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jueves, 24 julio 2014
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La Razón

Sevilla

Mercedes Castelló / guía turístico: «Hubo quienes quisieron hundir la Expo y otros que le dieron todo»

  • Trabajó como azafata desde los inicios del proyecto y luego en el recinto

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«Nos cogió la Guerra de Yugoslavia, que pasaba delante de nuestras narices»
«Nos cogió la Guerra de Yugoslavia, que pasaba delante de nuestras narices»

SEVILLA- Tiene la misma ilusión que cuando anunciaba la Expo'92 a los futuros inversores ante una «zanja» en la que se suponía que iba a estar un pabellón. Mercedes Castelló vive en Barcelona, donde es guía turístico, y fue una de aquellas azafatas que mostró Sevilla al mundo.

–¿Cómo entró en esta aventura que fue la Expo'92?
–Estaba estudiando Historia del Arte y trabaja como azafata de congresos mientras hacía la carrera. En el mundillo de las azafatas se corrió la voz de que iban a necesitar personal para la exposición y me presenté. Me preguntaron que si alguien con una carrera universitaria no se iba a ver menospreciada al andar con un uniforme de azafata, a lo que yo les respondí que me encantaba el trabajo. Comencé haciendo visitas de protocolo llevando a ministros y demás personalidades a una zanja en la que no había nada.

–¿Había mucho escepticismo?
–Era bestial, ni la gente de la ciudad se lo creía. Los que más confianza tenían en la Expo eran los de fuera. Teníamos que aguantar el «cachondeíto» sevillano porque nos decían: «¿Para qué explicáis esto si al final no se va a hacer?». Había un gran sentimiento anti-Expo. A medida que se acercaba el evento se fue contagiando la ilusión, afortunadamente, porque el éxito es que los sevillanos estaban allí día y noche.

–¿Cuál fue el momento más importante de todo ese tiempo?
–El que recuerdo con más cariño es el del día de la inauguración. Yo había visto crecer todo aquello, rodeado de tanto escepticismo, aunque estaba convencida de que se lograría, que ese 20 de abril, que estábamos en Feria, fue muy emocionante para mí y se convirtió en un sueño hecho realidad.

–¿A qué se dedicó?
–Me repescaron en el pabellón de IBM, donde junto con otros compañeros hice el primer periódico electrónico que se elaboró en España. Hoy en día es algo muy normal, pero en ese momento aquello era una hazaña. No teníamos internet y cogíamos las fotos con teletexto. Nos pilló la Guerra de Yugoslavia, por lo que fue muy emocionante intercalar noticias muy «light» con otras muy duras que pasaban en Europa delante de nuestras narices. Ése quizás sea el aspecto más triste de aquello. También hice el programa escolar «Asómate a la Expo».

–Supongo que como visitante también disfrutaría...
–El espectáculo nocturno y los conciertos fueron los que más me gustaron. Aunque era un poco estresante, porque a la vez actuaban importantes grupos y había que elegir entre grandes opciones. Recuerdo que mis amigos venían a verme cuando yo terminaba.

–Le contó la Expo a mucha gente. ¿Cómo lo haría ahora para alguien que no la visitó o nació después de su celebración?
–Fue la reunión de una gran cantidad de países para celebrar la cultura, la gastronomía, la música o la arquitectura. Todo ello mezclado muy bien con el espíritu sevillano, que fue lo que le dio el verdadero éxito. Con posterioridad, he estado en varias exposiciones y no han llegado ni de lejos. Yo viví las dos caras del «sevillanismo». Hubo quienes quisieron hundirla y otros que le dieron todo. para que saliera adelante Nosotros no tenemos términos medios. Sí es cierto que luego no se gestionó bien. Pasaba por la Cartuja y me moría de pena.

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