Uso de cookies

[x]
Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el anáisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies
Ofrecido por:
Iberdrola
viernes, 19 diciembre 2014
00:45
Actualizado a las 

La Razón

Nadal-Djokovic la final que faltaba

  • Rafa no tuvo piedad con Ferrer y sólo dejó escapar cinco juegos. El español busca el récord histórico de siete títulos y «Nole», ganar los cuatro «grandes» seguidos

  • 1

Dos tormentas cayeron ayer sobre París. Una fue de agua e interrumpió durante aproximadamente una hora la otra, la tenística, la que ofreció Rafa Nadal ante el pobre David Ferrer, impotente ante la que le estaba cayendo encima en su primera semifinal en Roland Garros. «No tuve ninguna oportunidad», resumió después el valenciano. Corto y claro. Un perfecto resumen de lo que sucedió. El rey de París ejerció su tiranía de forma inapelable. Rafa se metió en la final cediendo sólo 5 juegos (6-2, 6-2 y 6-1) para después reconocer hasta él mismo, siempre comedido, lo que está sucediendo en 2012 en el Grand Slam de tierra: «Hasta hoy está siendo mi mejor torneo en Roland Garros, junto con el de 2008». En ese 2008 ganó el título sin ceder un solo set, y se metió en la final habiéndose dejado en el camino 37 juegos. Esta vez sólo han sido 35. No es que no haya perdido una manga en París, es que no lo ha hecho en toda la gira de tierra, si exceptuamos el Masters 1.000 de Madrid y sus características especiales. Nadal va camino de mejorar incluso su mejor año en lo que no sería un triunfo más: si vence, logrará su séptima corona en Roland Garros, algo que nunca nadie ha conseguido. Atrás quedarían incluso los seis triunfos del mítico Bjorn Borg. Pero es que Rafa también es ya un mito. Como en mito se está convirtiendo su oponente en la final: Novak Djokovic. El número uno jugará por primera vez el partido definitivo en la Philippe Chatrier después de eliminar a Roger Federer en un duelo en el que se vieron puntos impresionantes y también algunos errores de bulto, sobre todo del suizo, al que el servicio le traicionó. Si Rafa persigue a Borg, «Nole» va detrás de Rod Laver. El australiano fue el último que ganó los cuatro torneos «grandes» de forma consecutiva, en el lejano 1969. Si Djokovic vence lo logrará, aunque en su caso será en años separados. Los dos mejores jugadores del mundo se enfrentarán en la final que les falta, pues ya lo han hecho en la de Wimbledon, Abierto de Estados Unidos y Australia. La Historia será mañana –o el lunes, porque hay previsión de lluvia– para el español o para el serbio, aunque a ambos les quedan muchas más historias que contar.

La semifinal contra David Ferrer apenas duró cuatro juegos. En el cuarto, David tuvo dos pelotas de ruptura y posiciones ventajosas en ambos puntos para lograr el «break», pero Nadal los defendió como siempre hace y logró el empate a dos. Parecía un juego más, pero en realidad fue el «último» del partido. Lo que se vivió a partir de ahí fue un monólogo del número dos del mundo, «el mejor jugador de la historia del tenis sobre tierra», como lo definió su rival y amigo y como lo han hecho tantos otros, incluso los más grandes. El juego siguiente fue un «break» en blanco de Nadal. Todo el plan de David se vino abajo. «No me entero de nada de lo que me estás diciendo», decía «Ferru» a Javier Piles, su entrenador de toda la vida, ya en el tercer parcial, cuando esperaba la sentencia. Ferrer no encontró la manera de superar al seis veces ganador en París, que incluso salvó una bola desde el suelo, después de haberse resbalado, para hacer una dejada sentado y terminar llevándose el punto de pie. Fue una de sus obras maestras poco antes de que la lluvia interrumpiera el encuentro. Una hora después, Ferrer volvió a la pista con la idea de ser más agresivo, lo que le llevó a correr más riesgo y a cometer más errores sin sacar nada a su favor que los compensara, porque aunque encontrara las líneas, aunque la bola fuera a la esquina o resbalara en la cal, siempre tenía detrás la raqueta de Rafa para devolverla. Ayer no había estrategia posible contra Nadal. No había respuesta correcta a la incógnita. El insular estuvo impecable en la recuperación y dominador en cuanto lograba ponerse de derecha. Sus pelotas caían a la tierra con plomo y «Ferru» era incapaz de controlarlas. Además, contó con la ayuda de su saque en los pocos momentos de dificultad. Es complicado hacerlo mejor. «No creo en la perfección, en mi opinión, no existe, aunque probablemente fue mi mejor partido en el torneo», explicó.

«Para mí es muy importante tener la sensación de estar siempre en continua progresión», añadió Rafa, que este año ya ha conseguido domar a Djokovic en dos ocasiones (las finales de Montecarlo y Roma, ambas sobre tierra) tras las dolorosas siete derrotas consecutivas que sufrió entre 2011 y principios de 2012. La última fue en el pasado Grand Slam, en Australia. «Pero le llevé al límite», recordó ayer Nadal. Y París es su reino...


Federer lo tiene claro: «Rafa es favorito»
La primera final de Roland Garros entre Rafa Nadal y Novak Djokovic está servida. Y una de las víctimas en las semifinales, Roger Federer tiene muy claro por qué raqueta apostaría mañana: «Rafael es el gran favorito, los dos van a jugar muy bien y están acostumbrados a jugar con la presión, pero Novak tendrá más porque nunca ha ganado aquí. Rafa está espectacular, ha ganado seis y sería fabuloso que ganara siete». Ferrer, sin decir lo mismo, lo dejó vislumbrar después de ser vapuleado por Rafa: «Es el mejor tenista en tierra batida de toda la historia». Ante todos los halagos, Djokovic procura abstraerse: «Le he ganado en arcilla, el año pasado. Lo tengo en la cabeza y puede darme confianza». El serbio parece dispuesto a dar guerra.

Síguenos en