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jueves, 02 octubre 2014
12:31
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La Razón

Gente

La «falsa» boda de Alejandro Sanz por Jesús Mariñas

  • Puede parecer  una tomadura de pelo, una pamema o  una chacota, incluso para los invitados –incluidos los padres de la guapísima novia– que el sábado acudieron desprevenidos a Jarandilla  de la Vera (Extremadura).

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El cantante, junto a su esposa
El cantante, junto a su esposa

Creían que sólo asistirían al bautizo del hijo de Alejandro Sanz y Raquel Perera, pero la ceremonia inicial terminó siendo un inesperado «sí, quiero». Aunque lo que ampliamente  se ha difundido sobre el enlace no responde a la realidad, ya que el religioso, efectivo y solemne, se celebró  el pasado miércoles, cuatro días antes de la cita rústica, en la industrial Sabadell y en su iglesia del Colegio de San Francisco de Asís. Alejandro y Raquel tenían pensado haberla celebrado  en su finca extremeña, que tiene una ermita, pero  no está consagrada,  de ahí la imposibilidad de organizar allí actos religiosos.

Llevaban meses preparando en secreto el acto catalán oficiado por Carlos Fuentes, un fraile muy ligado al famoseo desde que casó –¡por fin, le costó!– a Agustín Bravo, Marc Gené (a quien se relacionó con Telma Ortiz) y bautizó en Chiclana a Manuela, la pequeña nacida de la anterior relación de Alejandro. Este fin de semana, el religioso tiene previsto verter aguas regeneracionales –qué concepto y lenguaje tan clásico– a un niño del político Albert Rivera, presidente de Ciutadans. Entonces, ¿a qué obedeció semejante montaje y maniobra de despiste, cuando lo fácil hubiera sido una ceremonia única en Extremadura? Me lo cuenta el fraile Fuentes: Alejandro y Raquel tenían especial interés en una ceremonia religiosa porque él es muy devoto de San Francisco y hasta tiene la Cruz de San Damián del monje, prueba de su fe, quizá consecuencia de su unión con Jaydy Mitchel, ahora señora del futbolista Rafa Márquez –boda que anticipé tras hablar con ella en México cuando todos desmentían tal posibilidad por el rito tailandés–.

La boda del cantante fue una  sencilla ceremonia matinal –justo a las once en punto– con ropa de calle y sólo ante los testigos pertinentes, entre los que se encontraba una tía de Raquel que vino desde Miami. Más festiva fue la celebración extremeña, donde no faltó ni una chirigota de Cádiz, además de Elenita Tablada –que los conoce y ayudó en tierras americanas, según alardeó–, y  Fiona Ferrer, ya líder de las VIP madrileñas recién llegadas, casi una sustituta de lo que en tiempos supuso Carmen Lomana, hoy considerada una jubilada porque es efímera la fama lograda en los saraos sociales. Paco de Lucía hizo sonar su guitarra en honor a la pareja, menudo regalazo, mientras el oficiante exaltó el amor del bueno, que es el que se tienen Alejandro y Raquel después de cinco años de relación.

La cena consistió en un intenso picoteo que empezó con ostras –¡en Extremadura!– y siguió con abundantes langostinos de la inmediata Huelva y una degustación de jamones y carnes frías. Un ritual con todas las de la ley seguido del bautismo, dos por el precio de uno. Alejandro ya no tiene el «corazón partío» y puede estar feliz por haber encontrado el amor que necesitaba en su esposa. Mayo no puede tener mejor final.

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