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jueves, 18 septiembre 2014
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La Razón

Cataluña

El PP se erige como la brújula para evitar la deriva soberanista de Mas

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Sánchez-Camacho saluda tras su discurso antes de comenzar la votación
Sánchez-Camacho saluda tras su discurso antes de comenzar la votación

BARCELONA- Como el PSC y CiU, el Real Madrid y el Barça de la liga política catalana, el PP catalán celebra este fin de semana su XVIII cónclave en el Palacio de Congresos de Cataluña. Atrás quedan los hoteles revestidos con moqueta de color azul corporativo y olor a naftalina.
El partido de Gobierno en Madrid y socio preferente del Govern en Cataluña, hasta que el pacto fiscal diga lo contrario, eligió un sitio más acorde con su nuevo «status» de tercera fuerza política en el Parlament para refundarse. No sólo con la puesta en escena, también con los discursos se esforzó por enterrar la etiqueta de  «vetusto» que le cuelgan el resto de partidos y reafirmarse como la única fuerza de la oposición capaz de reconducir los errores del gobierno de Artur Mas, que navega hacia una deriva independentista.

Si hace cuatro años el objetivo primordial era dar estabilidad a un partido sin rumbo, dividido y agotado tras sucesivas guerras cainitas, ahora, la prioridad de Alicia Sánchez-Camacho, que ayer fue reelegida como presidenta del PP catalán con el apoyo del 92,07 por ciento de los compromisarios, es erigir al partido como segunda fuerza política. ¿Cómo? Metiéndose en el bolsillo al votante desencantado con el PSC y al votante del centro derecha catalán que no quiere subirse al barco que Artur Mas capitanea hacia el Estado propio.

Financiación singular
En el discurso con el que se postuló como única candidata a la presidencia del PP catalán, Sánchez-Camacho, erigida por la militancia como símbolo del resurgir del partido, sacó pecho ante Mas. «Algunos hablan de que tienen el timón, pero el barco apenas se ha movido. Les falta la brújula y esta brújula la tiene el PP», dijo en clara alusión al president de la Generalitat. Y la brújula popular dirige a Cataluña hacia la «normalidad», evita la confrontación con la que «algunos» amenazan a España y garantiza la cohesión.

Después de que los 1.008 compromisarios ratificaran la apuesta de la dirección del PP a favor de un trato diferencial para Cataluña en materia de financiación, Sánchez-Camacho se ofreció a Mas para negociar el nuevo modelo fiscal. Fue hábil, a una semana de reunirse con el president para escuchar su propuesta de pacto fiscal, le avisó de que no aceptará una Hacienda pública en Cataluña que suponga la insumisión respecto de la actual Agencia Tributaria.

El PP defiende un trato diferencial para Cataluña en materia de financiación, pero manteniéndose dentro de la Ley Orgánica de Financiación de las Comunidades Autónomas (Lofca). Aunque rechaza tener la llave de la caja, tal y como defiende CiU, apuesta por un modelo más equilibrado entre lo que aporta y recibe Cataluña, qeu ofrezca resultados similares a los del concierto vasco y navarro.

Una imagen, dos momentos
El cónclave contó con tres ministros, Jorge Fernández, que actuó como presidente,  Ana Mato, que insto a Mas a entenderse con el Gobierno, y también el titular de Industria, José Manuel Soria. Actuaron como estandartes del nuevo PP catalán, que en cuatro años ha dado un vuelco de 180 grados hasta convertirse en tercera fuerza política en el Parlament, gobernar con CiU en la Diputación de Barcelona, llevar la batuta de la alcaldía de Badalona y Castelldefels e influir en la gobernbilidad de Barcelona.

Mato, que estuvo en el anterior cónclave, admitió que «nunca olvidaré aquel congreso en el que las aguas no bajaban tan mansas». Entre ambos sólo hay una imagen que se repite, el abrazo entre Fernández y Sánchez-Camacho tras saberse vencedora. Aunque entonces los dos suspiraban tras ganar con un resultado ajustado  y ayer, sonreían por el trabajo «bien hecho».

 

EN PRIMERA PERSONA
La dama de las nuevas metas; por Sonia Doménech

Con paso firme y sin descanso. Así trabaja Alicia Sánchez-Camacho (Barcelona, 1967), la mujer que quiere desbancar al PSC de la segunda posición. Determinación no le falta, así ha sido desde que a los 18 años abandonó Blanes para estudiar Derecho en Barcelona hasta llegar al nivel de juez sustituta. Tras ser subdirectora general de Formación Profesional y directora general del Instituto de Seguridad e Higiene en el Trabajo, se fue como consejera laboral de la embajada española en Washington. Antes de regresar y tomar las riendas del PP en Girona, fue delegada de la ONU en Nueva York. Sabe que el inglés es clave para moverse por el mundo y de ahí su defensa a ultranza de una educación trilingüe. Cuando fue elegida candidata del PP a la Generalitat no era diputada del Parlament, como había sido de 1999 a 2004, pero  no le amilanó tener que acudir en las sesiones importantes a la tribuna de invitados. Entonces ya había hecho buenos amigos en el Congreso, donde fue diputada entre 2004 y 2008. A Madrid sigue yendo cada semana para ejercer como portavoz de la comisión de Trabajo en el Senado.
Cuando hoy acabe el XIII Congreso del PP catalán que la afianza como líder se perderá durante unas horas con su pasión más allá de la vida política, su hijo Manuel.
 

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