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sábado, 20 septiembre 2014
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La Razón

Cine

Robert Pattinson los vampiros no cambian

  • Protagoniza la árida y densa «Cosmópolis», de Cronenberg

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Que Don DeLillo se haya desplazado hasta Cannes para apoyar el estreno mundial de «Cosmópolis» es más que una buena señal: es un milagro. Lo mismo hizo J. G. Ballard con «Crash», otra novela imposible. La rendida admiración que escritores de culto sienten por el trabajo de David Cronenberg habla de su talento visionario. Árida y densa, «Cosmópolis», que atracó en Cannes con Robert «Crepúsculo» Pattinson como mascarón de proa, analiza el mundo en que vivimos –la crisis, la muerte de nuestro sistema de valores, el fin de la Historia– desde el interior de una limusina. «Era francamente extraño pasarse el día filmando protestas contra el capitalismo y por la noche ver las imágenes de un Wall Street ocupado por los indignados. Parecía que estábamos rodando un documental», explicó Cronenberg en rueda de prensa. Publicada en 2003, la novela de Don DeLillo utilizaba la nueva odisea homérica de un Máster del Universo, como llamaba Tom Wolfe a los «yuppies» en «La hoguera de las vanidades», para describir, desde un lenguaje con tendencia al aforismo lúcido pero esotérico, el modo en que el culto al dinero ha redefinido nuestra percepción del tiempo y del espacio. El viaje en limusina de Eric Packer, que cruza un colapsado Manhattan para cortarse el pelo, nos sirve para llegar a una conclusión desoladora: habrá un día en que las ratas serán la nueva moneda de la economía global. Sabíamos que Cronenberg es un gran director de actores, lo que demuestra moldeando a su antojo el acartonamiento expresivo de Robert Pa-ttinson. «Es muy fácil decir que el personaje que interpreta Robert es un vampiro que chupa la sangre de Wall Street», admitió. «Pero no puedes pedirle a un actor que encarne un concepto abstracto, que sea el símbolo del capitalismo. Este personaje tiene un pasado, una historia. Y ese pasado no es "Crepúsculo", es "Cosmópolis"», puntualizó Cronenberg para marcar distancias con el mítico Edward Cullen. Pattinson, que sale en cada plano, aguanta el tipo como un campeón ante actorazos como Mathieu Amalric, Juliette Binoche o Paul Giamatti, que aparecen en una sola escena. No es extraño que Cronenberg redactara el guión de «Cosmópolis» cortando y pegando los diálogos de la novela de DeLillo. Cada réplica funciona como cápsula de la singular metafísica que el director canadiense ha elaborado en su ya dilatada carrera. La tecnología como prolongación del cuerpo y de la mente, la autodestrucción como principio de una nueva forma de ser en el mundo, el caos como generador de vida… Obsesiones de Cronenberg que toman forma plenamente actual en el opaco universo de «Cosmópolis».
«Austero», no «perezoso»
Que su adaptación sea tan literal no es un problema per se. Sí lo es que la puesta en escena sea sorprendentemente funcional, diríamos que casi conservadora. Da la impresión de que Cronenberg no se ha esforzado lo más mínimo en crear una atmósfera visual que multiplique la fuerza alegórica de la prosa de DeLillo. En la nueva etapa de la obra del director de «Videodrome», la austeridad es la norma: lo importante, dice, es filmar «un rostro que habla». «Austero» no es lo mismo que «perezoso», y parece que Cronenberg, que es un experto en intelectualizar su discurso, ha buscado una excusa perfecta para poner el piloto automático.
Completaba la sección oficial la notable película bielorrusa «In the Fog». Devastadora crónica de los efectos de la guerra en la condición humana, el filme de Sergei Lontzsa transita por los campos desolados de la Rusia ocupada por los nazis sin hacer una sola concesión al espectador. Experto documentalista, Lontzsa adopta los tonos ocres y verdosos de la memorable «Ven y mira», de Elen Klimov, para contar la historia de un empleado del ferrocarril acusado de traición y perseguido por dos miembros de la Resistencia. La lentitud del filme no hace más que reforzar la sensación de fatalidad que se cierne sobre los personajes, que los envuelve en una niebla que no les deja escapatoria. La guerra, dice Lontzsa, borra las relaciones de amistad, modifica los afectos, cambia las prioridades. ¿Qué prima, el instinto de supervivencia o la fidelidad a los principios y valores de cada uno? Después de la batalla, sólo hay silencio.


La televisión se cuela en Cannes
La prueba de la insolente calidad de la nueva ficción televisiva norteamericana es que empieza a colarse en los festivales. En Venecia, Todd Haynes presentó su excelente miniserie «Mildred Pierce», y ayer en Cannes, la HBO estrenaba «Hemingway and Gellhorn», ambicioso telefilme de Philip Kaufman que cuenta la historia de amor entre el escritor y la corresponsal de guerra Martha Gellhorn. Kaufman factura un telefilme acartonado, poblado de clichés y perjudicado por la total falta de química entre sus protagonistas, Clive Owen y Nicole Kidman.

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