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domingo, 23 noviembre 2014
23:02
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La Razón

Tenis

Eterno Nadal

  • Conquistó ante Djokovic su séptimo Roland Garros. Supera el récord de Borg y es el mejor jugador de la historia sobre tierra batida

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No diga Roland Garros, diga Rafa Nadal. En la entrada principal de la pista Philippe Chatrier, la organización del torneo debería plantearse, ahora que está prevista una profunda reforma de las instalaciones, colocar una placa que rezase algo así: «Nadal, siete veces ganador de la Copa de los Mosqueteros y las que quedan...». Al mejor jugador de la historia sobre tierra batida ahora también la respaldan los números. Como si necesitara alguna razón más para justificar algo que nadie discute. Los seis títulos y la cinta de rayas de Bjorn Borg ya son historia. Rafa ha ganado siete veces Roland Garros y, si el físico le respeta, la cuenta aumentará. Lo anunció Andy Murray antes de comenzar el torneo. «Rafa va a ganar varios Roland Garros más», la predicción del escocés ha sido lo más acertado que ha hecho este año en París. Con 26 años y habiendo ganado todo lo ganable varias veces, Nadal seguirá peleando.

Rafa emprendió la conquista del séptimo título el domingo y lo cerró ayer. Su anterior victoria ante Djokovic también llegó un lunes. Fue en el Foro Itálico, antes ya le había derrotado en la final de Montecarlo. Dos títulos para empezar a borrar los malos recuerdos de 2011. Quedaba ratificar lo de los Masters 1.000 en París. En la cita más grande sobre arcilla roja, Rafa empezó a trabajarse la victoria el domingo. Los dos primeros sets confirmaron que, sobre tierra, Nadal es superior a todos. Y ahí también está incluido el número uno del mundo. El serbio tuvo que apostar por una táctica suicida y aliarse con las condiciones de la pista para prolongar la final más allá del tercer set. Con la pista húmeda, la pelota empapada, sin efectos envenenados, con una bola que no coge el bote normal... «Nole» fue capaz de llevarse el tercer set y encarrilar el cuarto antes de que la lluvia mandase a los dos jugadores a los vestuarios. Nadal se fue mosqueado con el  mundo y sobre todo con la organización. Su cabreo era tal que, como aseguró ayer su tío Toni, «cenó solo en su habitación porque no quería saber nada de nadie». Y es que  si el partido se hubiera parado una hora antes, las condiciones no hubieran sido tan atípicas y el desarrollo de la final podría haber sido otro, pero...

Nadal reemprendió la batalla con la intensidad con la que acostumbra. Djokovic contaba con un «break» de ventaja. Se trataba de equilibrar el partido cuanto antes y Rafa lo hizo en el primer juego. El balcánico tras perder el quinto punto y ceder la primera bola de «break» se golpeó con la raqueta tres veces en la cabeza. Luego llegó una bola de Rafa que tocó la cinta y el «break» se consumó. Set nuevo con 2-2. La igualdad se prolongó hasta el octavo juego y entonces volvió la lluvia. No era muy intensa, pero los gestos de Djokovic hacia el juez de silla revelaban su nerviosismo. No sabía cómo paliar la superioridad de Nadal. Con 5-4 para el español, la lluvia arreció. Apareció Francsson, el responsable de lo que sucedió el domingo y el partido se paró. Rafa exigió que si se paraba, debía taparse la pista. «Si quieres nos vamos», le comentó a «Nole». Fueron unos minutos, pero aguantaron y regresaron a la pista. El serbio igualó el partido y, de inmediato, el español se aseguró el «tie-break». Djokovic servía para sobrevivir. No lo hizo y se despidió con otra demostración de nervios, de que lo sucedido el año pasado ha quedado en el olvido. Una doble falta le dejó sin «Grand Slam» y amplió todavía más la leyenda de Nadal. La victoria de Rafa en París no sólo supera el récord de seis títulos de Borg. Es mucho más. Le sirve para apartar definitivamente el conflicto que le habían generado las derrotas ante Djokovic. Y le alimenta para todo lo que se avecina. Wimbledon, los Juegos Olímpicos, el Abierto de Estados Unidos, la Davis... Eterno Nadal.


«Sufrí, pero disfruté esta final»
«Definitivamente, Nadal es el mejor de la historia en esta superficie», se rindió Novak Djokovic tras el partido. «No sé si soy el mejor o no, no soy el adecuado para decirlo», respondió el siempre comedido Rafa. El español había perdido las últimas tres finales de «Grand Slam» y eso ponía una presión extra. «Hubo más nervios de lo habitual, sufrí, pero disfruté. Hubiera sido duro volver a caer contra él», afirmó Nadal, que también reconoció que el parón del domingo le vino bien. Apenas pudo descansar por la noche: «Vi el fútbol en el vestuario, me acosté a las doce y estuve ansioso toda la noche». Se despertó para hacer historia: «Estoy muy contento de cómo jugué, mucho más agresivo». «Hubiera sido injusto perder, ayer [por el domingo] no lo veía, cenó solo y no quería saber nada de nadie, pero me sorprendió cómo salió hoy», añadió su tío Toni. El triunfo le da tranquilidad para el resto del curso. «Pase lo que pase el año es bueno. Puede que haya sido mi mejor temporada en tierra», opinó. Su éxito traspasó fronteras. El mundo del tenis se volcó con él en Twitter. También la Selección de fútbol. «Otro más, querido Rafa, nos alegramos mucho desde Gniewino», escribió Casillas en Twitter. Cesc le considera «el mejor deportista español de la historia».

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