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sábado, 20 septiembre 2014
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La Razón

Los valores de la Selección

Nación y soberanía en España por Francisco Marhuenda

  • A menos de dos semanas para el arranque de la Eurocopa, en la que España defiende el título, la Selección emerge como un referente de unidad, compañerismo, solidaridad y fuerza en un momento especialmente delicado para nuestro país y después del escándalo del himno en la final de la Copa del Rey

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Los valores de la Selección
Los valores de la Selección

La idea política de nación surgió con el ciclo de las revoluciones burguesas que comenzó con la secesión y guerra civil de las colonias británicas en América del Norte (1775-1783), continuó en Francia en 1789 hasta el golpe de Estado de Napoleón en 1799 y en España fue una de las consecuencias más importantes de las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812. La idea de nación era revolucionaria para la época y se contraponía a la monarquía absoluta. Este ciclo afectó al resto de países europeos a lo largo del siglo XIX y consolidó el constitucionalismo moderno, aunque con las limitaciones propias de una sociedad donde se transitó del sistema estamental a otro donde el poder fue asumido por la burguesía. Napoleón se apoyó en el principio de soberanía monárquica para imponer a Carlos IV y Fernando VII que le transfirieran sus derechos sobre España y su imperio. Los diputados reunidos en Cádiz destruyeron ese «derecho» al establecer que las Cortes eran las depositarias de la soberanía nacional.

Desde entonces, mucho se ha escrito sobre los conceptos de nación, soberanía y nacionalidades. A la idea surgida con la Revolución francesa, podemos añadir la alemana a partir de la identidad de una comunidad histórico-cultural y lingüística; la británica sustentada en el imperialismo, la expansión colonial y el orgullo patriótico; la estadounidense por la voluntad común de unas colonias y su expansión dentro de América del Norte; la comunista, como recuperación del poder de las naciones para el proletariado o los procesos descolonizadores que dieron lugar a naciones artificiales. La idea de nación ha tenido y tiene diversas vertientes y formulaciones tanto doctrinal como históricamente.

España es la única de las grandes naciones, con siglos de historia a sus espaldas, que sufre un permanente proceso de tensión territorial y donde sectores minoritarios cuestionan su cohesión. Es curioso, además, porque este término arranca de la Hispania romana y ha existido desde entonces una identidad superior que abarcaba, aproximadamente, al actual territorio. A la dominación romana le siguió el reino creado con las invasiones bárbaras y tras la conquista árabe, la propia Reconquista buscaba recuperar el territorio de España para la Cristiandad. La unión dinástica de Fernando de Aragón e Isabel de Castilla fue la culminación de ese proceso. Es cierto que España será desde entonces un Estado compuesto, pero sometido al concepto y poder de una monarquía absoluta. Las cortes de los territorios se reunieron poco e irregularmente, porque el poder estaba en manos del rey y sus oficiales. España era gobernada con el sistema polisinodial de los consejos hasta que Felipe V acabó con los privilegios territoriales, que realmente eran sólo de unas élites, por medio de los Decretos de Nueva Planta. Las excepciones fueron los territorios vascos y Navarra. El romanticismo histórico del siglo XIX y la deficiente Revolución Industrial alentó la aparición de partidos regionalistas que son el origen de las actuales formaciones nacionalistas. La debilidad política y económica de la España de los siglos XIX y XX explica que no desaparecieran.

Los constituyentes creyeron resolver el problema territorial en la Constitución de 1978 al alumbrar el Estado de las Autonomías y establecer una diferencia entre nacionalidades y regiones que no tenía efectos jurídicos. Las autonomías no contaban con una soberanía de origen, como sucedió en Estados Unidos o Alemania, sino que la tenía la nación española en su conjunto. Durante los debates constituyentes se trataron temas como la confederación, la federación y el derecho a la autodeterminación pero fueron rechazados por abrumadora mayoría. El problema es que ninguna formulación, salvo la independencia, puede satisfacer las pretensiones de las formaciones que se definen como nacionalistas. Lo que para la gran mayoría era la conclusión de un modelo que se tenía que desarrollar, para lo nacionalistas ha sido siempre un punto de partida donde el horizonte es la independencia. La Monarquía se ha convertido en el principal elemento de cohesión, aunque no con la fórmula confederal, el Pacto con la Corona, que quería el nacionalismo vasco. La fuerza de España es la unión en estos tiempos difíciles y los nacionalismos perderán fuerza si se culmina un modelo de Estado que no puede estar siempre abierto y cuestionado.

Francisco Marhuenda
Director de LA RAZÓN

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