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jueves, 24 abril 2014
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La Razón

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Despedida por ser una distracción para los empleados

  • Una mujer pierde su trabajo de asistenta de producción en una empresa de lencería por «unos pechos demasiado grandes» y suponer una distracción para los empleados.
     

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«Cuando me dijeron primero que era "demasiado caliente" y que mis pechos eran demasiado grandes, me quedé de piedra», denunció Lauren
«Cuando me dijeron primero que era "demasiado caliente" y que mis pechos eran demasiado grandes, me quedé de piedra», denunció Lauren

La crisis, la deuda acumulada de la empresa, la falta de clientes… Hoy en día cualquier excusa es buena para el despido, hasta la de ser «demasiado picante». Es la experiencia vivida por Lauren Odes en la empresa de lencería donde trabajaba. Los propietarios de «Native Intimates», en Manhattan, consideraron que Lauren era «demasiado»… hasta para una compañía de prendas de lencería.

Según la trabajadora despedida, que no ha dudado en saltar a los medios de comunicación para denunciar su caso, dos días después de ser contratada para el registro de datos en un fabricante de ropa interior de la «Gran Manzana», un supervisor le dijo a los propietarios que no estaban contentos con su atuendo y que su presencia era una distracción peligrosa, recoge el diario neoyorquino «Daily News».

«Cuando me dijeron primero que era "demasiado picante" y que mis pechos eran demasiado grandes, me quedé de piedra», denunció Lauren, de 29 años. «Pensé que estaba vestida de manera adecuada para mi trabajo diario como asistenta de producción», explicó.

Después de ponerse un vestido corto con adornos de platino pasó al punto de mira de los jefes. Convino con ellos utilizar una camiseta gris, un pantalón negro y botas de lluvia, atuendo con el que se presentó en el trabajo al día siguiente. Pero, de nuevo, la encargada reapareció para trasladarle las quejas de los jefes: «Lauren, trata de comprimir más tus pechos para hacerlos parecer más pequeños», le dijo.

Al día siguiente, un vestido negro de talle alto y hasta la altura de las rodillas, tampoco gustó. Los jefes se quejaron de que podía ver la parte de atrás de los tirantes de su sujetador. La conminaron a irse a una tienda y comprar un jersey que le cubriera los hombros o utilizar una bata que le dieron los propios encargados: un modelo rojo brillante con una guitarra negra estampada, que sólo atrajo las carcajadas del resto de empleados. Humillada, la empleada se fue a una tienda a por algo más digno. En ese lapso de tiempo, fue despedida. «No se debe juzgar por el tamaño de los pechos o la forma de nuestros cuerpos», dijo a posteriori la empleada.

Curvas peligrosas
«Fue despedida simplemente por ser atractiva y para que no se ajuste a las restricciones religiosas impuestas por la alta dirección» -judía ortodoxa-, dijo la abogada, Gloria Allred, que ha presentado una denuncia de género en el trabajo y por discriminación religiosa en contra de su antiguo empleador.

La letrada ya representó a una mujer del distrito neoyorquino de Queens a la que se le prohibió llevar ropa sexy o tacones considerados «demasiada distracción» para los trabajadores.

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