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jueves, 17 abril 2014
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La Razón

Madrid

Cibeles a reventar

  • Faltaron sillas para acoger a los invitados de Ana Botella Ministros, cervezas y bolsos «flúor» marcaron el día

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MADRID- La fiesta de San Isidro fue la más concurrida de los últimos tiempos. Mil personas quisieron estar en el primer patrón que celebraba como alcaldesa Ana Botella, tanto que sólo había asiento para 870. La nueva regidora estuvo acompañada por varios representantes del Gobierno, además del ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, que recibía la  medalla de Honor del Ayuntamiento de Madrid. También estuvieron allí el secretario de Estado de Administraciones Públicas, Antonio Beteta, y el subsecretario de Estado de Justicia, Juan Bravo, que comentó a sus antiguos compañeros de corporación y a los periodistas lo mucho que echa de menos trabajar allí. 
Entre las anécdotas del día estuvo el discreto patrocinio que Cruzcampo realizó del aperitivo que se ofreció a continuación del acto o el triunfo del bolso del verano en colores flúor que llevaba al menos una docena de las asistentes. Como ocurrió en la celebración del Dos de mayo, Ana Botella no dejó de fotografiarse con varios invitados. También fue curioso que Alberto Ruiz-Gallardón firmase unos autógrafos a varios trabajadores del Samur Social.
También hubo quien no disfruto tanto del acto. Por ejemplo el líder de los socialsitas, Tomás Gómez, que no dejó de hacer muecas de incredulidad a su compañera, Maru Menéndez, durante el discurso de Gallardón. Su compañero Jaime Lissavetzky, así como el portavoz municipal de Izquierda Unida, Ángel Pérez, fueron de los primeros en abandonar el Palacio. Casi sin felicitar a los galardonados. Otra de las protagonistas fue la delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes, que no llegó siquiera a oler los canapés de tanto que fue requerida por invitados y prensa a cuenta de las manifestaciones del 15-M.


«Indignaos» y chulapas, en la pradera
Entre los actos convocados por el Movimiento 15-M para su aniversario estaba «San Isidro Indignado #tomaelrío», que consistía en una celebración festiva en el parque de MadridRío con pasacalles, una comida popular y una asamblea sobre la privatización del Canal de Isabel II. La convocatoria no debió de tener mucho éxito o quizás demasiado, porque los «indignados» decidieron que las reivindicaciones serían mucho más entretenidas si acudían a la pradera de San Isidro, donde unos 300 simpatizantes del movimiento disfrutaron de la fiesta junto con los clásicos puestos de entresijos, gallinejas y rosquillas. Junto a ellos los más tradicionales del 15-M, los chulapos y chulapas, no dudaron en marcarse chotis y pasodobles frente a la ermita del Santo.

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