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miércoles, 23 abril 2014
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Política

Rajoy redobla la ofensiva exterior: «El problema es el euro no España»

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Rajoy, ayer, en el  Congreso de los Diputados
Rajoy, ayer, en el Congreso de los Diputados

MADRID- Una vez más al ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, le tocó ayer bailar con la más fea y despejar el balón a córner en el día en el que la prima de riesgo escalaba peligrosamente por encima de los 540 puntos básicos y, lo que es aún más preocupante, el bono a diez años superaba por primera vez la fatídica línea roja del 7 por ciento de interés, que llevó a la intervención de Grecia o Portugal. 

Si el Gobierno intentó retrasar todo lo posible la oficialización del rescate financiero fue, entre otros motivos, porque dentro del equipo económico había miedo por la reacción de los mercados en el caso de que esa noticia se divulgase antes del Consejo Europeo de finales de junio. Es decir,  cuando  todo siguiese abierto en canal y bajo el yugo del nivel más severo de incertidumbre y desconfianza sobre el futuro del euro desde que se puso en marcha el sueño del proyecto europeo. En cualquier caso, ni en la más negra de sus previsiones el Ejecutivo barajó que, ante la «mejor de las soluciones en el peor escenario posible», ese acuerdo del Eurogrupo para ayudar a la banca, la presión sobre nuestra deuda llegase a ser tan brutal.

En el Congreso se reunió la Comisión Delegada de Asuntos Económicos y la cúpula del Gobierno –Rajoy, la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría; De Guindos, y el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro–  continuó reunida después otro par de horas. Oficialmente se negó que fuese un gabinete de crisis, aunque se abordarse la crítica situación y también se aprovechase para preparar la reunión del G-20 de la próxima semana, a la que Rajoy acude con el objetivo de buscar nuevos apoyos para la causa de España.

Rajoy sigue convencido de que el Gobierno ha hecho todo lo que tenía que hacer. Que debe seguir avanzando en la consolidación fiscal y en las reformas, «por supuesto», sostienen en su entorno, pero que la pelota está en otro tejado y no es a él a quien le toca moverla. La conclusión a puerta cerrada del Ejecutivo es que los «ataques» a la deuda soberana son un problema del euro, no de España. Y  sus objetivos para hacer frente a tan difícil escenario son conseguir que las evaluaciones de las dos consultoras independientes no sobrepasen los 65.000 millones de euros; que Bruselas diga que no va dejar caer a ningún país o banco; que el Banco Central Europeo (BCE) empiece a comprar deuda pública a mansalva; y que en la UE se active sin dilaciones una política más común.  

«Hemos llegado a un punto en el que no queda ya otra alternativa que echar a Grecia del euro, salvo cambio radical a partir del domingo», confesaba ayer tarde un alto cargo del Ejecutivo. Una posición que hasta ahora nunca se ha trasladado al discurso oficial.

El Gobierno asiste con preocupación a las señales y al cruce de declaraciones que llegan desde Bruselas. Y esta preocupación y desconfianza se tradujo ayer en un desconcertante silencio en el Parlamento. Después del desafortunado incidente en el Senado, cuando el presidente esquivó la presión mediática y salió por otra puerta, en Moncloa tomaron nota y desde entonces Rajoy se ha parado y ha hecho alguna declaración, aunque fuese para solemnizar lo ya dicho, prácticamente cada vez que se le ha requerido un pronunciamiento. Al abandonar ayer el Congreso, Rajoy calló cuando le volvieron a «asaltar» con la petición de que dejase un mensaje de tranquilidad ante la angustiosa situación económica y fue el ministro de Economía el que se encargó de recoger el guante. De Guindos atribuyó la «volatilidad» y la «situación de tensión» de los mercados a  «circunstancias internacionales», es decir, a las elecciones griegas y  al desconcierto sobre los acuerdos que pueden llegar a adoptarse en la cumbre europea del 28 y 29. Aun así, pidió «tranquilidad», «calma» y «paciencia» porque las decisiones que se están adoptando acabarán dando su fruto y España tiene el apoyo de «todos» sus socios y el «apoyo de la Unión Monetaria».
 

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