturalidad y un acento perfecto: "¿Quieres venir a comer con nosotros?" Aunque la escuela de Ziwa es la única de Kenia en la que es obligatorio estudiar español, existen unos setenta centros repartidos por el país en los que la materia se puede cursar de manera opcional, según datos de la Embajada de España en Nairobi.


En conversación telefónica con Efe desde su casa en Guadalajara (centro de España), Moiben afirma que construyó la escuela "porque los políticos no quieren que la gente estudie y así pueden comprar los votos", y para paliar las dificultades educativas a las que se enfrentó en su niñez.


Además, ahora mismo, el atleta busca convenios con la Universidad Carlos III de Madrid para que los alumnos puedan estudiar en España, aunque no oculta las dificultades que encierra la gestión y financiación de su escuela, situada en el valle del Rift, la cuna de la mayoría de los mejores fondistas del planeta. La de James Moiben es una escuela privada, como otras casi 1.500 en el país africano, y el coste para los alrededor de 200 alumnos -que estudian, comen y duermen en el centro- es de unos 30.000 chelines kenianos al año, equivalente a unos 270 euros ó 360 dólares, aunque el fundador asegura que algunos estudian gratis.


A pesar de que la escuela existe tan sólo desde 2008, se ha situado rápidamente entre las mejores del país, y en los recientes exámenes nacionales de educación secundaria, que dan acceso a la universidad, las buenas notas de sus alumnos la auparon al puesto 302 de los 5.362 colegios de Kenia.


Las aulas llevan los nombres de amigos españoles de Moiben, por lo que, en este rincón de Kenia, hay un pequeño lugar para el homenaje a gente como Julito Molina, Álvaro Barbas o José Luis Ros, ya que le acogieron "como a un hijo" a su llegada a España. La despedida, al salir de la escuela, se conoce de antemano: en vez del "kwaheri" o "karibu tena" swahili, o del "bye bye" inglés, los alumnos entonan un "¡adiooooós!".

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