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sábado, 01 noviembre 2014
04:04
Actualizado a las 

La Razón

Salvar el euro

Hacia la ruptura

  • Las tensiones para países como España e Italia se multiplicarían y el mantenimiento de los costes de endeudamiento sería imposible

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BRUSELAS- Nunca la Unión Europea se ha visto en una tesitura tan seria como en el día de hoy. La presión constante e infinita de los mercados desde hace dos años sobre las economías periféricas, la falta de crecimiento, el imparable desempleo y la ausencia de una dirección política determinada por parte de los 27 Estados miembros han puesto a la Unión Europea al borde del abismo. Este domingo, en Grecia, el mundo tal y como lo conocemos podría saltar por los aires.

Una victoria del partido de izquierda radical Syriza, liderado por Alexis Tsipras, que se ha mostrado determinado a no cumplir los términos del memorándum de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea a cambio del rescate, podría romper el euro en cuestión de días.

La canciller alemana, Angela Merkel, se ha mostrado hasta ahora inflexible y ha asegurado que si las autoridades de Grecia no cumplen con las condiciones, no habrá dinero, y por tanto la quiebra del Estado heleno estaría servida a la vuelta de la esquina, cuando se acabe el dinero tienen el Estado y los bancos griegos.  Diferentes analistas, técnicos de la Unión Europea y de los Estados miembros, han trabajado sobre esa hipótesis y ha quedado en evidencia la posibilidad de que los ciudadanos griegos, ante el pánico, intenten sacar sus ahorros de los bancos. De ahí el establecimiento de medidas como un «corralito» sobre los capitales o restablecer los controles sobre las fronteras, para contener el estallido de pánico, sería sólo un paso.

En el caso de que el Banco Central Europeo se negara a salir al rescate de los bancos griegos y éstos se quedaran sin efectivo, el camino llevaría al Gobierno heleno indefectiblemente  a tener que volver a emitir dracmas para proporcionar liquidez en el país, con el consecuente empobrecimiento de la población.

En este escenario, las tensiones para España e Italia se multiplicarían por mil, y el mantenimiento de los costes de endeudamiento se convertiría en una quimera. Ante ello, el BCE tendría la opción de acudir en ayuda de estos países retomando las compras de bonos soberanos en los mercados secundarios, pero ello dispararía la preocupación de los inversores sobre la independencia del BCE y minaría la única institución que hasta ahora mantiene su credibilidad.

Si el BCE tampoco reaccionara en esa circunstancia, el futuro del euro en esas condiciones resultaría tan incierto que la crisis financiera se propagaría de Europa a Estados Unidos y Asia, confrontados actuales a sus propias debilidades, y la economía mundial se vería arrastrada al peor de los escenarios.

 

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