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miércoles, 27 agosto 2014
22:55
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La Razón

Salud sexual

Píldora postcoital: los riesgos de su consumo abusivo

  • Mientras desde el Ministerio de Sanidad siguen deshojando informes para decidir la vuelta o no a la prescripción facultativa de este anticonceptivo de emergencia, las mujeres españolas las consumen sin que un médico valore sus riesgos. Sangrados, aumento de ETS y alteraciones con otros fármacos son algunos de ellos
     

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Píldora postcoital
Píldora postcoital

Ni a la tercera fue la vencida. Los tres informes solicitados por la ministra de Sanidad –y que estas últimas semanas han dado tanto que hablar respecto a la necesidad o no de volver a la prescripción de la píldora del día después (PDD)– fueron retirados de la mesa de Mato para dejar hueco a un cuarto texto del que, a día de hoy, todavía se desconoce su contenido. No así el de los previos, declarados «no concluyentes» por la ministra.

Mientras ésta se decide, las farmacias continúan recibiendo la visita de jóvenes en busca de este medicamento de emergencia  sin haber pasado antes por consulta o sin saber si podrá o no tener consecuencias para su salud.

Según datos de la consultora IMSHealth, el total de dosis de los dos medicamentos comercializados en España (Norlevo de Chiesi, y  Postinor, de Bayer)–que no son abortivos, sino anticonceptivos de urgencia– antes de la libre dispensación no superaba las 30.000 en un mes mientras que, desde el mes de octubre de ese mismo año, cuando dejó de venderse con receta, casi no ha bajado de las 60.000.

Rafael García Gutiérrez, director de la Asociación para el Autocuidado de la Salud (Anefp), considera que «la forma de dispensación sin receta es una barbaridad por dos razones principales. La primera es que se desincentiva el uso del preservativo. Niñas que no tienen la madurez suficiente, que piensen que es más incómodo usarlo y que la píldora es una alternativa. Y no tienen en cuenta que el preservativo no sólo evita el embarazo, sino también enfermedades de transmisión sexual. De hecho ya se está observando un aumento de ETS».

Como ocurre con el virus del papiloma humano (VPH), que, si hasta ahora se calculaba su prevalencia entre un tres por ciento y un 17 por ciento, tras los resultados del primer estudio epidemiológico a gran escala realizado en España («Cleopatre») se ha comprobado que a día de hoy las cifras ascienden a un 14,3 por ciento de las mujeres de entre 18 y 65 años.
Y el porcentaje se duplica (28,8 por ciento) en el caso de las jóvenes de entre 18 a 25 años.

Un incremento que, según los responsables del trabajo, de la Unidad de Infecciones y Cáncer del Instituto Catalán de Oncologia (ICO), se debe al inicio más precoz en las relaciones sexuales y a un mayor número de parejas sexuales a lo largo de la vida.

García Gutiérrez añade que «tengo entendido que hay chicos que las llevan en el bolsillo en lugar del preservativo». El director de Anefp añade que este medicamento tendrá sus ventajas, «pero se logra lo mismo prescribiéndola un médico y se evitan riesgos, porque éste puede advertir a la joven, mientras que el farmacéutico, si no le gusta lo que le dice, se va a otra farmacia y la consigue igual».

Por su parte, Juan Plaza Arranz, jefe del Servicio de Ginecología de la Fundación Jiménez Díaz-Capio de Madrid, asegura que «en principio el uso al que se ha destinado esta medicación es de una situación de emergencia, pero no vital, como puede ser un electroshock por un evento cardíaco, sino que permite realizar una valoración por parte del médico sobre otras dolencias o medicaciones de la paciente».

Y es que este fármaco no está exento de compliaciones. «Por ejemplo, si su hígado no funciona bien, si tiene riesgo de enfermedad hepática, si sufre alteraciones de la coagulación o del sistema circulatorio, o enfermedades metabólicas como diabetes o hipotiroidismo, la ingesta de este medicamento puede afectar a todos ellos. También puede producir alteraciones en la eficacia de otros fármacos como anticonvulsivos para la epilepsia, antiretrovirales y tratamientos contra la tuberculosis», añade Plaza Arranz.

Estrógenos y gestágenos

Por otro lado, y a más largo plazo, algunos expertos estiman que puede tener efectos cancerígenos, debido a lo que consideran un «consumo de estrógenos que se han relacionado con el cáncer de mama», dice el director de Anefp.

Efectivamente, tal y como explica el portavoz de la Sociedad Española de Oncología Médica, y jefe del Servicio de Oncología del Hospital Arnau de Vilanova de Valencia, Antonio Llombart, «cualquier sobreestímulo hormonal supone un aumento del riesgo de tumor mamario, pero también hay que decir que los tumores con origen hormonal también tienen un mejor pronóstico, así que tampoco aumentaría la mortalidad».

No obstante, la píldora del día después no contiene estrógenos. Es la píldora anticonceptiva clásica la que lleva combinados estrógenos y progestágenos. Mientras que la PDD solamente contiene estos últimos. Ezequiel Pérez Campos, portavoz de la Fundación Española de Contracepción (FEC), explica que «es una hormona sintética que produce la mujer en la segunda fase del ciclo, tras la ovulación. Impide que ésta se produzca». Aunque se administra en dosis elevadas (1.500 microgramos), se metaboliza rápido y su vida en el organismo es corta, según señalan los expertos.

Lo que sí produce es una alteración del ciclo menstrual. Esto significa, que si una chica mantiene relaciones y toma la PDD durante, digamos, tres sábados seguidos, «se carga el ciclo, porque se produce una alteración del sangrado», especifica Pérez Campos. Algo que corrobora el jefe del Servicio de Ginecología de la Fundación Jiménez Díaz-Capio. «Si la tomas un sábado vas a sangrar probablemente a los pocos días y va a durar otros tantos. Esto significa que si se toma de esa forma continuada se van a «solapar» esos sangrados».

Abortos

Algunos grupos más extremos siguen acusando a la píldora postcoital del incremento en el número de abortos, cuando uno de los argumentos del antiguo gobierno era precisamente reducirlos. Éstos aluden a un ascenso en la cifra de interrupciones voluntarias del embarazo que de 11.482 en 2009, pasó a 113.031 en 2010 (según datos del Ministerio de Sanidad).
Pérez Campos aclara que «relacionar de forma directa la píldora del día después con el aborto es complicado. Son muchos factores los que influyen y no se puede simplificar con uno sólo».

Uso y abuso

Según el último estudio poblacional sobre uso de la PDD promovido por la Sociedad Española de Contracepción realizado a más de 6.000 mujeres de 14 a 50 años, sólo el 0,4 por ciento de ellas recurrió a ella más de cuatro veces en el último año.

Es un arma más contra el embarazo no deseado. ¿Que la usan como primera opción? Sí, siempre hay alguien que usa las cosas de forma indebida, pero no es una generalidad. Debe ser la segunda opción, no la primera para evitar el embarazo», dice Pérez Campos.

Para prevenir males mayores, gran parte de los profesionales estiman que es necesario y sería conveniente volver a instaurar la receta, pese a que, tal y como se desprende de uno de los informes rechazados por Ana Mato, y realizado por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps), «en relación a las condiciones de dispensación de la UE, en una mayoría de países estos medicamentos están calificados como de dispensación sin prescripción médica, aunque en algunos de ellos existen limitaciones a la dispensación en relación con la edad». Entre estos países están Francia, Italia, Reino Unido, Dinamarca, Noruega o Polonia.

Bajo control

Desde la Organización Médica Colegial (OMC), responsables del tercer informe rechazado por Sanidad, ya han manifestado que debería estar indicada por un médico y ser gratuita y administrada en los centros de salud o de planificación familiar.

Por su parte, Juan Plaza Arranz concluye que «si   para el anticonceptivo oral se pide receta, es lógico pensar que para la del día después se solicite también. Y esto no tiene que implicar que se haga mil pruebas a la solicitante, pero sí que la prescriba un médico, porque hay situaciones patológicas, como hemos visto, que pueden verse interferidas. No está exenta de riesgos y por ello debe existir un mínimo control».

Independientemente de la posición de los expertos, en lo que todos coinciden es en una falta de educación sexual en España. Y es que, no traduce precisamente una buena política de Sanidad un país que tiene esta tasa del uso de la píldora. El director de Anefp, García Gutiérrez, concluye: «No se puede gestionar más que con criterios de salud y no con criterios electorales. Las autoridades actuales lo que tienen miedo es a perder votos. La Administración debe tomar una decisión y responsabilizarse. Justificar por qué sí o por qué no son válidos los informes que han descartado».

 

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