Uso de cookies

[x]
Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el anáisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies
Ofrecido por:
Iberdrola
miércoles, 26 noviembre 2014
15:57
Actualizado a las 

La Razón

Noticias Eurocopa 2012

El fútbol me altera

  • Los neurotransmisores cerebrales, claves a la hora de disfrutar con la Selección. Los cardiólogos avisan de los riesgos que acarrea contemplar un partido trascendental

  • 1
DESCARGUE EL GRÁFICO COMPLETO EN «CONTENIDOS RELACIONADOS»
DESCARGUE EL GRÁFICO COMPLETO EN «CONTENIDOS RELACIONADOS»

MADRID- El fútbol es la guerra. Puede sonar exagerado, pero reflexionemos: los colores distintivos, los cánticos, el deseo de «machacar» al contrario, la pertenencia a una tribu ... Si el miembro de una hinchada hiere a otro, habrá violencia. «Lo llevamos en nuestro ADN: queremos pertenecer a un grupo para mejorar nuestras necesidades de supervivencia. Y los grupos se enfrentan y descargan su agresividad», explica el doctor José Miguel Gaona, psiquiatra forense.

Ésta sería una de las raíces antropológicas sobre la que se erige nuestra actual pasión por el fútbol. Y es que, haciendo un paralelismo con el conocido lema del F. C. Barcelona, el deporte rey es «más que un deporte». Nos altera fisiológicamente, para lo bueno y para lo malo. Así, el debut de España contra el combinado italiano fue una buena ocasión para comprobar cómo, literalmente, nuestro corazón y nuestra mente están con la selección.

«El mapa funcional cerebral está todavía en sus albores y es difícil hacer afirmaciones tajantes», apunta el doctor David Ezpeleta, neurólogo del Hospital Universitario Quirón de Madrid y miembro de la Sociedad Española de Neurología (SEN). Y «no es lo mismo ver un partido con un bajo estado de ánimo que en perfecta sintonía con uno mismo y con el mundo», ni verlo en la soledad del hogar o con amigos. Sin embargo, nuestras distintas áreas cerebrales van a permanecer alerta. Y nuestros neurotransmisores –agentes químicos que transmiten información de una neurona a otra–, como la dopamina y la serotonina, van a funcionar a pleno rendimiento.

¿Y si...?
Así, nos situamos en el pre-partido. Estamos en un bar, rodeados de gente, y la armonía es total. ¿Qué está ocurriendo? Las llamadas neuronas-espejo están trabajando. «Favorecen la socialización del individuo, una comunión con el resto de la hinchada en pro de la victoria al final del partido, el placer de compartir el mismo objetivo», afirma Ezpeleta. En este sentido, cuanta más serotonina segreguemos, más disfrutaremos de la victoria y más sufriremos con la derrota.

Pasan los minutos, 0-0 en el marcador y España mete un gol en el último minuto del partido. Se genera una situación de éxtasis, de alegría desbocada... «Se activa todo el sistema de placer-recompensa cerebral: área tegmental ventral, núcleo accumbens, núcleo caudado y corteza prefrontal», entre otras. Un gol a favor, explica el neurólogo, favorece la aparición de la dopamina, neurotransmisor «con un comportamiento biológico más agudo». Por lo tanto, ¿qué se nos pasó, literalmente, por la cabeza, cuando Iniesta selló la victoria de España en la prórroga de la final del Mundial de Suráfrica? Una «borrachera dopaminérgica del éxtasis por un triunfo casi asegurado». Por contra, ¿que habríamos experimentado si Robben hubiese batido a Casillas en aquel mano a mano? Se habrían activado «áreas relacionadas con el miedo, la ira y el dolor, como la amígdala y partes de la corteza insular y el hipotálamo». Y, algo no demasiado agradable: ¿y si nos hubiéramos enfrentado a una tanda de penaltis? A la espera del gol a favor y el fallo del contrario, se habrían activado áreas visuales relacionadas con el control atencional: la amígdala y la corteza orbitofrontal. Afortunadamente, no pasó.

Nuestro corazón tampoco es inmune a la fiebre del fútbol. Eso sí, las sensaciones pueden ser menos placenteras. El pasado año, cuando se disputaron en apenas un mes cuatro Real Madrid-F. C. Barcelona, la Sociedad Española de Cardiología (SEC) explicó que estos encuentros aumentaban el riesgo de sufrir infartos entre los aficionados. «Ante una situación de estrés, en un partido en el que el espectador está muy implicado, hay unas hormonas que se disparan en la sangre, las catecolaminas», explica José Ramón González-Juanatey, presidente electo de la SEC.  Las catecolaminas –la más habitual es la adrenalina–, añade, aumentan la presión arterial, aumentan la frecuencia cardíaca y, por tanto, también «el riesgo de que se forme un coágulo dentro de las arterias, en el torrente circulatorio».

Por ello, personas con riesgo cardiovascular elevado –diabéticos, hipertensos, fumadores...– y, por supuesto, pacientes con una patología cardiovascular, deben estar atentos. «Es muy importante que los cardiópatas cumplan con la medicación cardiovascular. Y si realmente están muy estresados, deben abandonar la visión del partido durante unos minutos, que se relajen y que luego vuelvan. El estrés es acumulativo y aumenta de forma progresiva», explica el cardiólogo. Los datos no mienten: un estudio de la Universidad Ludwig-Maximilians de Múnich y publicado en «The New England Journal of Medicine» demostró que, durante la celebración del Mundial de Alemania de 2006, las emergencias cardíacas fueron 2,66 veces superiores los días en que jugaba la selección germana.


¿Nacerán más niños si ganamos?
El tiempo dirá si el gol de Iniesta en el Mundial 2010 «animó» a muchos a ser padres y madres. «Los mundiales y Juegos Olímpicos son en verano», explica el psicólogo y sexólogo Raúl Padilla, director del Centro Psicantropía. «Tenemos más luz, más tiempo libre, somos más felices y procrearemos más», añade. Así, se activa entre el género masculino –y esa es la razón por la que el fútbol atrae más a los hombres– «el mecanismo testosterónico del logro», de vencer al enemigo. Y «descargar» esa agresividad a través del sexo «es una forma de mantener el equilibrio».

Vídeos

  • 1