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miércoles, 23 abril 2014
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La Razón

Columnistas

La difícil maternidad por Cristina L Schlichting

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Qué decirles de las madres. Todos ustedes tienen una, en el cielo o en la tierra. Según un estudio de Procter and Gamble, más de la mitad de ellas se dan por satisfechas con que sus hijos les manifiesten agradecimiento ¡con un abrazo! Apenas un gesto, a cambio de una vida de desvelos. La misma encuesta analiza que el tiempo que una madre española tiene para sí misma es de 39 minutos diarios, pero que, si tiene que optar, prefiere dedicarlo a sus hijos. Y a menudo renuncian a él. Así son ellas. En nuestra sociedad se acumulan los obstáculos a la maternidad, que llega a convertirse en un desafío titánico, una tarea heroica. En estos días hay factores socioculturales que están contribuyendo con más eficacia a la reducción de la natalidad que el aborto o los anticonceptivos. Me refiero, por ejemplo, al desprecio del trabajo doméstico y educativo. Las madres no quieren serlo (igual que los padres) porque no es deseable, porque no satisface el ego educado en una sociedad materialista y competitiva. Tampoco tienen el tiempo que requiere la crianza. Apenas hay espacio en la agenda que no esté dedicado al trabajo, sea éste extra o intradoméstico ¿cómo van a tener hijos las parejas que ni pueden asignar media hora a mirarse el uno al otro? Incluso en el caso de que se haya optado valerosamente por tener críos, en muchos casos a la dificultad de educarlos se suma posteriormente la soledad de los cónyuges porque más o menos la mitad de los matrimonios o relaciones actuales se rompe, de modo que una enorme cantidad de madres (y cada vez más padres) crían solas a sus hijos. ¡En esos casos, los 39 minutos de tiempo libre, desde luego desaparecen! Finalmente me gustaría dedicarle algunas líneas a un fenómeno del que soy atónita espectadora y del que nadie habla: la soledad de la mujer y madre que tiene a su lado un varón aniquilado. Ignoro por qué ocurre exactamente. No sé si es por culpa de un discurso feminista agresivo y trasnochado, proclamado durante décadas, o por el desplazamiento de los hombres de los puestos tradicionalmente considerados «masculinos», lo cierto es que abunda cada vez más un tipo de señor inseguro, vicario, incapaz de coger las riendas de las situaciones difíciles, del que sus mujeres hacen comentarios monocordes: «Estoy harta de tirar del carro sola». Esas situaciones son con frecuencia prólogo del divorcio o la separación. No puedo añadir más. Ignoro si mis escasos lectores pueden aportar datos de lo que está ocurriendo, o razones antropológicas o históricas más profundas, pero me parece que ha llegado la hora de abrir un debate sobre la dificultad de la sociedad occidental para perpetuar los roles de padres y madres. Entre otras cosas porque, de otro modo, dejaremos de reproducirnos. Y el concepto de «día de la madre» será un bello recurso estilístico o un objeto arqueológico.
 

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