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domingo, 19 octubre 2014
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La Razón

Noticias Eurocopa 2012

La Selección nacional el orgullo de España

  • El ejemplo que nos da este equipo es que no hay que tener miedo a nada. Pertenece a ese grupo de españoles que no se resigna a perder

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Algarabía de los aficionados desplazados a Gdansk en la zona habilitada para los seguidores españoles, en la calle de Dluga
Algarabía de los aficionados desplazados a Gdansk en la zona habilitada para los seguidores españoles, en la calle de Dluga

Hay muchos españoles amedrentados, ensimismados, que cultivan sin tregua una herida narcisista que les condena al fracaso y al recelo. Y hay una España infinitamente más amplia, aunque muchas veces apartada de la primera fila, que se niega a ensimismarse, que no se resigna a perder y que tiene la suficiente seguridad en sí misma para saber que es capaz de conseguir lo que se propone.

La Selección nacional de fútbol entra en esta categoría de españoles orgullosos y conscientes. La Selección sale a ganar, como los grandes, pero lo hace también en el nivel más alto, el más exigente. El orgullo y el afán de superación que siempre está detrás de las emociones que suscitan los colores de un club de fútbol alcanzan aquí el punto más alto. Participar en la Selección es el sueño de cualquier futbolista, porque equivale a encarnar los colores (rojo y gualda) de su país. Representará a todos y sabe que tendrá que dar lo mejor de sí mismo para estar a la altura del reto. Si lo consigue, como ya lo han conseguido hace poco tiempo, el triunfo no será sólo suyo, aunque todos lo reconozcamos así. El mayor triunfo de todos será también ofrecer el éxito a sus compatriotas y pasar a formar parte de los grandes que supieron sacrificarse y entregaron lo mejor de sí mismos por su país, por todos nosotros.

A veces se oye decir que los españoles hemos perdido el gusto por lo grande, que preferimos las cosas confortables y pequeñitas, la república de nuestra casa, como se dice. La Selección nacional, como tantas otras empresas y tantos otros de nuestros compatriotas, demuestra lo contrario. Los españoles no han perdido su gusto por las cosas importantes. La ambición sigue intacta. Cuando se aspira a lo más alto, sabemos que se arriesga mucho. El ejemplo que nos dan estos deportistas es que no hay que tener miedo: ni a la intemperie, ni al esfuerzo, ni a la responsabilidad, ni siquiera al éxito… a nada.

La épica, tan ridiculizada por gente que sólo aspira a vivir de las migajas del presupuesto público, consiste en eso: en salir de uno mismo para enfrentarse a una misión que le devuelva sentido a su acción en la vida. La Selección nacional demuestra que los españoles tampoco hemos perdido el gusto por salir al mundo y hacerlo nuestro. Si el fútbol español está en lo más alto es, entre otras razones, porque ha sabido incorporar la globalidad como una dimensión propia. Nuestros futbolistas están acostumbrados a medirse con los mejores del mundo y saben que no se pide menos de ellos. Ni hay en ellos ni un ápice de provincianismo, de localismo, de tribalismo. Desde el primer momento, se enfrentan a la mayor de las exigencias. De eso dependerá el nombre que dejen, la gloria que comuniquen a su país agradecido y la exigencia que a su vez nos plantean a todos, en particular a los más jóvenes, a los que vengan a partir de ahora. El fútbol es una escuela de dignidad, de respeto, de generosidad.

Al mismo tiempo, la Selección nos da una lección de unidad. En la Selección nacional española caben todos, de todas las procedencias, de todas las lenguas, de todas las regiones. La Nación española no discrimina ni excluye. Reúne a los mejores para el objetivo más serio. Representa exactamente la España de la diversidad y el respeto, la nación libre y democrática que es la nuestra. También enseña el trabajo en equipo. Como siempre en el fútbol, hay que sacrificarse por los demás y reconocer su esfuerzo. El orgullo no vale de nada sin la humildad del trabajo constante y la atención a los demás. Y al revés: en este impulso de todos, nadie puede quedarse atrás. Algo falla si eso ocurre y como la vida es implacable, esa falta acabará traduciéndose en el resultado.

El fútbol es también una de esas actividades que han conseguido plasmar una forma completa de humanidad. La pasión con que se vive, las grandes emociones que suscita proceden del respeto a una disciplina estricta, que ha variado poco desde que fue creado. A diferencia de otras actividades, como el arte, que la libertad ha conducido a la trivialidad y a la irrelevancia, aquí el respeto de las reglas sigue vigente. Cabe la libertad –hasta el infinito- pero dentro de esas reglas. El fútbol, en este sentido, es un ejemplo de humanidad. Valemos poco si no respetamos unas reglas que nos definen como seres humanos. La dignidad del fútbol y la dignidad de los mejores futbolistas, los que componen la Selección nacional, nos ofrecen un ejemplo en el que nos deberíamos mirar más a menudo. Y además de manifestar nuestro orgullo, también deberíamos aprender de ellos.

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