Uso de cookies

[x]
Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el anáisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies
Ofrecido por:
Iberdrola
sábado, 01 noviembre 2014
04:04
Actualizado a las 

La Razón

Comunicación TV

Pastora espejismo eurovisivo

  • A pesar de las expectativas, la sevillana apenas logró un décimo puesto en el certamen, que ganó de calle la favorita sueca

  • 1

Lo repitió Pastora Soler hasta en diez ocasiones. «Quédate conmigo».  Y a Europa le gustó. Casi susurrando al principio y con un control de su voz impecable hasta el final, la sevillana bordó una actuación que dio anoche a España el mejor resultado en el festival de Eurovisión en una década. Impecable. Después de la sequía de votos de estos años en los que sólo Portugal cumplía, ayer hasta 18 países se dejaron seducir por la sevillana que regresará con 97 puntos bajo el brazo. Un reconocimiento a la voz, al control de las cámaras y al dominio del directo de Pastora. A pesar de estar entre las favoritas, no fue suficiente para pasar el décimo puesto, el mejor resultado de nuestro país en nueve años. Espejismo eurovisivo.

La sueca Loreen, favorita desde hace meses, cumplió como tal. Llegó, cantó y venció. Se llevó el festival  por delante de las «yayas» rusas y un serbio algo depresivo –inexplicable su tercer puesto–. A pesar de que las venerables ancianas rusas difícilmente entonaban y se sabían la letra de su canción, el «chundachún» y ese rostro de buena gente conquistaron al personal. Valor seguro. A buen seguro que el año que viene otro país tratará de imitar la fórmula. Y fallará. Más allá de las abuelas, el cupo de «frikies» lo cubrieron los gemelos irlandeses con ducha incluida, la «horror vacui» de la ucraniana con florero en la cabeza y el divertido moldavo con reminiscencias a Chikilicuatre en su cuerpo de baile. Por lo demás, el festival se movió entre el tecnodance y las baladas con un toque heavy aportado. A «grito pelao» se despachó la «maléfica» albanesa –con desafino provocado por esa rasta con vida propia que le llegaba al pecho–  y el dueto islandés lució violín de atrezzo –riguroso playback, que dirían en «Sálvame»–. La anfitriona azerí abusó casi tanto del bótox como el veterano británico Engelbert Humperdinck. La italiana Nina Zilli, directamente desde San Remo, también recibió el apoyo del jurado y el televoto. Clonar en «look» y movimientos a Amy Winehouse funciona, aunque uno prefiere la versión de Julio José en «Tu cara me suena». En este capítulo también se incluiría la Macedonia con su aire Nana Mouskouri en una noche de malas pulgas.

Un diez para Rumanía
Entre el cupo de ritmos festivaleros, destacaron el noruego –movimientos censurables–, la chipriota con voz temblorosa, la griega más preocupada por enseñar cachaza que por la salida del euro y la francesa, que parecía reivindicar una candidatura olímpica para París 2020. Anggun –así se llama ella– compitió en mostrar braga faja a  todo el continente con la rumana Elena Ionescu. Sí, rumana, cantando en español  «Ven papito, ven acá». ¿La respuesta? Un  diez desde Torrespaña. Lo que cuesta explicarse es el tirón del pirata turco y los votos de cortesía a mansalva para Merkel a través de su correcto representante. Es lo que tiene Eurovisión.


La bereber conquista Europa
En Suecia se saben lo que funciona en el festival casi como Uribarri –que vuelva al festival–. ABBA en la memoria. El tirón «per se» de la canción se disparó con su puesta en escena y por el carisma de Loreen, de origen bereber y número uno en las listas. Y todo, descalza. Lo que para Remedios Amaya fue defecto, para el clon de Amaya Arzuaga fue virtud. Mereció ganar.

Vídeos

  • 1