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viernes, 31 octubre 2014
03:59
Actualizado a las 

La Razón

El Editorial

Los valores de la Selección

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Nuestra Selección tiene en Polonia, el próximo día 10, su primera cita de la Eurocopa de 2012,  con el combinado italiano como reto inaugural. Se trata de revalidar el título de campeones europeos ganado en 2008 en una emocionante final contra  Alemania, y desplegar el mejor juego para sumar la tercera copa al gran palmarés del fútbol español. Será sin duda otra gran fiesta del deporte, que convocará ante las pantallas de televisión a millones de españoles pendientes del juego de La Roja, con el recuerdo aún reciente de su triunfo en el Mundial de Suráfrica. Y con la esperanza de que ahora, como entonces, tengamos la oportunidad de llenar las calles de una feliz marea humana en la que todos nos reencontremos con una misma idea de España, la que encarnan y defienden sobre el césped los jugadores de la Selección. Aunque sólo sea por el hecho de integrar en sus filas a los mejores de todos los equipos de la Liga, que  dejan de ser los adversarios más enconados para sudar la misma camiseta y contribuir con su esfuerzo y su juego a la victoria del equipo común. Es la fuerza del fútbol, capaz de arrastrar a toda una nación, con partidarios de todos los equipos animando al unísono. En sus filas estarán muchos de los que el viernes jugaron la final de la Copa del Rey  y asistieron al bochornoso espectáculo de una pitada cuando sonaba el Himno Nacional. Pero si el buen juego y la suerte nos acompañan,  podrán escuchar el himno de una forma especial, con la victoria recién conseguida y con la gratitud de la inmensa mayoría de los españoles. Será sólo fútbol, probablemente, pero es en el deporte cuando a la mayoría de los españoles se nos permite  expresar todo el afecto por la Patria, ser ciudadanos identificados con la Nación más antigua de Europa y defender una bandera que a todos nos une. Gracias al deporte los españoles podemos respirar en libertad y hacer uso de nuestra bandera sin restricciones. Y, sobre todo, sin tener que soportar crítica alguna de quienes han querido convertir nuestros símbolos nacionales, como la bandera y el himno, en elementos para la discordia y para extender como una mancha la sospecha de extremismo político cuando no hay en ello más que una  legítima expresión de ciudadanía y de defensa de los principios de la Constitución. Porque es una falacia, una mentira, identificar como se pretende el uso de la bandera y el himno de España con extremismo y ultraderecha, y unir en cambio nacionalismo y democracia. Gracias al fútbol, a los valores que encarna la Selección y que todos reconocemos, los pitos del viernes, organizados y fomentados por una minoría política nacionalista, quedarán como siempre en una desagradable y triste anécdota en cuanto se midan con el orgullo de ser español que despierta en los ciudadanos el juego de La Roja.

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