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domingo, 23 noviembre 2014
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La Razón

Destinos

El alma cultural de Croacia

  • El carácter mediterráneo y la esencia de Centro Europa pasean cogidos de la mano en las calles de la cosmopolita Zagreb. La capital croata sorprende por sus bulliciosos mercados, su legendario tranvía, sus curiosos museos y su animada vida nocturna.
     

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Se dice que Zagreb tiene alma, y de un primer vistazo entendemos esta afirmación, pues desde el primer momento la ciudad resulta atractiva e interesante. Si sus piedras reflejan una valiosa amalgama en la que predominan los estilos clasicista y de la secesión del Imperio austrohúngaro, sus habitantes también responden a un rico legado genético: ojos azules, malvas, marrones, negros, cabellos azabaches y dorados…

La capital de Croacia es una urbe a medida, ni muy grande ni pequeña, con un bagaje cultural que ha sabido combinar las artes, las letras, las ciencias y un «saber vivir» que se pulsa en la calle llena de gente paseando o sentada en alguna de las muchas cafeterías y bares que le dan ese toque desenfadado a la ciudad. A Zagreb hay que caminarla y debemos hacerlo sin prisa, abriendo sus cartas poco a poco, pues esconde varios y polifacéticos «ases», como la obra «Pozo de la Vida», del escultor Ivan Mestrovic, o la plaza del poeta Peter Preradovic, llamada «plaza de las flores» por sus aromáticos puestos.

En el bullicioso mercado de Dolac, bajo las sombrillas rojas y la mirada picaresca de la estatua del héroe popular Petrica Kerempuh, se exponen productos de temporada, ya sean setas otoñales, fresas primaverales, quesos frescos o pescado.

Las compras de la calle Ilica, la más larga de Zagreb con seis kilómetros de longitud, satisfarán las mayores exigencias con su variedad de tiendas y boutiques. Y en un pequeño recoveco de esta columna vertebral urbana se esconde el legendario tranvía «uspinjaca» que sube a la Ciudad Alta. Una vez arriba, el Zagreb solariego hace acto de aparición, especialmente cuando se encienden las farolas de gas y la estampa de la iglesia de San Marcos con su techo vidriado multicolor de tan bella se hace irreal, hechizo que va «in crescendo» al entrar en la plaza de Katarina y la de los Jesuitas, cuyo antiguo convento transformado en museo guarda celosamente la escultura del «pescador de serpientes».

Cenar en el restaurante Pod Grickim Topom de la Ciudad Alta permitirá observar una impresionante panorámica del ocaso de Zagreb, con sus tejados rojos y negros iluminados, mientras probamos su pescado a la plancha, el risotto de gambas o la carne con salsa dálmata.

No hay que olvidar la visita al Museo de Mimara, en la plaza de Roosevelt, pues presume de tener  más de tres mil piezas de enorme valor artístico, desde obras clásicas hasta los objetos del antiguo Egipto que el pintor y restaurador Ante Topic Mimara y su esposa Wiltrud donaron al museo.

La velada en el Teatro Nacional croata, en la plaza del Mariscal Tito, promete ser una noche inolvidable. Desde que Francisco José I inauguró en 1895 el impresionante edificio neobarroco, por su escenario han pasado artistas croatas e internacionales de renombre, como Franz Liszt, Sarah Bernhardt, Vivian Leigh o Lawrence Olivier.

Para sentirse un auténtico zagrebíe hay que ir a la plaza Ban Josep Jelacic, punto de encuentro y de fisgoneo donde se observa el latido de Zagreb. Allí los chavales se apoyan a los pies de la estatua, y aunque parecen no levantar la vista del iPod, no se les escapa nada, y menos las guapas croatas que hacen todo lo posible por no pasar desapercibidas. Los niños se deslizan en sus patinetes y los turistas japoneses lo fotografían todo, mientras que los mayores contemplan impasibles el devenir de unos y otros.

La calle Tkalcic, antaño arroyo Medvescak y frontera natural de Kaptol y de Gradec (las dos poblaciones de las que nació Zagreb), está repleta de bares y restaurantes en los bajos de sus coloridas casas. Entre ellos se distingue aquel con aspecto de casa de muñecas que responde al nombre de Ivica i Marika y goza de una naturalista excelente.

Imposible dejar Zagreb sin visitar Mirogoj, uno de los cementerios más hermosos del mundo, obra de Herman Bollé. El muro rojizo coronado con cúpulas azules esconde una exuberante arboleda donde se suceden las sepulturas de piedra y bronce de artistas, humanistas y luchadores por la libertad. Ya dice el proverbio:«Y nunca ha de morir quien sigue vivo en la memoria y ha quedado plasmado con mano artística en bronce o piedra».

FICHA
>> Cómo llegar. A partir del 16 de junio y hasta el 16 de septiembre, Iberia ofrecerá dos vuelos directos a la semana entre Madrid y Zagreb, así como cómodas conexiones con vía la T-4 de Barajas.
>> Oferta. En iberia.com puede comprar billetes de ida y vuelta a Zagreb desde 238 euros, todo incluido (precio vigente al cierre de esta edición).
>> Más cómodo. En estos vuelos está disponible la Business Europa, con más espacio y menús basados en la dieta mediterránea.
>> Desde la web. Puede descargarse en Iberia.com la tarjeta de embarque para viajar a Zagreb desde el día anterior hasta dos horas antes de la salida de su vuelo.
>> Asistente virtual. Si le surgen dudas sobre su vuelo, en iberia.com tiene un asistente interactivo.
>> Más información. En iberia.com, Serviberia (902 400 500), oficinas de Iberia y agencias de viajes.
 

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