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viernes, 31 octubre 2014
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La Razón

Arte

Carmen Thyssen necesita dinero

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Un detalle de «La esclusa», de Constable
Un detalle de «La esclusa», de Constable

Aunque dolorosa, la operación ha sido rápida. «The Lock» («La esclusa»), de John Constable, voló la noche del lunes desde Madrid a Londres, y ahora ya se encuentra instalada en la sede Chiristie's de King Street. Dolorosa porque la propietaria de esta pieza, la baronesa Carmen Thyssen, no se quería desprender de ella, a no ser que las circunstancias económicas la obligasen. Y las circunstancias han llamado a su puerta, así que ha decidido sacar a subasta este cuadro que forma parte de su colección privada, y ahora depositada gratuitamente en el Museo Thyssen de Madrid. O dicho con sus propias palabras: «Si se arreglaban mis asuntos, no se subastaría».

¿Y cuáles son sus asuntos? Mundanos y corrientes. Necesita dinero, porque –insiste una y otra vez– no consigue cerrar un  acuerdo ni de alquiler –que sería para ella lo óptimo– ni de compra con el Estado, ni lo conseguirá mientras se mantenga la crisis económica, que será durante mucho tiempo. Después de meses de negociar con casas de subasta, Carmen Cervera ha decidido que Christie's subastara el cuadro, frente a otra oferta de Sotheby's, su gran rival. Ha sido cerrar el acuerdo, comunicarlo al Patronato del Museo Thyssen y salir el cuadro de España. El viernes volará desde Londres a Nueva York, donde se exhibirá durante cinco días, para volver de nuevo al Reino Unido. El lienzo saldrá a subasta el próximo 3 julio por un precio de entre 20 y 25 millones de libras esterlinas (24,71-30,89 millones de euros). Un coleccionista privado llegó a ofrecer 40 millones, pero después del «subidón» quedó en nada. 

No le faltará comprador a esta pieza. Se trata de uno de los seis cuadros de una de serie de pinturas de Constable, entre las que se encuentra «El carro de heno». «La esclusa» –cuyos primeros apuntes datan de 1923– es el único que se mantiene en manos privadas. En la oficina de Christie's de Londres no esconden el entusiasmo que les produce que esta pintura vuelva a Inglaterra, una obra considerada de «primer orden»: «Coleccionistas de todo el mundo estarán en Londres para la subasta de verano». Incluso aportan una clave para entender los motivos que llevan a Carmen Thyssen a desprenderse de esta obra: «La venta de esta pintura asegurará mantener la colección». Los qataríes también están acechantes. Los multimillonarios del petróleo siempre han mostrado interés por su colección.

No es un cuadro cualquiera en la colección, a pesar de ser una pieza aislada.  Hasta que en 1990 el barón y la baronesa lo adquiriesen en Londres por  diez millones de libras sólo había tenido un propietario, y fue la cotización más alta de una pintura inglesa durante dieciséis años. 
La subasta de «La esclusa» se trató en el Patronato del Museo Thyssen que se celebró el pasado lunes. Fue un patronato duro. Los estatutos no obligan a tener la autorización de este organismo, ya que se trata de la colección privada de la baronesa, pero ella quiso dar cuenta de una operación que podía interpretarse mal. De hecho, hubo dos ausencias notables en disconformidad con esta venta. Una, esperada, la de la hija del barón, Francesca Thyssen, cuyos enfrentamientos con Carmen Cervera –quinta esposa de su padre– ha deparado capítulos memorables. Francesca mandó una carta al ministro de Educación, Cultura y Deportes, José Ignacio Wert, que preside el Patronato, mostrando su oposición a que esta obra saliese a subasta. El segundo miembro del Patronato contrario fue Sir Norman Rosenthal, que adujo que se trataba de una «pieza fundamental y que España no podía desprenderse de ella».
Según el contrato de préstamo de la colección privada de Carmen Thyssen, tiene derecho a vender un diez por ciento de sus fondos privados. Calcula que la subasta de «La esclusa» supone el «cuatro y pico por ciento», según su cálculo. ¿Que pasará con el cinco y pico restante? ¿Se subastará si necesita dinero? «Ya no voy a vender más obra, si Dios quiere... llevo una vida austera», dice.

Y ahora ¿qué?
Si Dios quiere... «Vendo este cuadro porque me hace falta dinero    –no lo niega–, es crisis para todos, aunque a muchos le suene raro, sobre todo, porque mi colección está prestada gratuitamente. Y no lo niego: si hubiese llegado a un acuerdo de alquiler con el Estado, no lo hubiera vendido». Esta posibilidad se la ofreció a la anterior ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, y al actual titular, José Ignacio Wert («que se tiene muy bien aprendido el orden del día»). Los dos dijeron que no. Según estimación de Sotheby's y Christie's está valorada en 800 millones de euros.

El futuro de la colección de Carmen Thyssen atraviesa un momento extraño porque se ha asentado la idea de que la situación económica impide cualquier operación de Estado y consiguiente pago de 800 millones. Ni siquiera la fórmula del alquiler e baraja. El caso es que han pasado dos años desde que venció el acuerdo de préstamo (era de diez) y no se vislumbra más remedio que la permanencia de los cuadros en el Palacio de Villahermosa, sede del museo, que se amplió en su día –siendo ministro de Cultura Mariano Rajoy– para fundir las colecciones del barón y de la baronesa.

La posibilidad de llevársela fuera de España no tiene mucho fundamento (aunque los emiratos petroleros, Qatar sobre todo, acechan), así que tiene más solución que subastar algún cuadro importante. Insiste: lleva una vida austera, aunque tenga que pasarla manutención a su hijo Borja.

Malvender casas
La subasta del Constable es una excepción, advierte, porque su colección de pintura impresionista, postimpresionista y expresionista «es de las mejores que existen, y eso no se puede vender; es única en el mundo», dice.

«Yo no puedo tener un cuadro que no haya sido estudiado por los historiadores. Mi colección la tengo que cuidar y ser permanentemente estudiada... y ese mantenimiento cuesta mucho dinero y no me puedo poner ahora a vender casas porque con la crisis actual sólo haría que malvenderla», añade.

Sin embargo, sigue comprando arte. Acaba de adquirir obra de dos artistas españoles para su museo de Málaga: Gonzalo Bilbao y Cecilio Pla.  


«Heini está guapísimo»
El próximo 8 de octubre se cumplen veinte años de la apertura del Museo Thyssen. Fue la gran operación cultural de los años ochenta. Conseguir que la colección del baron Thyssen-Bornemisza recalase en España (en Madrid y en Barcelona) costó mucho dinero, aunque también mucha diplomacia. La esposa del barón, la barcelonesa Carmen Cervera, no ocupó un papel decorativo en esta historia. Ni mucho menos. Muchos actores en aquellos días lo reconocen. De todo eso habla el barón Thyssen en sus memorias, que se publicarán coincidiendo con el veinte aniversario del museo. «Yo, el barón Thyssen» (editado por Planeta) está escrito por José Antonio Oliver a partir de muchas horas de grabación. «Está guapísimo en la portada... Heini era un ser espectacular en todos los sentidos», dice su mujer. 

 

¿Donde está el Goya de Borja?
Borja Thyssen, hijo de la baronesa, se presentó en una ocasión en el museo con la intención de llevarse un cuadro de Goya que aseguraba le pertenecía porque, según él, le fue dejado en herencia por el barón –que lo reconoció como hijo legítimo–, además de otro cuadro de Giaquinto. Fue a los tribunales y perdió. Para que el museo no se viese envuelto en estos líos, la baronesa tomó una decisión salomónica: retiró el cuadro de las salas. «Siempre he pensado en mi hijo con cariño, pero que tenga paciencia», dice. Nada tiene que ver la subasta de Constable con los gastos de Borja, pero... Cuando cumpla 35 años, dentro de dos, deberá cobrar la última asignación que le corresponde : 5 millones de dólares más la paga de 300.000 anuales. «Mi hijo no tiene derecho a pedir nada mientras yo viva», zanja Carmen Thyssen.



 

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