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jueves, 18 diciembre 2014
13:24
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La Razón

MAFO KO

  • El gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, ha comunicado al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, su intención de abandonar el cargo el 10 de junio, un mes antes de que acabe su mandato, informó el organismo

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MADRID- La crisis financiera se cobra otra pieza. El gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, se rinde y ayer, tras reunirse en La Moncloa con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, anunció que anticipará un mes su salida del cargo. Dicen en el equipo económico del Gobierno que se va porque «no aguanta más», pero también sostienen en Moncloa que Rajoy quería esa salida. De hecho, este periódico ya adelantó su decisión de no prolongar ni un minuto su estancia en el cargo cuando venciese formalmente su mandato el próximo 12 de julio.

Fernández Ordóñez fue un nombramiento político de la etapa socialista, en el que José Luis Rodríguez Zapatero rompió el tradicional acuerdo entre los dos principales partidos en la designación de puestos tan sensibles y tiró adelante con su propuesta al Congreso sin apoyo del PP. La intención inicial de Rajoy era relevarle de manera inmediata en cuanto expirase su mandato, hubiera o no acuerdo con los socialistas. Y así lo hará una vez que los acontecimientos han superado  sus planes iniciales.

El jefe del Ejecutivo no ha forzado antes su salida en aras de la estabilidad del máximo garante de la supervisión de los bancos, pero la situación se había vuelto «hace tiempo insostenible». «Un Gobierno no puede permitirse tener al frente del Banco de España a una persona que no es de su confianza en un momento crítico como este, en el que las entidades financieras deben afrontar un saneamiento definitivo que va a dar la vuelta al mapa bancario español», explican en Moncloa.  Fernández Ordóñez no tenía la confianza del presidente del Gobierno; su nombre encabezaba las listas de posibles peticiones de comparecencia parlamentaria para depurar responsabilidades por la gestión de la caída de Bankia y el retraso en el saneamiento del sistema financiero; y a esto se suma el salto adelante que implica la judicialización de la gestión de la crisis financiera después de que un juzgado de Madrid haya pedido a la Fiscalía que informe sobre la procedencia de admitir a trámite una demanda contra el gobernador del Banco de España y el ex presidente de Bankia, Rodrigo Rato, por «la posible existencia de una infracción penal» en su actuación. Un cóctel explosivo que ha acabado por estallar en la reunión de ayer en Moncloa.

De esta manera Rajoy se garantiza tener al frente de la institución a una persona de «su máxima confianza» para que gestione desde el primer día las trascendentales decisiones que deberá adoptar el Banco de España a partir del 11 de junio, fecha de recepción de los planes de reestructuración de las entidades financieras de acuerdo con la última reforma aprobada por el Consejo de Ministros. El trabajo del máximo organismo supervisor deberá hacerse en consonancia con las evaluaciones de las consultoras Oliver Wyman y Roland Berger. Si Ordóñez hubiera apurado su mandato, como era su intención, el Ejecutivo habría perdido prácticamente un mes, «lujo que no podemos permitirnos», sentencian en Moncloa.

Rajoy considera que su salida favorece una transición «ágil y eficiente» en el puesto del gobernador y servirá para que el Banco de España siga aportando su «conocimiento y su profesionalidad» en la resolución de los problemas económicos. Al Gobierno le han llegado las críticas porque la campaña contra Ordóñez se ha llevado por delante el prestigio de la institución que preside, hasta el punto de que sean evaluadores independientes los que tienen que certificar la mala salud de nuestros bancos. Ahora toca intentar recuperar la imagen de la institución.

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