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lunes, 01 septiembre 2014
09:46
Actualizado a las 

La Razón

San Isidro 2012

Puerta grande simbólica

  • - Las Ventas (Madrid). Decimoctava de la Feria de San Isidro. Se lidiaron novillos de Guadaira, bien presentados y serios. Deslucido y parado, el 1º; gran novillo, el 2º y soberbio, el 5º; 3º y 6º, con movilidad, rebrincados y sin entrega; el 4º, difícil y malo. Tres cuartos de entrada.
    - Alberto Durán, de verde botella y azabache, estocada (aplausos); bajonazo (silencio).
    - Gómez del Pilar, de azul y oro, pinchazo hondo, pinchazo, estocada caída (saludos); pinchazo, estocada caída (oreja).
    - Damián Castaño, de grana y oro, estocada (silencio); estocada (silencio).

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Gómez del Pilar remata una tanda en redondo con un enroscado muletazo por bajo
Gómez del Pilar remata una tanda en redondo con un enroscado muletazo por bajo

Gómez del Pilar se fue a la puerta del miedo, a la misma boca por la que saltan los toros de la oscuridad a la deslumbrante luz de este mes de mayo. Donde el corazón bombea más rápido. Allí se fue el novillero para demostrar que venía a Madrid con todo. Una larga cambiada de rodillas mientras el novillo respondía con un brinco, e intentos de toreo de capa. El de Guadaira tuvo grandes virtudes: mansito en varas llegó con entrega a la muleta, muy buen ritmo en el viaje y desplazándose en el engaño. Gómez del Pilar se adelantó a eso y a todo, incluso al toro. Daba la sensación de que poco importaba cómo fuera el antagonista. Había elegido el camino recto. En el centro del ruedo y de rodillas esperó las primeras arrancadas del animal, en un palmo de terreno cosió una tanda de muletazos buenos, de torear de verdad, de llevar al novillo enganchado en los vuelos de la muleta. Una vez repuesto y en pie hilvanó una serie muy bonita, encajada, soberbia de temple y en la que se permitió y le dejó el Guadaira codillear en los muletazos. Le encontró el sitio perfecto por el pitón zurdo y los naturales se sucedieron como una bella expresión del toreo. Se le veía y así llegaba al tendido, preparado y con las ideas muy claras. Actuación de novillero cuajado, que merece más tardes, mejores puestos. Y alegría de novillo bueno. Con unas bernadinas encumbró la faena que había bajado en intensidad en algunos naturales, más mironcito el gran novillo. La espada la traicionó. Y la indudable oreja. Un trofeo paseó en el quinto. Qué gran novillo fue «Hortensio». De bandera: profundidad, entrega, nobleza, largura interminable en un viaje de ensueño. Una delicia. Puso orden Gómez del Pilar en todos los tercios, en matador, en torero, y su tercero Fernando Sánchez se desmonteró. Merecido premio. Entró dos veces con la torería a cuesta y clavó en la cara y en lo alto. Gómez del Pilar se había ido de nuevo a portagayola. Lo mejor estaba por llegar. Fueron naturales monumentales. Citaba al toro a dos metros de él, lo embarcaba ahí y se lo llevaba toreadísimo mucho más allá de la cadera. Y, los pases de pecho, esos merecen punto y aparte, rematados por dentro, colmándose de toro, de embestida, disfrutándole él y transmitiendo esa paz arrebatadora que da el toreo bueno. Así, una y otra vez. No sólo quiso, también pudo Gómez del Pilar y los argumentos para volver a verle fueron inagotables. La espada no entró a la primera, y no como debería, pero la puerta grande, a estas alturas, ya era simbólica. Y el triunfo de Guadaira, una realidad. No hubiera sobrado la vuelta al ruedo a ese maravilloso quinto.

David Adalid lo bordó en el tercio de banderillas del tercero. El novillo estaba cómodo en tablas, costaba sacarle y Adalid puso la solución de peón bueno y grande: de dentro afuera clavó. Cumbre. Y se desmonteró, qué menos. A Damián Castaño se le vio la ambición desde el principio. El Guadaira no fue ni muy bueno ni muy malo: tenía movilidad sin demasiada entrega y Castaño, todo voluntad y arrojo, tuvo el don de la medida y de hacer las cosas bien. Quiso con el sexto, rebrincado y soltando la cara en esa movilidad.

Alberto Durán puso ganas con el paradote primero y difícil se las hizo pasar el cuarto, que no quiso ir a la muleta de verdad, que se movía pero frenándose, brusco para darse la vuelta. Tuvo Durán la virtud de saber poner fin en el momento exacto después de intentarlo con afán. Así fue la tarde, faenas medidas, con sentido, dos novillos de sobresaliente y un novillero, Gómez del Pilar, al que sacamos a hombros, aunque fuera de modo simbólico. Esas tardes se sueñan y se viven.

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