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viernes, 31 octubre 2014
17:38
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La Razón

Oriente Medio

Egipto elige presidente en el nombre de Alá

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Barbas y velos han protagonizado buena parte de la campaña electoral.  Los candidatos han puesto el acento en el debate sobre la religión para captar los votos de los egipcios
Barbas y velos han protagonizado buena parte de la campaña electoral. Los candidatos han puesto el acento en el debate sobre la religión para captar los votos de los egipcios

El Cairo- Cincuenta millones de egipcios acuden hoy y mañana a las urnas para elegir al sucesor del ex presidente Hosni Mubarak: después de treinta años de dictadura, podrán escoger a un faraón de entre doce candidatos, de diferentes tendencias políticas y de forma relativamente libre, aunque la religión jugará un gran papel a la hora de decidir quién pasará a la segunda vuelta, prevista para el 16 y 17 de junio. De momento, no parece que ninguno de los aspirantes pueda hacerse con más del 50% de los votos entre hoy y mañana.

«Si votara sin miedo, lo haría por Jaled Ali» (el candidato más revolucionario, pero con muy pocas posibilidades), dice Hani, un joven perteneciente a la minoría cristiana del país. «Pero he decidido finalmente votar por Amro Musa», admite avergonzado a LA RAZÓN este activista que salió a la calle contra Mubarak y ahora no le queda más remedio que optar por un hombre que proviene de su régimen. De entre los candidatos considerados «laicos», es el menos malo para los egipcios que votarán por descarte contra el islamismo.

El debate de la «sharia»
Desde la Iglesia Copta, no se está orientando oficialmente el voto, aunque el nombre de Ahmed Shafiq ha sido pronunciado desde los púlpitos y suena con fuerza entre los fieles. Shafiq fue designado primer ministro de Mubarak durante la revolución: atraerá el voto de los más nostálgicos y los de la denominada mayoría silenciosa, que jamás se ha manifestado y sólo desea volver a la normalidad.

Quince meses de errática y violenta transición democrática han destrozado la economía egipcia y el caos reina en las calles del país. Las palabras «seguridad» y «estabilidad» han llenado la campaña electoral, pero «sharia» ha sido sin duda la más repetida. El debate ha girado en torno a la aplicación de la ley islámica, cuyos principios son actualmente fuente de derecho, tal y como viene establecido en el artículo 2 de la Constitución de 1971.

Se cree que el nuevo presidente será clave en establecer la naturaleza del nuevo Egipto y en equilibrar el poder de los islamistas, que ahora dominan el Parlamento, del que debería salir la Asamblea Constituyente que redacte la nueva Carta Magna. Por ello, muchos votantes preferirían un presidente laico, frente a un Parlamento islamista. Los partidos religiosos se hicieron con casi el 70% de los votos en los pasados comicios, hace tan sólo cinco meses, y los Hermanos Musulmanes arrasaron entonces. Ahora, lo que muchos quieren evitar es una «dictadura» de la Hermandad, que podría llegar a monopolizar las cámaras y la Presidencia.

Su candidato, Mohamed Mursi, no parte como favorito en las encuestas, aunque cuenta con el respaldo de la potente red del grupo, el mayor y más viejo de Egipto. Mursi ha tenido que radicalizar su discurso a lo largo de la campaña electoral, hablando incluso de la ablación de clítoris, tratando de hacerse con el voto conservador, que puede inclinar la balanza hacia él o el otro candidato islamista más fuerte, Abdel Muneim Abul Futuh. Este disidente de los Hermanos Musulmanes, que se presenta como un islamista moderado y «liberal», ha conseguido el respaldo formal de Al Nur, el principal partido salafista, que cuenta en la actualidad con más del 20% de los escaños en el Parlamento.

Los salafistas podrían movilizar varios millones de votantes, con el objetivo de que el nuevo Egipto sea una república islámica, más similar a los países de la Península Arábiga, de donde procede esta corriente radical del islam.

Por su parte, los cristianos, que representan el 10% de los 80 millones de egipcios, y la minoría liberal irán a las urnas para evitarlo, aunque su voto podría quedar dividido entre los tres principales candidatos laicos. El que sube en las encuestas y suena en las calles en los últimos días es el izquierdista Hamdin Sabbahi. Este gerente de una tintorería de El Cairo, que profesa la  religión cristiana, ha cambiado su voto en las 48 horas de reflexión que ha tenido Egipto: iba a votar por Musa, pero finalmente se decanta por Sabbahi. Algunos egipcios todavía se atreven a soñar, y a arriesgar.

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