Uso de cookies

[x]
Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el anáisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies
Ofrecido por:
Iberdrola
viernes, 25 abril 2014
10:12
Actualizado a las 

La Razón

África

Egipto elige presidente tras el «shock» del golpe judicial

  • Los Hermanos Musulmanes dicen que no permitirán que «se falsifique la voluntad popular». El deterioro económico ha dado alas al candidato del antiguo régimen, Safiq
     

Arrastre los portlets debajo de este mensaje para anidarlos.
Arrastre los portlets debajo de este mensaje para anidarlos.
 El islamista Mursi fue aclamado a su salida de la mezquita tras la oración de los viernes
El islamista Mursi fue aclamado a su salida de la mezquita tras la oración de los viernes

EL CAIRO- Después de que la Corte Constitucional egipcia decidiera disolver el Parlamento dominado por los Hermanos Musulmanes, el potente grupo islamista está dispuesto a seguir adelante y luchar hasta el final.

Su candidato a la presidencia, Mohamed Mursi, compite este fin de semana en la segunda vuelta de las elecciones frente al hombre del ex presidente Mubarak, Ahmed Shafiq, después de que ambos ganaran en la primera vuelta hace tres semanas con muy poca diferencia. La competición se hace aún más dura después de que los jueces hayan respaldado al candidato mubarakista, en colaboración con el Ejército, que gobierna el país desde la caída del dictador hace quince meses. Los militares no tardaban demasiado en poner en práctica el «golpe de estado» judicial, clausurando ayer el Parlamento y prohibiendo la entrada de los diputados electos, más de la mitad pertenecientes al brazo político de los Hermanos Musulmanes, el Partido Libertad y Justicia.

Después de una mañana de reuniones y silencio informativo, la campaña de Mursi emitía un duro comunicado a media tarde en el que calificaba lo acontecido como una «atroz golpe que aborta la revolución de forma descarada». En la jornada de reflexión, el candidato no pudo hacer declaraciones, pero su equipo y su partido aseguraron que sigue en la carrera «con determinación renovada» después de los rumores sobre una posible retirada.

Muchos analistas, periodistas y egipcios de a pie dan ya a Mursi por perdedor, sobre todo después de que haya quedado más claro que nunca que Shafiq contará con la ayuda de las autoridades y del viejo aparato del régimen para ganar, al igual que en la primera vuelta. Los Hermanos también han advertido en este sentido que no permitirán que se «falsifique la voluntad popular».

Pero Shafiq cuenta con apoyo sincero en la calle, después de haberse presentado como un antídoto ante la inestabilidad y el radicalismo religioso: tras quince meses de caótica transición, la mayoría de los egipcios buscan a un presidente que les ofrezca trabajo y seguridad en las calles, después de que la revolución del 25 de enero no les haya traído «pan, libertad y justicia social», como reclamaron esos días en la plaza Tahrir. El descontento social ha sido el caldo de cultivo para que el régimen resurja, pero también el sentimiento anti islamista y, sobre todo, el miedo y el odio hacia los Hermanos Musulmanes en concreto.

Desde que ganó las elecciones parlamentarias del pasado invierno, el grupo islámico ha intentado dominar la vida política del país, y eso no ha gustado demasiado a los egipcios, recién salidos de una dictadura, especialmente a los liberales y a la minoría cristiana del país, que se siente amenazada. De hecho, muchos de ellos celebraban ayer la disolución del Parlamento religioso y consideraban que los Hermanos han forzado a las autoridades a este extremo con su actitud arrogante, sobre todo en relación a la Asamblea Constituyente, que ha permanecido bloqueada durante meses debido a los intentos por parte del grupo de dominarla y redactar una Constitución «islámica». «Los Hermanos han sido muy estúpidos, y han echado a perder esta oportunidad», explica Mustafa Jalil, experto en esta organización religiosa, a LA RAZÓN.
«Quisieron tenerlo todo, y se han quedado sin nada», añade. El histórico grupo, nacido en los años 20, es el más grande y organizado de Egipto, pero su popularidad se ha visto notablemente afectada desde que ha pasado de la oposición al poder. «Son unos mentirosos», dice Nura, una joven con velo, que en la primera vuelta votó por el candidato izquierdista Hamdín Sabbahi, que se quedó en tercer lugar. Ella y muchos otros no perdonan que los Hermanos Musulmanes prometieran que no optarían a la presidencia, y lo han acabado haciendo, en su lucha por el poder frente al estamento militar.

Ahora, todo dependerá del poder de movilización de la potente red del grupo, que alcanza a todos los rincones de Egipto, pero que según Jalil no será suficiente para darles la victoria. Mursi no ha conseguido el apoyo de los revolucionarios, que desconfían de los Hermanos, los cuales no han ofrecido contrapartidas concretas. Ni siquiera todos los islamistas egipcios respaldan a Mursi, que aun así  dice estar confiado en poder ganar y pidió la unión de todos para evitar que «las fuerzas oscuras de la represión» regresen. Este candidato presenta como el «salvador» de la revolución y promete a sus votantes que cumplirá con sus promesas y que rendirá honor a sus mártires, y nunca permitirá que sea abortada.

 

La abstención,  la tercera opción
Ante el dilema de elegir entre un presidente islamista y un mubarakista, muchos egipcios simplemente no irán a votar. Pero para otros existe una tercera opción, que es la de votar en blanco, para que así su voz sea tenida en cuenta y mandar un mensaje de descontento. Los activistas aconsejan invalidar la papeleta con tachones o votando a más de un candidato y muchos electores optan por escribir además alguna consigna en contra del Ejército, que gobierna el país. En la primera vuelta hubo unos 400.000 votos no válidos de entre más de 23 millones. Pero en la segunda  se espera que aumenten considerablemente, sobre todo tras el «golpe de estado» judicial de esta semana, que pone en duda todo el proceso. También hay muchos egipcios que no quieren ir a votar para no legitimar los comicios con una alta participación. El grupo «maqataaun»(«boicoteadores») hace campaña en ese sentido con panfletos y vídeos en clave de humor, explicando que no puede haber elecciones libres y limpias bajo el control militar.
 

Vídeos

  • 1
  • 1

    ENCUESTA