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sábado, 01 noviembre 2014
14:10
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La Razón

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Y si todos hablaran para que les entendiera su abuela la del pueblo

  • Cuando quieren, a los políticos no hay quien les entienda. Ni a los que dictan leyes, escriben normas o redactan la letra pequeña de un contrato. Una campaña exige ahora a los gobernantes que hablen claro.

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«Escribe tu noticia para que la entienda la abuela la del pueblo», es una máxima periodística
«Escribe tu noticia para que la entienda la abuela la del pueblo», es una máxima periodística

"Escribe tu noticia de tal forma que pueda entenderla tu abuela la del pueblo". La máxima periodística se enseña en primero de carrera, pero es perfectamente válida para cualquier ámbito de la vida. Y deberían aprenderla todos aquellos que escriben leyes, prospectos o guías, los que trabajan de cara al público, y, sobre todo, los ávidos políticos a la caza de votos.

Estos últimos, expertos, cuando quieren, en hablar sin decir nada, en discursos con mucho envoltorio pero poco contenido, han popularizado una forma de hablar que es en sí misma un rodeo que sólo conduce al principio, a la nada, con su inevitable adorno de frases hechas y mensajes supuestamente eficaces.

Lo malo de esto, según el temor de muchos, es que este virus se está contagiando al pueblo llano. ¿Por qué decimos que "damos inicio" en lugar de que "empezamos"? ¿Por qué un asunto "juega un papel fundamental" en lugar de ser, simplemente, importante? ¿Por qué utilizamos tantas "muletillas"? ¿Es que todos los muertos deben tener, obligatoriamente, "heridas incompatibles con la vida"? ¿No pueden morirse y ya está?

Es imprescindible simplificar el lenguaje
Para combatir esta suerte de "plaga", un organismo estadounidense, Clarity International, ha iniciado una campaña con el objetivo de concienciar a toda la sociedad, y en especial a sus responsables, de que es urgente y absolutamente necesario simplificar el lenguaje en las comunicaciones oficiales.

En su último Congreso, el cuarto de estas características que organiza, han participado 150 personas procedentes de una decena de países del mundo de varios continentes y distintos idiomas. La próxima reunión se celebrará en Bélgica. Entre los expertos había especialistas en comunicación, abogados (¡cuántos deberían tomar nota!), dirigentes empresariales y responsables de la administración.

¿Hace falta "traducir" el BOE?
Como ejemplos a seguir, los expertos citaron a Estados Unidos, que adoptaron, en 2010, una ley que promovía la simplificación del lenguaje administrativo; al gobierno sueco, que emplea a cinco lingüistas y juristas para redactar las leyes en lenguaje simple; a Portugal, que tiene un proyecto de "traducción" de su boletín oficial; y al personal del Banco Central de México, que recibe cursos para hablar de tal forma que todo el mundo les entienda.

"¿Cómo podemos tener una democracia cuando los ciudadanos no entienden lo que quiere decir el Gobierno?", aseguró a AFP Anetta Cheek, presidenta del Centro para un Lenguaje Simple.

Entre sus demandas, este organismo reclama al Gobierno estadounidense que se comprometa a que a partir de ahora todas sus publicaciones, instrucciones o publicidad estén escritas en un lenguaje "claro, conciso y bien organizado" y a las agencias federales a que pongan en marcha planes para simplificar su lenguaje. Pero deja claro que sus demandas trascienden las fronteras físicas y del idioma, y son válidas para cualquier punto del mundo.

Leer la letra pequeña de los contratos
Uno de los ámbitos a los que afecta el problema es, sin duda, el económico y financiero, aunque aquí nada es casual. Sin duda, la letra pequeña de los contratos se convierte en diminuta cuando, además de bajar el cuerpo, se utiliza un lenguaje incomprensible.

Entre los ponentes del Congreso estuvo Joseph Kimble, profesor de la Escuela Legal Thomas Cooley de EE.UU., y autor de un libro en el que demuestran, a través de 52 casos, los beneficios de emplear un lenguaje sencillo. Su compañero Chistopher Trudeau abordó esta cuestión pero orientada directamente a la forma en la que los abogados se dirigen a su audiencia, con la recomendación también de ser lo más claros posibles.

La campaña afecta también, por supuesto, al lenguaje farmacéutico. En España ya se acordó hace unos años simplificar las expresiones de los prospectos de las medicinas, conscientes de que detrás de ese papel y la jerga de posologías, contraindicaciones, dosis, síntomas y peligros no están por lo general licenciados en Medicina ni boticarios sino esa abuela del pueblo de unas líneas más arriba… y el común de los pacientes.

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