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sábado, 20 diciembre 2014
04:17
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La Razón

Chocante como poco por Alfonso Ussía

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Los movimientos en la banca se han producido siempre sin que se me haya concedido la oportunidad de intervenir en sus intríngulis. Es un mundo que se me ha cerrado y que no tiene la menor intención de abrirme sus puertas. Pero no se escapan a mi natural capacidad de análisis las grandes sorpresas. Por ejemplo, la dimisión de Rodrigo Rato de la presidencia de Bankia después de ocho meses tan sólo en el cargo. Para mí, que Rodrigo Rato se va demasiado de los sitios. Sorprendió su dimisión de la dirección del Fondo Monetario Internacional, y ahora con Bankia mantiene su capacidad de crear confusión. Se dice que Rajoy ha intervenido y que Rato ha asumido los consejos del Presidente del Gobierno acatando la disciplina de partido, pero no me encaja el puzzle. Escribo de la banca seria y solvente. Hay tres cosas en la vida de muy difícil consecución. Ser cardenal de la Iglesia, presidente de un gran banco y Messi. El resto está al alcance de cualquiera, incluyendo en el resto alcanzar la presidencia de los Estados Unidos. Cuando Jimmy Carter ganó las elecciones, lo dejó muy claro su madre. «Me ha sorprendido mucho la victoria de Jimmy, porque siempre ha sido el más tonto de mis hijos». No se equivocó la madre ni en su sorpresa ni en su pesimismo. Las madres conocen muy bien a sus retoños.

Me ha extrañado que sin reunión del Consejo de Administración haya sido nombrado el sustituto de Rato en la presidencia de Bankia, el eficaz y sonriente José Ignacio Goirigolzarri, del que tengo los mejores informes. Goirigolzarri, formado en Deusto, fue consejero-delegado del BBVA y según tengo entendido, contribuyó brillantemente a la expansión del gran banco español nacido de la unión del Bilbao, el Vizcaya y Argentaria. Cuando Francisco González le comunicó que no tenía intención alguna de abandonar la presidencia del BBVA, Goirigolzarri, sin perder la sonrisa, decidió abandonar el banco a cambio de una modesta liquidación de utilidades. Ingresó en su cuenta 61 millones de euros, que no es cifra a minusvalorar en los tiempos que transcurrimos. Cuando supe del montante de su indemnización, legal a todas luces y aprobada por el Consejo de Administración y la Junta General de Accionistas, comprendí mejor la permanente sonrisa que ilumina su rostro. Pero no siempre lo legal resulta bonito, y me pregunto si no hay más personas competentes en la banca española para sustituir a Rato que el señor Goirigolzarri. Se me antoja que personajes como él o como Corcóstegui, que también ingresó una suculenta indemnización por irse del Santander, están amortizados para volver a trabajar en el negocio bancario.Con los euros que cobraron, bien invertidos, tienen para asegurar el futuro de varias generaciones. No se trata de legalidad o ilegalidad, sino de estética y antiestética. El tacto, eso que a veces les falla a los políticos.

La banca está sometida a muchas mentiras y demagogias. Un sistema bancario fuerte y libre es fundamental para el desarrollo de España. Pero se producen grietas en su credibilidad cuando la calle, que no lo está pasando bien, advierte que no se respeta su sufrimiento en las alturas políticas y económicas. Ningún impedimento legal entorpece la llegada de Goirigolzarri a Bankia. Sí, en cambio, el impedimento ético. Cada día que pasa hay más distancia entre los que viven encima de la boina y los que lo hacemos debajo de ella, que somos casi todos. Es probable que la vuelta de Goirigolzarri sea buena para Bankia. Pero no para el paisaje social.


 

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