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jueves, 24 julio 2014
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La Razón

Madrid

Golpe a «Los Gordos» el clan de clanes

  • La Policía desarticula el mayor «bunker» de menudeo de droga y detiene a 20 de los «gordos». Les acusan de«crimen organizado». La familia gitana, afincada en Madrid desde los 80, había logrado que otros clanes de la Cañada trabajaran para ellos

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Entre los ocho kilos en joyas de oro incautadas destaca la medalla con la imagen (hasta ahora desconocida) del matrimonio Motos-Hernández (cabecillas del clan) y una «reliquia»: la pinza del cordón umbilical de uno de sus hijos bañada en oro. Muchos toxic
Entre los ocho kilos en joyas de oro incautadas destaca la medalla con la imagen (hasta ahora desconocida) del matrimonio Motos-Hernández (cabecillas del clan) y una «reliquia»: la pinza del cordón umbilical de uno de sus hijos bañada en oro. Muchos toxic

MADRID- Todo el «caballo» que salía de Valdemingómez lo hacía bajo su control. Unos 25 kilos de heroína al mes últimamente, según fuentes policiales, más ingentes cantidades de cocaína –el estupefaciente más demandado– y hachís. Hacían unos 60.000 euros de caja diarios. El clan de «Los Gordos», golpeado fuertemente por tres operaciones policiales en los últimos 18 meses, ha vuelto a caer. Esta vez lo ha hecho también el matrimonio capataz: Adela Motos García, de 40 años, y Juan José Hernández Ramírez, de 41. Pero ellos no vivían en el infame poblado chabolista del sector VI de la Cañada Real, donde tenían el negocio, sino en la avenida Andaluces del Pozo (Puente de Vallecas), ni por supuesto tocaban la droga. Son sólo dos de los 20 detenidos por la Policía Nacional y, al contrario de lo que se acostumbra a ver en estos casos, el juez ha dictado para 18 de ellos prisión provisional a la espera de juicio. Además, por primera vez en la historia se les ha imputado también un delito de crimen organizado.

«Los Gordos», amantes del buen comer (de ahí su apodo), los coches de lujo y, sobre todo, el oro, habían logrado «achantar» a la competencia y los clanes menores habían adaptado sus horarios de venta de estupefaciente a las exigencias de «Los Gordos». Incluso, algunos trabajaban para ellos. La operación policial se efectuó el pasado 10 de mayo tras casi medio año de investigación, cuando los agentes del Grupo XIV de la Udyco –tras investigaciones de la Policía Judicial de Madrid– irrumpieron en tres chabolas blindadas de Valdemingómez: las parcelas 70 B y la 87 B, y en el número 86 de la calle Francisco Álvarez, la única calle «legal» de la Cañada y que discurre paralela al sendero más inhóspito de Madrid. De forma simultánea, los agentes entraban en otras cuatro viviendas fuera de la vía pecuaria: la del matrimonio patriarca en la avenida Andaluces del Pozo, otra en la calle Besolla, en la calle Matilde Hernández y otra en la calle Francisco Ayala, esta última de San Sebastián de los Reyes.

El matrimonio Hernández-Motos, que incluso tenía una medalla de oro con su foto estampada, supervisaba cada movimiento del negocio, que contaba con un almacén (no había movimiento alrededor, por lo que no haría sospechar a la Policía) y dos puntos de venta en la Cañada. Cada vez que algún miembro del clan iba al almacén a por material, las precauciones en todo el poblado eran extremas. Contaban con personas que vigilaban desde distintos puntos y daban aviso si hubiera algo fuera de lo habitual. La venta del estupefaciente se llevaba a cabo en las otras dos parcelas, que eran puntos de venta operativos las 24 horas del día. Para ello, los Motos-Hernández habían elaborado turnos de trabajo a cuyo frente ponían a personas de su total confianza. La   pareja supervisaba incluso la puntualidad de estos individuos, a los   que premiaban su eficacia pagándoles después la cantidad convenida. A los «machacas», como es habitual, les pagaban en dosis de droga.

Además de los 20 detenidos (12 hombres y ocho mujeres) de entre 35 y 45 años, la Policía busca a uno de los ocho   hijos del matrimonio apodado «El Bola». Aparece en las fotos de las vacaciones familiares a la costa valenciana, unas instantáneas en las que se les ve disfrutando del verano en un yate. Además, también solían hacer visitas a caros prostíbulos e incluso financiaban algunas fiestas flamencas, según fuentes polciales.

En total, los agentes se han incautado de diversos efectos valorados en medio millón de euros, 84.000 euros en billetes, tres kilos de cocaína, 700 gramos de heroína y 600 gramos de sustancias para adulterar la droga. Con toda esta cantidad de estupefaciente, el clan sólo tenían para ir tirando durante dos o tres días, según fuentes policiales. Los agentes también requisaron de dos pistolas y una escopeta, una granada de fragmentación, cuatro vehículos, dos de ellos de alta gama y ocho kilos en joyas cuyo valor estimado ronda los 240.000 euros. La macro operación policial, que ha concluido con el derribo de las infraviviendas «bunkerizadas» fue explicada ayer por la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes y por el jefe Superior de la Policía en Madrid, Alfonso Fernández Díez. Cifuentes destacó que esta operación ha supuesto «un severo golpe» para la venta de droga y por lo tanto para las «cundas» o taxis de la droga que operan en la zona de Lavapiés, que tenían como uno de sus principales puntos de destino las casas de esta organización.

 

El detalle
LOS «MOTOS»

«Los Gordos» son el clan de la droga más famoso de Madrid. Les ha costado muchos años de trabajo labrarse un nombre en el complicado mundo del narcotráfico en la región. El apellido predominante entre los detenidos de esta operación es Motos, ya que el patriarca que creó el imperio de la droga del que han vivido hasta tres generaciones posteriores era Antonio Motos. Él llegó desde Extremadura hace ya muchos años y, tras pasar por La Rosilla (demolido en 1999) y Las Barranquillas, se quedó en la Cañada Real. Como buenos gitanos, el oro y la ostentación es la pasión común de esta familia de miembros conocidos por su sobrepeso. El apodo de «Los Gordos» viene de ahí y de ser los «peces gordos» de la droga. También son conocidos por su violencia (no dudan en utilizar armas) y porque sus «machacas» daban el «agua» con walkies y decían «Popeye» si llegaba la Policía o «Olivia» si el peligro ya había pasado.

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